martes, 7 de abril de 2015

El cerebro plástico y las discapacidades de aprendizaje


El texto que sigue es la traducción de un artículo publicado por Gary Weber en su blog "Happiness Beyond Thought" (http://happinessbeyondthought.blogspot.com).

Gary tiene un background militar, científico e industrial. Tras sufrir una experiencia cercana a la muerte se abocó al estudio (y experimentación) de la conciencia, pasando por Zen, Ramana Maharshi y miles de horas de meditación. Su enfoque es no-dual (neo-advaita), y aunque admite un costado devocional usualmente aborda el tema desde la óptica de las neurociencias. Su canal de Youtube incluye varias de sus conferencias y charlas. Su libro Happiness Beyond Thought está en Amazon pero también se distribuye en forma gratuita.

Es una satisfacción personal poder contar con su permiso para difundir libremente estos contenidos y hacerlos accesibles para una audiencia hispanohablante.

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Históricamente, los trastornos de aprendizaje han sido considerados un problema ante el cual no hay mucho que se pueda hacer. La creencia generalizada hasta hace un tiempo sostenía que el cerebro era inmutable y que las funciones perdidas no podían recuperarse. Según esta visión, eras o bien "lento" o "retrasado mental", lo que significaba que tu única salida eran las clases de educación especial.

Los tratamientos estándares se orientaban a desarrollar "compensaciones" o "métodos alternativos". Si no podías leer bien, tenías los audiolibros. Si eras "lento", era cuestión de tomarte más tiempo para terminar los exámenes.




Barbara Arrowsmith Young
Barbara Arrowsmith (que tiene un gran video de TEDx) era una de esas personas. Si bien su memoria visual y auditiva estaba en el percentil 99 y sus lóbulos frontales estaban bien desarrollados, su cerebro y su cuerpo eran asimétricos. Esto quiere decir que sus habilidades excepcionales coexistían con áreas de discapacidad.

Arrowsmith tenía afectada su región del habla, el área de Broca, de modo que le costaba pronunciar las palabras. No tenía proyección ni razonamiento espacial, por lo que no sabía si se estaba moviendo o dónde se encontraban sus brazos, sus piernas u otros objetos. Esto hacía que a menudo se chocara con cosas o tropezara. Se perdía con frecuencia. Su rango de visión era tan angosto que cuando leía sólo podía ver unas pocas letras a la vez.



¿Qué hora es?

Como no podía entender las relaciones entre distintos símbolos, no comprendía nada de gramática, matemáticas, lógica ni "causa y efecto", así que le era imposible conectar comportamiento con consecuencias, o leer las agujas de un reloj (sí, hay relojes que tienen agujas). Era disléxica e invertía las letras.  

Su buena memoria le permitía avanzar en el colegio, pero no tenía comprensión de lo que aprendía. Y el no entender lo que sucedía a su alrededor la llenaba de dudas e incertidumbre. Hubo un intento fallido de suicidio. 




Llegada a la universidad, Bárbara se enfocó en el desarrollo infantil y tuvo mucho éxito interpretando signos no verbales en los estudios de observación de niños. Se le pidió que dictara el curso. En su tesis de 1982, demostró que el modelo de "compensación/método alternativo" no estaba funcionando; los niños con trastornos de aprendizaje no mejoraban.


Alexander Luria
Después descubrió el trabajo de Alexander Luria, un psicoanalista freudiano de Rusia. Cuando Stalin llegó al poderLuria debió retractar sus "errores ideológicos" relacionados con el psicoanálisis y asistir a la escuela médica. Los casos examinados por Luria culminaron en un libro: "El hombre del mundo destrozado", donde describía en detalle la situación de un soldado ruso llamado Lyova Zazetsky, a quien una herida de bala lo había dejado con un profundo trauma cerebral.



La unión TPO
Un poco más atrás del círculo

Al leer el libro de Luria, Bárbara pensó: "Está describiendo mi vida". Luria descubrió que la bala había dañado el área del hemisferio izquierdo (TPO) donde se unen tres lóbulos de percepción principales: el temporal (sonido/lenguaje), el parietal (relaciones espaciales/integración sensorial) y el occipital (imágenes visuales).  Bárbara ahora sabía dónde estaba su problema, pero no qué hacer al respecto.

Fue entonces cuando apareció un paper escrito por Mark Rosenzweig @ UC Berkeley sobre el comportamiento de las ratas en entornos con distintos niveles de estímulo. Los entornos más ricos producían más neurotransmisores y un mejor suministro sanguíneo. Esta era una de las primeras demostraciones de neuroplasticidad; i.e. el mecanismo por el cual las actividades pueden cambiar el cerebro.
Cambios en el cerebro de las ratas

Bárbara supo entonces qué hacer... trabajar directamente sobre sus funciones más débiles. Como no podía leer un reloj, diseñó cientos de tarjetas con distintas horas y posiciones de las agujas. Sorprendida por los primeros resultados, comenzó a agregar más agujas para los segundos y las fracciones. Pronto podía leer la hora en un reloj como cualquier otra persona. 


El descubrimiento más inesperado fue que el ejercicio con los relojes le permitía mejorar rápidamente sus dificultades con otras relaciones simbólicas. Ahora podía entender gramática, matemática, lógica y la dinámica de una conversación (un gran momento del video de TEDx es cuando relata cómo pudo finalmente entender lo que decía un libro). Pronto pudo desarrollar sus capacidades de proyección y reconocimiento espacial al punto en que dejó de chocarse y tropezarse con las cosas. Junto a otra estudiante con "discapacidad de aprendizaje", Bárbara abrió una escuela en Toronto llamada Arrowsmith, donde se aplicaban estas sencillas técnicas.  Como la neuroplasticidad aún no estaba aceptada y no se habían desarrollado todavía los escaneos cerebrales de alta tecnología, el emprendimiento fue recibido con mucho escepticismo.  

¿Qué es lo que se hace en Arrowsmith? Primero se realizan evaluaciones de amplio espectro para identificar con precisión las funciones que son débiles y tratables. Después se desarrollan ejercicios específicos. Algunos niños reciben ejercicios por computadora en los que deben leer relojes complejos para mejorar su comprensión simbólica, gramática, lógica y matemática, tal como hizo Bárbara.

Los estudiantes que olvidan las instrucciones escuchan CD y memorizan poemas para mejorar sus memorias auditivas. En promedio, una persona puede recordar siete elementos no relacionados... ellos sólo pueden recordar dos o tres. Esto representa una gran desventaja cognitiva.

Para las personas que aparentemente tienen afectadas las funciones del lóbulo frontal, lo que las hace aparecer desorganizadas e incapaces de aprender de los errores, existen programas destinados a reforzar su capacidad de planeamiento, fijación de objetivos y persistencia.

Sánscrito, inglés y urdu
en
 Nueva Delhi (Mike Lynch)

Otros niños estudian letras de alfabetos poco familiares, como urdu o farsi (en mi experiencia, el sánscrito también funciona), con el fin de reforzar sus memorias visuales y la capacidad del cerebro de reconocer y recordar formas complejas con rapidez. 

Otros usan parches para cubrirse sus ojos izquierdos y trazan líneas intrincadas y letras del alfabeto chino, forzando la entrada de información visual en el ojo derecho y reforzando el área problemática. La lectura mejora, la escritura se hace más rápida y el discurso se vuelve más parejo y fluido; todo como consecuencia de los cambios cerebrales.

A medida que escribimos menos y menos, la misma maleabilidad del cerebro –que se rige por la norma "úsalo o piérdelo"– tiende a quitar énfasis a ciertas funciones en privilegio de otras. Cuando tipeamos y usamos los pulgares para escribir (Type, Thumb and Print o TTP, por su sigla en inglés), abordamos cada letra por separado. Al escribir normalmente, el cerebro debe procesar y coordinar movimientos más complejos. Con TTP, la lectura se alerda y las oraciones habladas se vuelven más cortas y simples: consecuencia del desplazamiento de valiosa capacidad cerebral a otras funciones.


Adaptación evolutiva al texteo
El hecho de que estas habilidades memóricas y de lecto-escritura hayan sido eliminadas de las curriculas básicas de los colegios, con la excusa de que eran "aburridas", "demasiado difíciles" e "irrelevantes" –ya que han sido reemplazadas por TTP–, también ha afectado sustancialmente el campo de las presentaciones.




Las presentaciones que solían ser abiertas, espontáneas y atractivas, realizadas sin la ayuda de notas, han sido reemplazadas por Powerpoints recitados tediosamente palabra a palabra, directamente de la pantalla... "la compensación definitiva para una corteza motora débil", como señala Norman Doidge en "The Brain That Changes Itself", un tratado sobre neuroplasticidad que recomiendo sin reservas.

Merece destacarse el hecho de que las nuevas recomendaciones de TED(x) para la presentación de diapositivas sugieren enfáticamente abandonar las "diapositivas con mucho texto" o las que "detallan más de un tema" por esta misma razón.    


Norman Doidge

Los resultados de los sencillos ejercicios de Arrowsmith "transforman la vida". Consideremos el caso de un niño de 13 años que ingresó al instituto con niveles de matemática y lectura correspondientes a un tercer grado. Ya había pasado por diez institutos especializados en "discapacidades de aprendizaje" sin éxito, y se le había dicho que nunca mejoraría. Tras su paso por Arrowsmith, se graduó de la universidad y ahora trabaja en el sector de capital de riesgo (evitemos las bromas, por favor).  

Otro chico de 16 años pasó de un nivel de lectura de primer grado a uno de séptimo en 14 meses.

Como todos tenemos algunas funciones cerebrales más débiles que pueden tener un efecto profundo en nuestras vidas, tanto profesionales como personales, estas técnicas sencillas pueden ser útiles para todos. Bárbara también ha brindado ayuda a adultos, entre ellos artistas, letrados y estudiantes universitarios.  

En mi experiencia, es esencial enfocar los esfuerzos de desarrollo en las áreas más débiles, y no seguir haciendo lo que ya haces bien, ya que allí no hay tantas oportunidades para mejoras adicionales. 



Traducido con autorización de Gary Weber


Fuente | Happiness Beyond Thought 

lunes, 16 de febrero de 2015

Cuestión de escala



Muchos encuentran incómoda la idea de que la política es una adicción culpable. Pero lo es. Los políticos son adictos, y son culpables, y mienten y engañan y roban; como todos los yonquis. Y cuando sufren una crisis, son capaces de sacrificar lo que sea y a cualquiera para alimentar su hábito estúpido y cruel, que no tiene cura. Así es el pensamiento adictivo. Así es la política, especialmente durante campañas presidenciales. Es entonces cuando los adictos buscan capturar puntos estratégicos. No les importa nada más. Son salmones, y deben desovar. Son adictos".

 -- Hunter S. Thompson (1937-2005)


Hunter Thompson fue, entre otras cosas, el creador del periodismo "gonzo", o lo que dio en llamarse el New Journalism. Despreciaba la objetividad periodística y la calificaba como una "contradicción pomposa"; sin embargo pienso que su versión de lo que es un político y lo que es la motivación política se nutre, paradójicamente, de una mirada tan objetiva como descarnada sobre un mecanismo ordinario. Y también de su propia experiencia: él mismo se definía como un yonqui político.

Ciertamente no hay razón para pensar que la política se mantiene al margen a las fuerzas que condicionan toda actividad humana. Al menos mientras la sigan ejerciendo hombres y mujeres. Pero dar el siguiente paso, enfocarla abiertamente desde el lado de la compulsión, puede explicar muchas actitudes, expresiones, situaciones y hasta tuits de la así llamada política local(*), que para muchos de nosotros son absolutamente inexplicables al entendimiento, por no hablar del feedback alarmado —luces, banderas rojas y todo— que recibimos de aquello que llamamos sensibilidad.

Cerca del final de Duro de Matar, un Bruce Willis perplejo descubre que aquellos terroristas que habían tomado el edificio a sangre y fuego, envueltos en demandas políticas, terminaban siendo criminales comunes en busca de la caja fuerte.

Tomemos la afición de muchos políticos por envolverse en causas y retórica, que en un sistema funcional serían a todas luces innecesarias. En vista de la experiencia local, me parece razonable atribuirles una intención de malignidad directamente proporcional a la virtud de las consignas declamadas, sobre todo si la arenga involucra alguna mención a la "historia", o peor aún, cómo entrar en ella.

Pero por supuesto que "malignidad" es en sí una palabra cargada que sólo tiene sentido si se mide contra un conjunto consensuado de parámetros que se sostienen sobre la noción del libre albedrío. Y aunque a los culpables les asignemos una agencia, aunque cada gesto sobrador aturda, aunque la perversidad indigne, conviene recordar la lectura de Thompson.

Si el poder corrompe, no está claro. Tal vez simplemente subraya vicios preexistentes y permite que se desarrollen con libertad y mejores herramientas. Pienso que conviene alejarnos del producto acabado, que puede ser irreversible, y acercar las miras a las raíces.

Pues aunque no todos nos dediquemos al crimen desde la política, y no soñemos con quedarnos con un centavo ajeno, todos podremos reconocer en nuestra psique una parte no examinada y poco agradable, que nada corriente arriba para desovar, en forma mecánica, buscando su próximo fix. Tal vez en comparación con los hechos que nos sacuden a diario sea una insignificancia. Pero el hábito es el que pavimenta cada viaje de ida, y le agrega cada vez más carriles.



(*) Uso la palabra "política" en un sentido muy flexible cuando me refiero a la local. La política exige una dinámica de relaciones fluidas sobre una mínima base de entendimiento. No puede existir cuando se interpone un quiste impenetrable; sea ideológico, religioso o militar. Órdenes verticales, militancias fanáticas, "lealtades" y aprobaciones a libro cerrado, todas desarrolladas abiertamente y a plena luz del día: en este contexto la política sólo puede ser una pantalla; una coreografía, una puesta en escena más.

jueves, 22 de enero de 2015

Zeitgeist, según Yeats

La Segunda Venida

Girando y girando en espirales crecientes
El halcón ya no escucha al halconero;
Las cosas se derrumban; el centro no resiste;
Pura anarquía se desata sobre el mundo,
Rebosa la marea, turbia de sangre, y por doquier
Ahoga la ceremonia de la inocencia;
Los mejores carecen de toda convicción, y los peores
Están llenos de intensidad apasionada.

Alguna revelación debe de estar cerca,
La Segunda Venida debe de estar cerca.
¡La Segunda Venida! Apenas pronunciadas las palabras
Una vasta imagen del Spiritus Mundi
Empaña mi visión: un páramo de arena desierta;
Una silueta con cuerpo de león y la cabeza de un hombre,
De mirada vacía e inmisericorde, como la del sol,
Mueve sus lentos muslos, y a su paso aletean
Las indignadas sombras de las aves del desierto.

Cae la oscuridad una vez más, pero ahora sé
Que la cuna al mecerse irritó veinte siglos
De sueño pétreo, que despertó pesadilla,
Y ¿qué extraña bestia, llegada su hora al fin,
Se arrastra lenta hacia Belén, para nacer?



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THE SECOND COMING

Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.

Surely some revelation is at hand;
Surely the Second Coming is at hand.
The Second Coming! Hardly are those words out
When a vast image out of Spiritus Mundi
Troubles my sight: a waste of desert sand;
A shape with lion body and the head of a man,
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it
Wind shadows of the indignant desert birds.

The darkness drops again but now I know
That twenty centuries of stony sleep
Were vexed to nightmare by a rocking cradle,
And what rough beast, its hour come round at last,
Slouches towards Bethlehem to be born?

William Butler Yeats (1865-1939)


jueves, 27 de noviembre de 2014

Netflixeando: Yo Soy (2011)

Cierta vez me encontraba en la sala de espera de un consultorio aguardando un turno que ya llevaba bastante retraso. Como esto era antes de los celulares y no tenía un libro encima, tuve que recurrir a la oferta disponible en el revistero, que consistía en una mezcla de revistas "del corazón" y de esas que se obsesionan con las vidas de las celebridades.

Asomándome así al mundo de los ricos y famosos, leí una nota donde se afirmaba que Julio Iglesias era dueño de varias propiedades repartidas por el mundo, todas ellas valuadas en pequeñas fortunas. Según el artículo, algunas de estas moradas internacionales apenas habían sido visitadas, mientras que en otras el cantante nunca había puesto un pie.

Recuerdo que la idea me produjo una cierta tristeza. Me imaginé aquellas mansiones inmóviles, esas decenas de habitaciones vacías empolvándose en silencio, alumbradas tal vez con la presencia del cuidador ocasional, pero sin oportunidad de cobijar alguna memoria pasional o siquiera algún fantasma modesto.

La noticia me produjo eso y, por supuesto, la misma perplejidad que aún hoy siento ante noticias similares, que tiene que ver con el eterno tema de la motivación. ¿Por qué? ¿Para qué?

Tom Shadyac es el nombre del director de varias comedias protagonizadas por Jim Carrey: Ace Ventura: Detective de Mascotas (Ace Ventura: Pet Detective, 1994), Mentiroso Mentiroso (Liar Liar, 1997), Todopoderoso (Bruce Almighty, 2003), entre otras. Y como él mismo cuenta en su documental semibiográfico Yo Soy (I Am, 2011), tras conocer el éxito en Hollywood comenzó a llevar un estilo de vida similar al de Iglesias.

Sus películas recaudaban millones. Iba de fiesta en fiesta y se codeaba con el jet-set de la industria del entretenimiento. Solía ir de "shopping", pero no en busca de ropa o juguetes caros, sino de casas lujosas. No se mencionan detalles más escabrosos, si los hubo, pero su existencia seguía en general el molde de las del resto de las estrellas terrenales, quienes suelen cumplir puntillosamente aquel mandato implícito que indica que, cuanto más grande es la mochila, más hay que llenarla.

Pocos años después, sin embargo, llegaría para Shadyac un momento bisagra. Se hallaba solo en el vestíbulo del nuevo palacete que acababa de comprar, todavía entre los bultos que había dejado el camión de la mudanza, cuando se percató de algo muy simple, pero también muy inquietante.

Descubrió que no se sentía feliz.

En rigor, el momento bisagra había ocurrido antes, en 2007, cuando un accidente de ciclismo lo había enviado al hospital con una conmoción cerebral, hipersensibilizado, postrado y con pronóstico incierto. Tras meses de infierno, eventualmente Shadyac se enfrentó a la realidad y la inmediatez de la muerte. Y de pronto, un día, los síntomas comenzaron a ceder. Pero así como cuando se repliega la marea la arena que queda ya no es la misma, el exitoso y despreocupado director de Hollywood ya había cambiado.

La experiencia pareció apartar un velo intuido pero ignorado, y también disparó un par de preguntas que hasta entonces habían quedado sumergidas en las piscinas de las bacanales californianas y ahora apremiaban por algún motivo. En particular:

¿Cuánto es demasiado?

O también, ¿cómo se relaciona la pulsión de poseer con la de aventajar y diferenciarnos del resto? Es decir: ¿cómo se relaciona la pulsión del consumo con la construcción de una identidad individual?

Shadyac analiza brevemente estas preguntas, conectándolas con la ubicuidad de la competencia y la constante búsqueda del éxito o el reconocimiento en todos los planos, pero enseguida las deja en el aire y arremete con la cuestión central que lo desvela:

¿Cómo se arregla el mundo?

La parte más extensa del documental se dedica a encontrar una respuesta convincente a esta pregunta. Para ello, el director recurre a varias personalidades de la ciencia, la literatura y la intelectualidad, quienes en un marco descontracturado e intimista (no puede faltar el humor, especialmente la parte en que tipos como Noam Chomsky deben responder si han visto Ace Ventura), van delineando la tesis: la respuesta a la supervivencia de nuestra especie está en nuestra capacidad innata para la colaboración y la empatía.

Los argumentos presentados van desde la poesía a la psicología y la biología. En una ecléctica sucesión de imágenes y conceptos, veloces pero prolijamente editados, desfilan Rumi, Einstein y el Dalai Lama. Todos ellos señalan la necesidad de rescatar la esencial función social humana de ese grillete individualista que confina a la especie, sobre todo desde la visión de las ciencias duras, a una competencia feroz por la supremacía gobernada por nuestros mismos genes y, por lo tanto, inevitable.

Tom Shadyac entrevistando a Desmond Tutu, figura del anti-apartheid.
"¿Ha visto 'Ace Ventura'?"
No todo me impresiona como convincente en este compost heterogéneo de ideas y buenas voluntades que, tal vez por su ecumenismo, a veces parecen ir en distintas direcciones sin mucha estructura. El foco está puesto mayoritariamente en las ciencias mainstream, las blandas y las duras, aunque hay algunas (pocas) referencias a la cuántica, y un reconocimiento a la vertiente más "fringe" que encarnan el Instituto de Ciencias Noéticas y el Instituto HeartMath. Pero aunque el tratamiento puede ser light, el documental no se ocupa de misticismo ni de conciencia universal, y Dios no aparece por ningún lado.

De hecho, en el tercer acto la película parece apoyarse en el rescate de nuestros "better angels", al decir de Steven Pinker, subrayando el valor del activismo pacífico mediante figuras más convencionales y concretas como Martin Luther King, Gandhi y el hombre de Tiananmen. Pero si la respuesta a los males del mundo decepciona un poco por lo simplista o trillada, la película preserva una veta mucho más rica que merece destacarse. Porque no olvida la pregunta inicial de Shadyac, la que lo empujó en definitiva a ampliar sus miras y a considerar a la humanidad en su conjunto.

¿Cuánto es demasiado?

¿Por qué volvemos a esto, por qué vuelve Shadyac? Parecería más importante lo otro, ver cómo se arregla el mundo, buscar una teoría unificada que explique todos los males de la humanidad como derivados de un rasgo o factor. ¿No sería maravilloso? Si pudiéramos identificar ese maldito interruptor, sólo restaría aprender cómo activarlo.

Y todos podemos ensayar respuestas, que aunque puedan ser coincidentes, contrapuestas o mixtas, casi con seguridad involucrarán cambios que deberán realizar esa vaga mezcla de estereotipos, atajos y prejuicios a medio cocinar que llamamos "los demás" y que, por tanto, están fuera de nuestro control.

Hay una razón, pienso, para que Shadyac haga hincapié ese momento crucial en que pudo verse "desde afuera" como actor en una comedia con un guión preestablecido de la que, paradójicamente, él no era el director.

El descubrimiento de que uno no está en control suele ser devastador. Puede dar por tierra con una vida entera. Quizá por eso muchos reaccionan aferrándose aún más a su solución o modelo, y terminan convenciéndose de que los cambios deben imponerse en forma mecánica, es decir por la fuerza. Más allá de esta frontera nos espera el laberinto de las locuras revolucionarias, el fundamentalismo religioso, los regímenes totalitarios y las masacres étnicas. Afortunadamente Shadyac no sugiere avanzar por ahí.

De hecho, lo notable es cuán cerca de casa elige quedarse. Sobre el final del documental, nos cuenta un poco más de su vida actual y del progreso de su nuevo camino, y es allí donde se puede ver hasta qué profundidad caló ese desplazamiento de percepción. Vendió su mansión de Los Angeles y el grueso de sus posesiones, abrió un hogar para homeless y se mudó a un barrio de casas rodantes. Desde allí planeó esta película y un libro sobre sus experiencias en la nueva senda.

Imagino que el hombre aún así tiene para vivir cómodamente el resto de sus días, pero este nunca fue, para mí, el punto, ni los ricos son el problema real. La claridad que le permitió a Shadyac una crisis inesperada también le permitió hacer lo que muy pocos en su posición harían, o siquiera considerarían: cambiar su propio estilo de vida. En mi opinión, el hecho de tener una cuenta bancaria abultada lo hace incluso más raro y admirable.

En última instancia, el trabajo de Shadyac elude los devaneos teóricos y los sermones, toma la punta del ovillo, y ofrece una respuesta pragmática. Puede que éste sea su mayor valor. Es un documental ligero y a la vez extraordinario, que entiende que las preguntas "¿cuánto es demasiado?" y "¿cómo se arregla el mundo?" están sutil pero inextricablemente ligadas.



martes, 30 de septiembre de 2014

Biró recargado


La pelirroja de arriba es una modelo rusa.

Bonita, ¿verdad?

Pero tal vez algunos hayan notado algo particular en la imagen. Se trata, de hecho, de una ilustración. La que sigue es la fotografía original:

Foto: Kristina Tararina

A buscar las diferencias. Tengo cierta debilidad por el realismo (en aquel libro de pinturas de Tolkien que extravié y añoro, mis favoritas eran las de Ted Nasmith), pero en este caso hay una vuelta de tuerca sorprendente, que tiene que ver con la técnica utilizada por el autor.

Biromes.

Sí, biromes, bolígrafos, biromes lisas, llanas, cotidianas, biromes BIC, por más señas. Concretamente, biromes en ocho colores (amarillo, naranja, magenta, verde claro, celeste, azul, rosa y púrpura) + negro.

El artista se llama Samuel Silva, un portugués de 30 años. La misma cantidad de horas invirtió en el retrato de la modelo, creado trazo a trazo. Para resolver los colores intermedios, utilizó una técnica de sombreado conocida como crosshatching, que logra engañar el ojo mediante la combinación aditiva de líneas –en forma similar a los semitonos de los periódicos– y resulta en la exhuberancia cromática que se puede apreciar a simple vista. Todo con 8 BICs.

Las creaciones de Silva llamaron la atención cuando aparecieron en el popular sitio DeviantArt, y rápidamente recorrieron el mundo. Silva vive en el Reino Unido, es abogado, y realiza sus increíbles ilustraciones como hobby.

Tigre realizado en birome, tamaño aprox. A4.
Fuente: http://vianaarts.deviantart.com/art/Tiger-Bic-Ballpoint-Pen-287179252

El saber popular señala a la birome como un invento argentino. Esto es verdad sólo si consideramos dónde se comenzaron a fabricar los primeros bolígrafos. El inventor de la birome no era argentino sino un húngaro llamado László Bíró, quien se radicó en la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial y se quedó aquí hasta su muerte en 1985.

"Birome" era el nombre comercial del producto lanzado en 1943 (un apócope entre el apellido de su creador y el de su socio, Juan Jorge Meyne), aunque en aquel entonces, antes de convertirse en una de las más famosas marcas vulgarizadas de nuestro país, se la conocía como esferográfica.

En el mismo año Biró vendió una licencia a la compañía estadounidense Eversharp. Más pedidos y problemas de patentes con los norteamericanos resultaron en la creación de una heredera famosa, la Paper Mate. La BIC, por otro lado, le debe su nombre a Marcel Bich, un francés que adquirió la licencia de Biró en 1950 y se puso a producir sus propias biromes con tecnología suiza. Aquellos modernos bolígrafos BIC son los mismos que hoy se pueden adquirir en cualquier papelería.

Biró, entretanto, tuvo problemas financieros y terminó trabajando como socio en una firma que producía una nueva versión de su propio invento. La marca era Sylvapen, nombre que me imagino traerá recuerdos instantáneos entre los lectores de cierta edad.


Más increíbles dibujos de Samuel Silva en su página de DeviantArt.




jueves, 21 de agosto de 2014

Elizabeth Gilbert y la (mala) costumbre de no pedir




(Traducción del artículo The First Step to Long-Lasting Happiness publicado originalmente en http://www.oprah.com/spirit/How-to-Be-Happier-Elizabeth-Gilbert)


Una mañana de 1993, entré en las oficinas de una famosa revista neoyorquina para solicitar trabajo como escritora. No había concertado una cita, no contaba con experiencia previa, y no tenía ni un solo artículo publicado a mi nombre. Pero había experimentado una revelación: que nadie iba a llamar nunca a mi puerta diciendo "Nos informaron que aquí vive una escritora talentosa y queremos ayudarla con su profesión". No. Yo era la que tendría que salir a llamar a puertas ajenas.

Así que eso hice. Simplemente entré directamente de la calle y pedí que me contrataran como periodista. ¿Y adivinen qué? ¡No funcionó! (Por supuesto que no funcionó... no eran tontos, y yo no tenía ninguna cualificación; ¿cómo creen que funciona el mundo, gente?). A pesar de eso, todavía recuerdo ese momento como uno de los más importantes de mi vida, porque ciertamente fue el más audaz. Cuando volví a casa ese día, seguía sin un peso y sin reconocimiento alguno, pero al menos sabía que era valiente. No tendría que sufrir la angustia de saber que no lo había intentado.

Hace casi 800 años, el poeta-místico persa Rumi escribió: "Debes pedir aquello que realmente quieres obtener". Él veía el acto de pedir como un deber sagrado, y creo que tenía razón. No porque tus deseos te serán concedidos en forma automática (eso no ocurrirá), sino porque el mero hecho de decir en voz alta "Esto es quien soy y por lo que he venido" parece despertar una poderosa fuerza interna. Al articular tu deseo, estás anunciando que tus intenciones de concretar el próximo gran evento en tu vida son absolutamente serias.

El obstáculo, por supuesto, es que pedir aquello que realmente quieres –sea un trabajo como escritor/a o un descuento en los neumáticos de tu auto– puede ser difícil. Especialmente para las mujeres. En primer lugar, debes saber exactamente lo que quieres, lo cual puede ser un problema si fuiste educada para complacer a otros. En segundo lugar, debes estar convencida de que eso que quieres vale la pena; de nuevo, una tarea complicada para aquellas mujeres que han recibido una capacitación extensa en las oscuras artes del menosprecio personal. En tercer lugar, debes enfrentar la posibilidad del rechazo. Esa es la peor parte. A las mujeres no nos gusta que nos rechacen (ya tenemos bastante de eso en nuestras vidas personales), así que, como abogados en un juicio, solemos hacer sólo aquellas preguntas para las cuales ya conocemos las respuestas. Es decir: cero riesgo. Lo que a su vez quiere decir: cero recompensa.

Lo divertido del caso es que el rechazo no es realmente tan malo. Esto es algo que pienso que los hombres siempre han comprendido: que un fracaso glorioso puede ser a veces más gratificante en la vida que un éxito prudente. Esta es la razón por la que los hombres están siempre pidiendo cosas que pueden no merecer, o que no están totalmente preparados para manejar. Tampoco digo esto como un insulto a los hombres, de hecho me gustaría que más mujeres hicieran lo mismo. Porque a veces obtienes un sí, e incluso si no estabas preparada para ese sí, te pones a la altura. No estás lista, y de pronto lo estás. Es irracional, pero es mágico.

No puedo decirte exactamente cómo pedir las cosas. No es mi área de conocimiento, y hay demasiadas variables a tener en cuenta. A veces debes ser gentil y encantadora; otras veces tienes que ser descarada e intrépida. Pero en términos generales, es una fórmula sorprendentemente simple: no des más vueltas y pídelo. Porque el hecho esencial es que pedir es la mejor forma –la única forma, en realidad– de obtener lo que quieres.


Via | Oprah.com


miércoles, 30 de julio de 2014

Harry Dean Stanton y la nada



Harry Dean Stanton es uno de esos actores que no convocan exactamente multitudes ni abultan taquillas por sí mismos. Pero también es de esos que suelen aportar categoría automática a una película con su sola presencia. No importa si se trata de bodrios clase B, ni cuán importante sea el rol que les toca jugar. Stanton tiende a marcar una impresión tan indeleble como sus aparentemente eternas arrugas.

Siempre me lo confundo con su contraparte británica en varios sentidos, John Hurt. Quizá sea que ambos comparten esa mezcla poco usual de talento perdurable y look cotidiano, transitado, o "weather beaten", como dicen por ahí. O porque ambos fueron parte de ese fogonazo irrepetible que fue Alien (1979), donde pudieron brillar en su papel de trabajadores mundanos transportados a una pesadilla futurista. Un guante de seda para el aire de Hombre Común que destilan ambos en la pantalla con una facilidad que engaña.

Volviendo a Harry Dean Stanton, que ya tiene 88 años. La famosa revista estadounidense Esquire lo entrevistó en 2008 y produjo un artículo inusual que se limita a enumerar una serie de reflexiones del actor. Astutamente se nos oculta el hilo conductor que las motivó, aunque no debe ser muy difícil de reconstruir. Tal vez el periodista sintió que toda pregunta era superflua; tal vez supuso que las frases lo decían todo.

Lo cierto es que Stanton demuestra estar a la altura de su estatus de culto y de su propio rostro curtido. Sus comentarios reflejan varios viajes internos.

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(Extracto)

Iglesias. Católicos. Judíos. Cristianos. Protestantes. Mormones. Musulmanes. Cienciólogos. Todos ellos son macrocosmos del ego. Cuando el hombre empezó a pensar que era una persona separada, con un alma separada, creó una situación violenta.

Todos quieren una respuesta. Creo que fue Gertrude Stein quien escribió: "No hay una respuesta, nunca hubo una respuesta, nunca habrá una respuesta. Esa es la respuesta". Es difícil de tragar, pero es la verdad última.

Estábamos haciendo la película A través del huracán (Ride in the Whirlwind, 1966) y Jack vino y me dijo "Harry, tengo este personaje para ti. Su nombre es Blind Dick Reilly y es el líder de la pandilla. Tiene un parche en el ojo y usa un bombín". Y después me dijo: "Pero no quiero que hagas nada. Deja que sea el vestuario del personaje el que actúe". Quiso decir: sólo actúa como tú mismo. Hago las cosas así desde entonces.

La percepción directa es su propia acción.

No sabes lo que vas a decir o pensar dentro de diez segundos. ¿Quién está al mando, entonces?

Yo también me gano la vida haciendo preguntas. Al actuar, haces preguntas.

No hay una respuesta a la pregunta de qué era lo que convertía a Paul Newman en un gran actor.

No, no tengo curiosidad sobre nada. Simplemente dejo que todo suceda.

No hay una respuesta para la existencia del estado de Kentucky. Nuevamente, estás buscando una respuesta y no hay ninguna.

Sólo me alimento para poder fumar y mantenerme vivo.

Los Diez Mandamientos. ¿Qué es eso? Eso es lo que hacen en el Ejército, darte órdenes. ¿"No matarás"? E inmediatamente nos dedicamos a matarnos; en masa.

La mayoría de la gente no habla de ello, a medida que envejece. Pero el impulso sexual cede. Ya no te motiva.

Me encantaría conocer a Gandhi. Y a Cristo. Estoy seguro de que sería un tipo interesante. Y muy distinto de lo que piensa mucha gente.

El vacío, la nada, son conceptos aterradores para la mayoría de las personas en este planeta. Yo mismo a veces sufro ataques de ansiedad. Conozco el miedo a ese vacío. Debes aprender a morir antes de morir. Te rindes, te abandonas al vacío, a la nada.

Ah sí, con Marlon hablábamos todo el tiempo de estas cosas. Una vez, por teléfono, me preguntó: "¿Qué piensas de mí?" Y yo le dije: "Creo que no eres nada". Y él "¡JAJAJA!"

¿Si hay una manera interesante de morir? ¿A quién mierda le importa? Ya estás muerto de todas formas.

Lo único que me da miedo es no saber cuánto tiempo va a continuar la consciencia después de que el cuerpo muera. Sólo espero no encontrar nada. Como era todo antes de que naciera.

¿Has entrevistado a alguien más que hable de estas cosas?

Espera, tengo que atender esta llamada. "Hey, hermano. Sí, fantástico. Sí, me está entrevistando un tipo de Esquire. Estamos hablando sobre nada. A esta altura ya lo tengo bastante empapado en nada. Ha dejado de hacerme preguntas".

Entrevista de Cal Fussman



Via | Esquire