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martes, 7 de abril de 2015

El cerebro plástico y las discapacidades de aprendizaje


El texto que sigue es la traducción de un artículo publicado por Gary Weber en su blog "Happiness Beyond Thought" (http://happinessbeyondthought.blogspot.com).

Gary tiene un background militar, científico e industrial. Tras sufrir una experiencia cercana a la muerte se abocó al estudio (y experimentación) de la conciencia, pasando por Zen, Ramana Maharshi y miles de horas de meditación. Su enfoque es no-dual (neo-advaita), y aunque admite un costado devocional usualmente aborda el tema desde la óptica de las neurociencias. Su canal de Youtube incluye varias de sus conferencias y charlas. Su libro Happiness Beyond Thought está en Amazon pero también se distribuye en forma gratuita.

Es una satisfacción personal poder contar con su permiso para difundir libremente estos contenidos y hacerlos accesibles para una audiencia hispanohablante.

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Históricamente, los trastornos de aprendizaje han sido considerados un problema ante el cual no hay mucho que se pueda hacer. La creencia generalizada hasta hace un tiempo sostenía que el cerebro era inmutable y que las funciones perdidas no podían recuperarse. Según esta visión, eras o bien "lento" o "retrasado mental", lo que significaba que tu única salida eran las clases de educación especial.

Los tratamientos estándares se orientaban a desarrollar "compensaciones" o "métodos alternativos". Si no podías leer bien, tenías los audiolibros. Si eras "lento", era cuestión de tomarte más tiempo para terminar los exámenes.




Barbara Arrowsmith Young
Barbara Arrowsmith (que tiene un gran video de TEDx) era una de esas personas. Si bien su memoria visual y auditiva estaba en el percentil 99 y sus lóbulos frontales estaban bien desarrollados, su cerebro y su cuerpo eran asimétricos. Esto quiere decir que sus habilidades excepcionales coexistían con áreas de discapacidad.

Arrowsmith tenía afectada su región del habla, el área de Broca, de modo que le costaba pronunciar las palabras. No tenía proyección ni razonamiento espacial, por lo que no sabía si se estaba moviendo o dónde se encontraban sus brazos, sus piernas u otros objetos. Esto hacía que a menudo se chocara con cosas o tropezara. Se perdía con frecuencia. Su rango de visión era tan angosto que cuando leía sólo podía ver unas pocas letras a la vez.



¿Qué hora es?

Como no podía entender las relaciones entre distintos símbolos, no comprendía nada de gramática, matemáticas, lógica ni "causa y efecto", así que le era imposible conectar comportamiento con consecuencias, o leer las agujas de un reloj (sí, hay relojes que tienen agujas). Era disléxica e invertía las letras.  

Su buena memoria le permitía avanzar en el colegio, pero no tenía comprensión de lo que aprendía. Y el no entender lo que sucedía a su alrededor la llenaba de dudas e incertidumbre. Hubo un intento fallido de suicidio. 




Llegada a la universidad, Bárbara se enfocó en el desarrollo infantil y tuvo mucho éxito interpretando signos no verbales en los estudios de observación de niños. Se le pidió que dictara el curso. En su tesis de 1982, demostró que el modelo de "compensación/método alternativo" no estaba funcionando; los niños con trastornos de aprendizaje no mejoraban.


Alexander Luria
Después descubrió el trabajo de Alexander Luria, un psicoanalista freudiano de Rusia. Cuando Stalin llegó al poderLuria debió retractar sus "errores ideológicos" relacionados con el psicoanálisis y asistir a la escuela médica. Los casos examinados por Luria culminaron en un libro: "El hombre del mundo destrozado", donde describía en detalle la situación de un soldado ruso llamado Lyova Zazetsky, a quien una herida de bala lo había dejado con un profundo trauma cerebral.



La unión TPO
Un poco más atrás del círculo

Al leer el libro de Luria, Bárbara pensó: "Está describiendo mi vida". Luria descubrió que la bala había dañado el área del hemisferio izquierdo (TPO) donde se unen tres lóbulos de percepción principales: el temporal (sonido/lenguaje), el parietal (relaciones espaciales/integración sensorial) y el occipital (imágenes visuales).  Bárbara ahora sabía dónde estaba su problema, pero no qué hacer al respecto.

Fue entonces cuando apareció un paper escrito por Mark Rosenzweig @ UC Berkeley sobre el comportamiento de las ratas en entornos con distintos niveles de estímulo. Los entornos más ricos producían más neurotransmisores y un mejor suministro sanguíneo. Esta era una de las primeras demostraciones de neuroplasticidad; i.e. el mecanismo por el cual las actividades pueden cambiar el cerebro.
Cambios en el cerebro de las ratas

Bárbara supo entonces qué hacer... trabajar directamente sobre sus funciones más débiles. Como no podía leer un reloj, diseñó cientos de tarjetas con distintas horas y posiciones de las agujas. Sorprendida por los primeros resultados, comenzó a agregar más agujas para los segundos y las fracciones. Pronto podía leer la hora en un reloj como cualquier otra persona. 


El descubrimiento más inesperado fue que el ejercicio con los relojes le permitía mejorar rápidamente sus dificultades con otras relaciones simbólicas. Ahora podía entender gramática, matemática, lógica y la dinámica de una conversación (un gran momento del video de TEDx es cuando relata cómo pudo finalmente entender lo que decía un libro). Pronto pudo desarrollar sus capacidades de proyección y reconocimiento espacial al punto en que dejó de chocarse y tropezarse con las cosas. Junto a otra estudiante con "discapacidad de aprendizaje", Bárbara abrió una escuela en Toronto llamada Arrowsmith, donde se aplicaban estas sencillas técnicas.  Como la neuroplasticidad aún no estaba aceptada y no se habían desarrollado todavía los escaneos cerebrales de alta tecnología, el emprendimiento fue recibido con mucho escepticismo.  

¿Qué es lo que se hace en Arrowsmith? Primero se realizan evaluaciones de amplio espectro para identificar con precisión las funciones que son débiles y tratables. Después se desarrollan ejercicios específicos. Algunos niños reciben ejercicios por computadora en los que deben leer relojes complejos para mejorar su comprensión simbólica, gramática, lógica y matemática, tal como hizo Bárbara.

Los estudiantes que olvidan las instrucciones escuchan CD y memorizan poemas para mejorar sus memorias auditivas. En promedio, una persona puede recordar siete elementos no relacionados... ellos sólo pueden recordar dos o tres. Esto representa una gran desventaja cognitiva.

Para las personas que aparentemente tienen afectadas las funciones del lóbulo frontal, lo que las hace aparecer desorganizadas e incapaces de aprender de los errores, existen programas destinados a reforzar su capacidad de planeamiento, fijación de objetivos y persistencia.

Sánscrito, inglés y urdu
en
 Nueva Delhi (Mike Lynch)

Otros niños estudian letras de alfabetos poco familiares, como urdu o farsi (en mi experiencia, el sánscrito también funciona), con el fin de reforzar sus memorias visuales y la capacidad del cerebro de reconocer y recordar formas complejas con rapidez. 

Otros usan parches para cubrirse sus ojos izquierdos y trazan líneas intrincadas y letras del alfabeto chino, forzando la entrada de información visual en el ojo derecho y reforzando el área problemática. La lectura mejora, la escritura se hace más rápida y el discurso se vuelve más parejo y fluido; todo como consecuencia de los cambios cerebrales.

A medida que escribimos menos y menos, la misma maleabilidad del cerebro –que se rige por la norma "úsalo o piérdelo"– tiende a quitar énfasis a ciertas funciones en privilegio de otras. Cuando tipeamos y usamos los pulgares para escribir (Type, Thumb and Print o TTP, por su sigla en inglés), abordamos cada letra por separado. Al escribir normalmente, el cerebro debe procesar y coordinar movimientos más complejos. Con TTP, la lectura se alerda y las oraciones habladas se vuelven más cortas y simples: consecuencia del desplazamiento de valiosa capacidad cerebral a otras funciones.


Adaptación evolutiva al texteo
El hecho de que estas habilidades memóricas y de lecto-escritura hayan sido eliminadas de las curriculas básicas de los colegios, con la excusa de que eran "aburridas", "demasiado difíciles" e "irrelevantes" –ya que han sido reemplazadas por TTP–, también ha afectado sustancialmente el campo de las presentaciones.




Las presentaciones que solían ser abiertas, espontáneas y atractivas, realizadas sin la ayuda de notas, han sido reemplazadas por Powerpoints recitados tediosamente palabra a palabra, directamente de la pantalla... "la compensación definitiva para una corteza motora débil", como señala Norman Doidge en "The Brain That Changes Itself", un tratado sobre neuroplasticidad que recomiendo sin reservas.

Merece destacarse el hecho de que las nuevas recomendaciones de TED(x) para la presentación de diapositivas sugieren enfáticamente abandonar las "diapositivas con mucho texto" o las que "detallan más de un tema" por esta misma razón.    


Norman Doidge

Los resultados de los sencillos ejercicios de Arrowsmith "transforman la vida". Consideremos el caso de un niño de 13 años que ingresó al instituto con niveles de matemática y lectura correspondientes a un tercer grado. Ya había pasado por diez institutos especializados en "discapacidades de aprendizaje" sin éxito, y se le había dicho que nunca mejoraría. Tras su paso por Arrowsmith, se graduó de la universidad y ahora trabaja en el sector de capital de riesgo (evitemos las bromas, por favor).  

Otro chico de 16 años pasó de un nivel de lectura de primer grado a uno de séptimo en 14 meses.

Como todos tenemos algunas funciones cerebrales más débiles que pueden tener un efecto profundo en nuestras vidas, tanto profesionales como personales, estas técnicas sencillas pueden ser útiles para todos. Bárbara también ha brindado ayuda a adultos, entre ellos artistas, letrados y estudiantes universitarios.  

En mi experiencia, es esencial enfocar los esfuerzos de desarrollo en las áreas más débiles, y no seguir haciendo lo que ya haces bien, ya que allí no hay tantas oportunidades para mejoras adicionales. 



Traducido con autorización de Gary Weber


Fuente | Happiness Beyond Thought 

jueves, 27 de noviembre de 2014

Netflixeando: Yo Soy (2011)

Cierta vez me encontraba en la sala de espera de un consultorio aguardando un turno que ya llevaba bastante retraso. Como esto era antes de los celulares y no tenía un libro encima, tuve que recurrir a la oferta disponible en el revistero, que consistía en una mezcla de revistas "del corazón" y de esas que se obsesionan con las vidas de las celebridades.

Asomándome así al mundo de los ricos y famosos, leí una nota donde se afirmaba que Julio Iglesias era dueño de varias propiedades repartidas por el mundo, todas ellas valuadas en pequeñas fortunas. Según el artículo, algunas de estas moradas internacionales apenas habían sido visitadas, mientras que en otras el cantante nunca había puesto un pie.

Recuerdo que la idea me produjo una cierta tristeza. Me imaginé aquellas mansiones inmóviles, esas decenas de habitaciones vacías empolvándose en silencio, alumbradas tal vez con la presencia del cuidador ocasional, pero sin oportunidad de cobijar alguna memoria pasional o siquiera algún fantasma modesto.

La noticia me produjo eso y, por supuesto, la misma perplejidad que aún hoy siento ante noticias similares, que tiene que ver con el eterno tema de la motivación. ¿Por qué? ¿Para qué?

Tom Shadyac es el nombre del director de varias comedias protagonizadas por Jim Carrey: Ace Ventura: Detective de Mascotas (Ace Ventura: Pet Detective, 1994), Mentiroso Mentiroso (Liar Liar, 1997), Todopoderoso (Bruce Almighty, 2003), entre otras. Y como él mismo cuenta en su documental semibiográfico Yo Soy (I Am, 2011), tras conocer el éxito en Hollywood comenzó a llevar un estilo de vida similar al de Iglesias.

Sus películas recaudaban millones. Iba de fiesta en fiesta y se codeaba con el jet-set de la industria del entretenimiento. Solía ir de "shopping", pero no en busca de ropa o juguetes caros, sino de casas lujosas. No se mencionan detalles más escabrosos, si los hubo, pero su existencia seguía en general el molde de las del resto de las estrellas terrenales, quienes suelen cumplir puntillosamente aquel mandato implícito que indica que, cuanto más grande es la mochila, más hay que llenarla.

Pocos años después, sin embargo, llegaría para Shadyac un momento bisagra. Se hallaba solo en el vestíbulo del nuevo palacete que acababa de comprar, todavía entre los bultos que había dejado el camión de la mudanza, cuando se percató de algo muy simple, pero también muy inquietante.

Descubrió que no se sentía feliz.

En rigor, el momento bisagra había ocurrido antes, en 2007, cuando un accidente de ciclismo lo había enviado al hospital con una conmoción cerebral, hipersensibilizado, postrado y con pronóstico incierto. Tras meses de infierno, eventualmente Shadyac se enfrentó a la realidad y la inmediatez de la muerte. Y de pronto, un día, los síntomas comenzaron a ceder. Pero así como cuando se repliega la marea la arena que queda ya no es la misma, el exitoso y despreocupado director de Hollywood ya había cambiado.

La experiencia pareció apartar un velo intuido pero ignorado, y también disparó un par de preguntas que hasta entonces habían quedado sumergidas en las piscinas de las bacanales californianas y ahora apremiaban por algún motivo. En particular:

¿Cuánto es demasiado?

O también, ¿cómo se relaciona la pulsión de poseer con la de aventajar y diferenciarnos del resto? Es decir: ¿cómo se relaciona la pulsión del consumo con la construcción de una identidad individual?

Shadyac analiza brevemente estas preguntas, conectándolas con la ubicuidad de la competencia y la constante búsqueda del éxito o el reconocimiento en todos los planos, pero enseguida las deja en el aire y arremete con la cuestión central que lo desvela:

¿Cómo se arregla el mundo?

La parte más extensa del documental se dedica a encontrar una respuesta convincente a esta pregunta. Para ello, el director recurre a varias personalidades de la ciencia, la literatura y la intelectualidad, quienes en un marco descontracturado e intimista (no puede faltar el humor, especialmente la parte en que tipos como Noam Chomsky deben responder si han visto Ace Ventura), van delineando la tesis: la respuesta a la supervivencia de nuestra especie está en nuestra capacidad innata para la colaboración y la empatía.

Los argumentos presentados van desde la poesía a la psicología y la biología. En una ecléctica sucesión de imágenes y conceptos, veloces pero prolijamente editados, desfilan Rumi, Einstein y el Dalai Lama. Todos ellos señalan la necesidad de rescatar la esencial función social humana de ese grillete individualista que confina a la especie, sobre todo desde la visión de las ciencias duras, a una competencia feroz por la supremacía gobernada por nuestros mismos genes y, por lo tanto, inevitable.

Tom Shadyac entrevistando a Desmond Tutu, figura del anti-apartheid.
"¿Ha visto 'Ace Ventura'?"
No todo me impresiona como convincente en este compost heterogéneo de ideas y buenas voluntades que, tal vez por su ecumenismo, a veces parecen ir en distintas direcciones sin mucha estructura. El foco está puesto mayoritariamente en las ciencias mainstream, las blandas y las duras, aunque hay algunas (pocas) referencias a la cuántica, y un reconocimiento a la vertiente más "fringe" que encarnan el Instituto de Ciencias Noéticas y el Instituto HeartMath. Pero aunque el tratamiento puede ser light, el documental no se ocupa de misticismo ni de conciencia universal, y Dios no aparece por ningún lado.

De hecho, en el tercer acto la película parece apoyarse en el rescate de nuestros "better angels", al decir de Steven Pinker, subrayando el valor del activismo pacífico mediante figuras más convencionales y concretas como Martin Luther King, Gandhi y el hombre de Tiananmen. Pero si la respuesta a los males del mundo decepciona un poco por lo simplista o trillada, la película preserva una veta mucho más rica que merece destacarse. Porque no olvida la pregunta inicial de Shadyac, la que lo empujó en definitiva a ampliar sus miras y a considerar a la humanidad en su conjunto.

¿Cuánto es demasiado?

¿Por qué volvemos a esto, por qué vuelve Shadyac? Parecería más importante lo otro, ver cómo se arregla el mundo, buscar una teoría unificada que explique todos los males de la humanidad como derivados de un rasgo o factor. ¿No sería maravilloso? Si pudiéramos identificar ese maldito interruptor, sólo restaría aprender cómo activarlo.

Y todos podemos ensayar respuestas, que aunque puedan ser coincidentes, contrapuestas o mixtas, casi con seguridad involucrarán cambios que deberán realizar esa vaga mezcla de estereotipos, atajos y prejuicios a medio cocinar que llamamos "los demás" y que, por tanto, están fuera de nuestro control.

Hay una razón, pienso, para que Shadyac haga hincapié ese momento crucial en que pudo verse "desde afuera" como actor en una comedia con un guión preestablecido de la que, paradójicamente, él no era el director.

El descubrimiento de que uno no está en control suele ser devastador. Puede dar por tierra con una vida entera. Quizá por eso muchos reaccionan aferrándose aún más a su solución o modelo, y terminan convenciéndose de que los cambios deben imponerse en forma mecánica, es decir por la fuerza. Más allá de esta frontera nos espera el laberinto de las locuras revolucionarias, el fundamentalismo religioso, los regímenes totalitarios y las masacres étnicas. Afortunadamente Shadyac no sugiere avanzar por ahí.

De hecho, lo notable es cuán cerca de casa elige quedarse. Sobre el final del documental, nos cuenta un poco más de su vida actual y del progreso de su nuevo camino, y es allí donde se puede ver hasta qué profundidad caló ese desplazamiento de percepción. Vendió su mansión de Los Angeles y el grueso de sus posesiones, abrió un hogar para homeless y se mudó a un barrio de casas rodantes. Desde allí planeó esta película y un libro sobre sus experiencias en la nueva senda.

Imagino que el hombre aún así tiene para vivir cómodamente el resto de sus días, pero este nunca fue, para mí, el punto, ni los ricos son el problema real. La claridad que le permitió a Shadyac una crisis inesperada también le permitió hacer lo que muy pocos en su posición harían, o siquiera considerarían: cambiar su propio estilo de vida. En mi opinión, el hecho de tener una cuenta bancaria abultada lo hace incluso más raro y admirable.

En última instancia, el trabajo de Shadyac elude los devaneos teóricos y los sermones, toma la punta del ovillo, y ofrece una respuesta pragmática. Puede que éste sea su mayor valor. Es un documental ligero y a la vez extraordinario, que entiende que las preguntas "¿cuánto es demasiado?" y "¿cómo se arregla el mundo?" están sutil pero inextricablemente ligadas.



viernes, 13 de junio de 2014

La vida según Zen Pencils

Un día de fines de 2011, el australiano Gavin Aung Than hizo un balance de su existencia y descubrió que ya se había aburrido lo suficiente con su carrera profesional como diseñador gráfico. Pocos meses antes de cumplir 30 años, hizo lo que le pareció más sensato: abandonar la estabilidad que le otorgaba su trabajo para dedicarse a lo que más le gustaba en el mundo, que era dibujar historietas. El resultado de esa decisión es el sitio Zen Pencils.

Zen Pencils no es un sitio de webcomics típico. Than dibuja páginas individuales que adaptan, recrean e ilustran frases, canciones, obras o experiencias de personas reales que por algún motivo lo inspiraron, o que marcaron su vida -y el mundo- de alguna forma. Por sus trazos pasan muchas personalidades que se han destacado en distintas ramas de las innumerables actividades humanas: arte, ciencia, política, industria, filosofía.

El denominador común de todas las historietas es que mueven a la reflexión y en general desde una perspectiva positiva, sin eludir la tragedia, o mejor dicho, utilizándola como trampolín para ese saldo esperanzador. De yapa, todas ellas funcionan perfectamente como degustación introductoria de pensamientos y obras que tal vez nos estaban pasando por el costado, invisibles e ignoradas.

A modo de muestra de las más de 100 adaptaciones que se pueden disfrutar en el sitio web de Zen Pencils, va esta pieza dedicada a Alan Watts y a una exhortación que, me imagino, el artista habrá tenido muy en cuenta.



Nota: el video con las palabras de Watts al que apuntaba el enlace del sitio fue removido de Youtube. Esta versión tiene subtítulos en español.


Via | Zen Pencils

miércoles, 21 de mayo de 2014

El samurai que reencarnó en un cangrejo


Es una mañana fría, húmeda y oscura la que cruzamos con Santi 13.7 mientras lo acompaño al subte que lo llevará al colegio. En el camino, me comenta que pronto tendrán evaluación de Ciencias Naturales y me pide que le explique un poco el concepto de selección artificial.

Como un gato que hubiera estado esperando agazapado el momento justo, con esa especie de alegría -¡por fin!- que sigue a todo aquello que encuentra la oportunidad indicada para transmitirse, en mi mente salta, instantáneo, el recuerdo que se conserva más vívido entre todo el acervo acumulado en los últimos 30 años; aquel que se refiere a la leyenda japonesa de los guerreros Heike y de los cangrejos que hoy llevan su nombre, ese recuerdo que adquirí a una edad impresionable y no muy lejana de la de mi hijo hoy, grabado a fuego mientras miraba en la TV una serie extraña y extrañamente maravillosa conducida por alguien llamado Carl Sagan.

El crustáceo en cuestión, conocido como cangrejo samurai, Heikegani o Heike, exhibe en su caparazón unas molduras que se asemejan mucho a los rasgos estilizados de un samurai enfurecido. ¿Cómo es posible, se preguntaba Sagan, que ese rostro tan reconocible hubiera llegado allí por sí mismo, sin intervención humana? Como respuesta, él apuntaba en efecto a la intervención humana, pero indirecta. La hipótesis es que los pescadores japoneses de hace unos siglos creían reconocer en estos animales al espíritu de los ancestrales guerreros Heike, y por lo tanto devolvían al mar los ejemplares que capturaban en lugar de consumirlos como al resto. El trabajo a partir de ese punto quedaba a cargo de las fuerzas naturales de la herencia, pero sólo tras esa preselección no premeditada.

Aunque personalmente la encuentre encantadora, me consta que esta explicación sobre la supervivencia del cangrejo Heike es, por supuesto, muy discutible y discutida. Pero no es el punto. Sea o no factual el mecanismo descrito, se trate o no de un caso más de simple pareidolia, la leyenda del cangrejo y su influencia en las actividades humanas posteriores sigue siendo una ilustración poderosa del principio de selección artificial, y del refinamiento que encara la naturaleza por sí sola cuando cuenta con tiempo para trabajar a sus anchas. Si los resultados de este trabajo nos parecen tantas veces inexplicables, hay que considerar que nuestra capacidad de aprehender las escalas de tiempo apenas abarcan unos cientos de años, y que pescar el sentido de una acción que se extiende por milenios nos resulta tan difícil como captar una melodía en un disco reproducido a revoluciones ínfimas.

Sagan también usaba imágenes musicales para describir el universo y sus elegantes mecanismos. El capítulo de Cosmos en que aparece la historia del cangrejo Heike, Una voz en la fuga cósmica (One Voice in the Cosmic Fugue, 1980) era pródigo en imágenes memorables. Ahí aparecen también el calendario universal, las especulaciones sobre las íncreíbles criaturas que podrían habitar Venus -desgraciadamente, esto era antes de que se descubriera que la atmósfera de Venus es bastante inhóspita, nubes de ácido sulfúrico incluidas- y la extraordinaria, para ese entonces, animación computada sobre la posible evolución de las formas de vida terrestres.

No quiero extenderme en elegías sobre Cosmos o Sagan porque ya he hecho demasiadas como para sentirme cómodo, y la red rebosa de ellas; baste decir que con cada revisión de la serie a lo largo del tiempo he apreciado cada vez más no sólo el contenido, sino la forma en que éste era transmitido, en línea con mi creciente comprensión a lo largo de los años de la absoluta importancia que tienen las formas y los medios, que superan en longevidad e influencia a la mayoría de los fines.


La legión de admiradores que cosechó Sagan en todo el mundo, unidos a través de las distintas culturas por una experiencia común que se suele describir en términos relacionados con la inspiración, el despertar y hasta el cambio de vida, es testimonio vivo tanto de la naturaleza esencial de esta capacidad comunicativa, como de la acritud comparable de los métodos "didácticos" unidireccionales (tema insoslayable pero aparte es el del éxito que demostró ser el formato televisivo para la divulgación de las ciencias en la era pre-cable, que apenas más tarde continuarían acá programas como La Aventura del Hombre y un poco después El Mono que Piensa -- y ya que estamos, ¿alguien se acuerda de la promesa de aquella época, Roberto Cenderelli?).

Y hay un lindo e inesperado broche final para esta anécdota. Santi 13.7 quedó satisfecho con mi explicación y con el ejemplo, pero me tenía reservada una sorpresa. Cuando nos volvimos a ver en casa al final del día, me dijo entusiasmado, con la cara iluminada:

-¿Sabés de qué nos habló la profe? Del cangrejo Heike.


lunes, 7 de abril de 2014

Mientras tanto, en Japón (II)



En cualquier lado, mudarse de casa o departamento siempre es un proceso estresante. En Japón, parece serlo un poco menos.

¿No sería fantástico poder dejarle las llaves a la empresa de mudanzas para que se encargue del "teletransporte" del mobiliario, sin que al día siguiente falte una sola tacita?

Las tantas noticias y tecnologías maravillosas y bizarras que nos llegan de Japón pueden relegar al segundo plano a esa pirámide de eficiencia naturalizada que es, al fin y al cabo, sobre la que se asienta toda aquella magia.

Y sin embargo, es probable que las mayores sorpresas -y, para los foráneos, las mayores distancias relativas- se hallen en esas bases cotidianas, ordinarias, y no tanto en los robots empáticos o en la realidad aumentada.

La RAE define "Tecnología" como:

1. Conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico.
2. Tratado de los términos técnicos.
3. Lenguaje propio de una ciencia o de un arte.
4. Conjunto de los instrumentos y procedimientos industriales de un determinado sector o producto.

Estoy seguro de que si le preguntamos al transeúnte medio, su respuesta se ajustará principalmente a la cuarta acepción, con énfasis en la parte de los instrumentos.

Pero la primera en particular revela que nuestra concepción de "tecnología" es algo estrecha. Que no tiene que ver exclusivamente con metales superconductores, lubricantes o chips, sino que involucra un sentido más amplio de aplicación que incluye a los procesos, estándares y, por qué no, a cualquier secuencia de hábitos que nos sirva para bajar de peso o aquietar la mente. En una palabra, el foco de la palabra "tecnología" se divide entre el instrumento y el aporte humano.

Y he ahí, una vez más, la madre del borrego.


miércoles, 15 de enero de 2014

La abeja que restauraba esculturas




El amigo MAD me envía el dato sobre Aganetha Dick, una artista canadiense que se dedica, entre otras cosas, a la APIESCULTURA. No es un typo, aunque sí un neologismo: Aganetha aclara expresamente que no sabe nada de apicultura, y sólo está interesada en las abejas en cuanto a sus patrones de comunicación, su comportamiento, su importancia relativa dentro de un marco de investigación sobre lo que ella llama "el poder de lo pequeño", y especialmente, sus habilidades artísticas.


Es que Agnetha está embarcada en un proyecto de arte colaborativo con las abejas. Con la ayuda de un apicultor real, cada tanto va y deja objetos dentro de una colmena. Al retirarlos después de un tiempo, los objetos aparecen transformados, recauchutados, "intervenidos", diríamos, con panales de pura hechura apícola que les dan un aspecto que va de lo lírico a lo inquietante.

 

Agnetha comenta que selecciona objetos deteriorados o gastados, ya que a las abejas -meticulosas e incansables como son- les encanta reparar y enmendar. Como estímulo para el trabajo, manda un cachito de propóleo o miel. Del resto se ocupa el OCD abejil.


Los resultados son sorprendentes. En algunos objetos, el tejido hexagonal completa un tul o un brocado; en otros sugiere el ectoplasma de un vínculo metafísico, como el que une a dos amantes en un beso; en otros adopta la disciplina espacial de una herrumbre progresiva; los más ominosos evocan imágenes cinematográficas de terror clase B, donde aparecen cuerpos invadidos por criaturas informes, o tal vez semihundidos en el capullo de algún xenomorfo de inspiración Gigeriana.



Aganetha también trabaja con biólogos y esta veta artística es una expresión de su interés por la comunicación inter-especies. También se pregunta cómo sería un mundo sin abejas, algo que confieso nunca se me ocurrió cuestionarme, tal vez porque mi reacción primaria cuando veo una abeja es la de poner entre nosotros la mayor distancia posible en el menor tiempo posible. Patético, estoy al tanto.


Via | The Jealous Curator

viernes, 20 de diciembre de 2013

Dónde está LEGO en CERN-land


A esta altura muchos si no todos habrán oído hablar de Google Street View, la tecnología de Google que nos permite casi casi jugar a Myst pero en entornos reales y que hace un par de meses incluyó a Buenos Aires.

Esta vez le tocó al CERN (siglas de la Organización Europea para la Investigación Nuclear), el inmenso laboratorio que en 2012 fue noticia por haber detectado un bosón de características similares a las del elusivo Higgs.

Ya el Google Street View parece un juego, pero los científicos del CERN decidieron llevar la idea más allá. Antes de que llegaran los muchachos de Google con sus cámaras, escondieron 20 figuras de LEGO en los dos pisos del centro de cómputos y anunciaron una "búsqueda del tesoro" pública por medio de Google Street View.

Los participantes tienen tiempo hasta el 31 de enero para encontrar al menos 3 figuras LEGO y enviar sus capturas de pantalla (detalles aquí, ¡incluidos mapas para la búsqueda!). Después se hará un sorteo y el afortunado ganador podrá elegir un regalo de la tienda del instituto.

El laboratorio es grande y hay que tomarle la mano a la navegación con GSV, pero la cosa tiene ese encanto clásico que conocen los fans de los libros de Wally y de todos esos juegos casuales donde hay que buscar objetos. Con el agregado del inmenso factor geek, por supuesto. Los LEGOs aparecen como duendes pescados in fraganti mientras juegan entre los cables y los gabinetes. Abajo está mi único descubrimiento hasta el momento:


¡Ajá? Algo sospechoso arriba de ese armario... a ver el zoom...

¡Piedra libre para... eh, Pocahontas?


Pueden empezar a jugar aquí.


jueves, 12 de diciembre de 2013

Razón #375 para hacer ese curso anti-stress



Había una vez un tiempo de inocencia individualista en el que nos figurábamos más o menos separados del resto del mundo. Un tiempo en que nos repetíamos, como consuelo, que nuestros muchos mambos acumulados a lo largo de los años no molestaban en definitiva a nadie más que a nosotros mismos o, a lo sumo, a quien nos tuviera que soportar de cerca.

¿Escuchan eso? Es el sonido de otra ilusión agrietándose. Como si uno no tuviera las manos llenas lidiando con los problemas de la propia existencia, un nuevo e inquietante estudio publicado en la sección Neuroscience de Nature.com nos sugiere que nuestros traumas, triggers y miedos no sólo pueden afectar nuestro entorno más o menos cercano (algo de fácil verificación con cualquier modelo casero de contagio psicológico) sino que pueden transferirse directamente a nuestra descendencia valiéndose de, cuándo no, esos molestos genes.

Los experimentos mostraron que un evento traumático podía afectar el ADN del esperma y alterar los cerebros y el comportamiento de generaciones subsiguientes. (...) El profesor Marcus Pembrey, del University College London, afirma que los descubrimientos fueron "muy relevantes para los casos de fobias, ansiedad y trastornos por estrés postraumático" y que brindaron "indicios convincentes" de que existe una forma de memoria que se transmite entre generaciones.

"Es hora de que los investigadores abocados a temas de la salud pública se tomen en serio las respuestas trasngeneracionales humanas", agrega.

"Sospecho que hasta que adoptemos un enfoque multigeneracional no terminaremos de entender las razones del aumento de los trastornos neuropsiquiátricos, ni de la obesidad, la diabetes o cualquier tipo de disfunción metabólica."

Todo esto tiene que ver con el estudio de la epigenética, es decir, de las variaciones de expresión de los genes (fenotípicas) que no surgen de un cambio en la secuencia de los genes mismos, sino que se inducen por cambios en el entorno. Y que se heredan.

Estas líneas de investigación trabajan en la frontera de la ciencia de nuestros días, con resultados que no se comprenden aún en su totalidad. Lo que está claro es la inadecuación de ciertos axiomas de la genética clásica. Me gusta compararlos con la papilla que hizo la astronomía moderna (desde la misma invención del telescopio) con el concepto de la inmutabilidad de los cielos que antiguamente se presumía axiomático.

Tal vez estemos a las puertas de una revolución similar. De prosperar este estudio (que involucró ratones, olores y cambios en comportamientos), y sin mencionar los efectos potenciales sobre el tratamiento de las sintomatologías o enfermedades mencionadas, agregaría toda una dimensión nueva (biológica) a la noción de responsabilidad personal, y la importancia del breve lapso en que podemos ejercerla durante nuestro paso por esta tierra.

En otras palabras, puede ser que podamos dejar atrás algo más que actos, pensamientos, escritos o ejemplos. Nuestra misma reacción al mundo que nos rodea hoy puede tener más influencia de lo que imaginamos en la confección del mundo de nuestros hijos.

El estudio se centra en la transmisión de aspectos que podríamos llamar negativos e irracionales. Es probable que esto se deba a que son mucho más fáciles de observar. Pero la puerta queda abierta para indagar, por qué no, sobre la transmisión de estructuras más complejas. Si los males pueden pasar, ¿qué hay de las virtudes? Tal vez la respuesta a esa pregunta sea la base de la próxima revolución.


Via | BBC News

martes, 10 de diciembre de 2013

Hour of Code: ¿qué quieres programar hoy?




Hace un par de posts me ponía nostalgioso y lamentaba la suerte que habían corrido aquellos primeros movimientos para la enseñanza de programación en la escuela, que coincidieron con la irrupción definitiva de las computadoras personales en nuestras vidas de todos los días.

Comentaba cómo me parecía extraño y paradójico que a pesar de que ese footprint tecnológico no ha hecho más que aumentar, los esfuerzos escolares en el sentido de entender el fenómeno parecen haberse estancado en una rutina utilitaria mucho menos interesante que lo que hacían suponer esos primeros pasos de unas décadas atrás; un "retroceso" a nivel mundial que acompañaba progresos como la simplificación de las interfaces y la accesibilidad masiva a prodigios de la capacidad computacional.

Fue entonces algo poco menos que providencial que ayer me encontrara con un link perdido e intrigante al pie de la página de Google. Siguiéndolo llegué al sitio de Code.org, una ONG dedicada al fomento de la enseñanza de programación en todos los niveles educativos, y que en estos momentos está llevando adelante un programa de mucho interés y relevancia para mis cavilaciones anteriores.

El programa se llama Hour of Code, y es literalmente una invitación extendida a personas de 8 a 106 años para que hagan sus primeros pinitos en programación en la forma de un mini-cursillo online, gratuito, multi-idioma y orientado a la práctica inmediata.

Bajo el slogan de "Anybody can learn", el mensaje central de Hour of Code es que cualquiera puede programar, y como para reforzar esta idea el video introductorio cuenta con la participación de personalidades disímiles como Bill Gates, Shakira, Angela Bassett, Mark Zuckerberg, Ashton Kutcher, etc. entre otros deportistas, artistas y hasta científicos de NASA.

Si uno acepta el desafío y presiona el botón de Comienzo, podrá resolver 20 ejercicios de dificultad gradual que lo llevarán de la mano en un tour por las estructuras básicas de todo lenguaje de programación moderno (do-while, repeat-until, if-then-else, etc). Los ejercicios son puzzles muy sencillos que consisten, por ejemplo, en ayudar a un personaje a recorrer un laberinto por medio de instrucciones que se arman con bloques visuales al estilo de Scratch (para los que se animen, también hay un botón que permite traducir el pseudocódigo a un simple listado en Javascript).

Y por supuesto, las comparaciones con LOGO son inevitables. ¡Cómo no podrían serlo! Como dije, los puzzles son visuales y extremadamente sencillos -el foco está en los bloques de instrucciones- y tienen el encanto adicional de estar protagonizados por los archiconocidos personajes de Angry Birds y Plants vs. Zombies.


Confesión: siempre estuve del lado de los cerditos.

Cada cierto número de ejercicios, una vez que ya se domina una estructura, aparece un video de 2 minutos que introduce la siguiente herramienta. Estos videos están narrados por algunas de las celebrities espónsor (la idea está buena, aunque da un poco de gracia ver a un Zuckerberg medio perdido mientras lee tarjetas fuera de cámara, por no mencionar a Gates explicando risueñamente la importancia del IF-THEN).

Al terminar los 20 ejercicios el participante recibe un diploma personalizado y pasa a engrosar las estadísticas de líneas de código completadas (al día de hoy, notablemente, las chicas representaban el 56% de cursos terminados contra el 44% de los varones).

Y la cosa no termina ahí, ya que la idea es que la experiencia sea una plataforma de lanzamiento. Inmediatamente después del curso introductorio aparece una página donde los interesados pueden encontrar un vergel de ofertas de cursos gratuitos para principiantes (incluidos algunos de Stanford y Coursera.org): temas como Ruby, Python, PHP, HTML5, incluso programación offline, todos categorizados en áreas de interés (robótica, desarrollo web, etc), según sean aplicaciones para escritorio o móviles, y destinadas a chicos de primaria, secundaria, universitarios o de cualquier edad. Code.org parece querer evitar a toda costa que la gente se abatate o tema dar el siguiente paso: para ello presenta muchos caminos para continuar con este viaje apasionante.

El sitio incluye además muchos recursos para educadores y padres y alienta expresamente a trabajar con las comunidades locales, escuelas, familias, etc. para difundir las bondades de las ciencias de la computación. En la sección How to Help uno puede enterarse de cómo introducir el programa en su su propia escuela o comunidad, y queda registrado en la página con mapa y todo (de momento, Argentina está representada por un/a valiente del laboratorio de informática del colegio Sagradísimo Corazón de Jesús, Moliére 810, quien al parecer ya trabaja con Scratch).

Me encanta cómo el sitio va al grano y no pierde tiempo en introducciones o historias. La definición del hands-on. Dice miren, háganlo, vean qué fácil; fíjense ustedes cuánto hay de mito y excusas. Tiene una actitud envidiable que contagia e inspira. Por último, está claramente interesado en que el movimiento continúe más allá de la degustación y de inmediato pone un montón de ofertas al alcance, como para que uno aproveche el impulso. 

Hour of Code me parece una de las iniciativas más didácticas, entretenidas y enfocadas que he visto para difundir al menos de qué se trata la ciencia-arte de la programación, o para empezar a entender, como menciona uno de los participantes de los videos, por qué "es lo más parecido a tener superpoderes".



Nota: el idioma predeterminado de todo el contenido es inglés. Pero los ejercicios están completamente traducidos al español, aunque la opción para cambiar el idioma está algo escondida en el rincón inferior izquierdo de la página. Así que tampoco quedó esa excusa.

jueves, 5 de diciembre de 2013

El agridulce ocaso de las elites




Voy a aprovechar esta oportunidad para comentar dos eventos de esta semana que fueron notables no sólo por sus propios méritos, sino porque se combinaron como un brutal uno-dos a la mandíbula de algunas ilusiones de entre las tantas que construimos a diario para vivir y sobrevivir en Argentina.

Una de estas ilusiones refiere que el país tiene un nivel educativo más o menos bueno. Que zafa. Veo mucho de tradición en esta creencia, y de confianza en viejas glorias. Las justificaciones que oigo normalmente se escudan en ejemplos y comparaciones seleccionadas con cuidado entre aquellos casos que están aún peor. Curiosamente, esto se hace sin indicios de humor. No es raro que se remate con alguna verdad de Perogrullo, del tipo de que todavía "queda mucho por hacer", que parece poco más que una invocación a la misma gradualidad que actúa como narcótico y que viene hirviendo esta rana desde hace demasiado tiempo: la idea de que los problemas se van a ir solucionando, de que es todo una cuestión de recursos, de que en definitiva alcanza con tirar plata e infraestructura encima, o de que dichos problemas están totalmente divorciados de la paradoja de un contexto social diseñado para jugar perpetuamente en contra.

Las imágenes y testimonios que nos llegan de Córdoba pueden dar lugar a mil interpretaciones y/o lecciones. Por ahora, prefiero quedarme con la confirmación de varias sospechas con respecto a la presión que viene levantando el magma bajo las placas, junto con la constatación de que las "sensaciones" eran, por supuesto, proyecciones basadas en la realidad más evidente, dado que la Policía parece ser la última línea de defensa antes del colapso de la civilización, o por lo menos de la aparición de escenarios de Far West / Zombie Apocalypse modernos, completos con vecinos armados, puntos fortificados e intentos de linchamiento. Aunque la pregunta inmediata que me surge es, ¿no será que la civilización ya cayó, y la policía -o las leyes, o lo que queda de los organismos de cumplimiento- están solamente sosteniendo el tinglado?

Lo cierto es que removido momentáneamente el tapón de la fuerza pública brotan como un géiser los episodios de caos y destrucción, y desfilan las ya familiares imágenes de saqueadores cargando a los apurones cervezas, ropa, celulares, electrónicos y por supuesto LCDs (el artículo icónico, tal vez, de la concepción argentina de welfare y cuya sinergia con la recientemente designada necesidad básica nacional, El Fútbol, ilustra como pocos ejemplos el disloque que sostiene la pantomima), y usando como transporte lo que venga, sean autos, motos o carretillas.

La incómoda comprobación de que el tejido social del tan manoseado "pueblo" está tan destartalado que necesita presencia policial 24/7 para mantenerse en pie puede llevar a conclusiones rápidas que esconden escapes sutiles. Será por mi costumbre de mirar patrones y sistemas que desconfío de las compartimentaciones y tiendo a ver los fenómenos como una presión continua donde los hilos se cortan por las partes más finas. En otras palabras, me interesa más analizar un poco el caldo en el que se cuece este guiso particular, y sobre todo -sin nunca deslindar responsabilidades directas- en qué forma lo condimentamos aquellos que nos sentimos del otro lado de la raya que trazamos en el suelo.

Mi opinión, y estoy al tanto de su escasa originalidad, es que estamos viendo una expresión más de la disfunción nacional que tiene que ver con la bancarrota ética que sufrimos y celebramos con igual intensidad desde hace demasiado tiempo.

Si con el golpe a la mandíbula uno queda groggy no es tanto por el impacto puntual sino por la frecuencia con que se suceden imágenes similares a estas, como postales de un lugar extraño. No tenemos que buscar las instancias más impresionantes: las más reveladoras de hecho son las anodinas, las que asombran por lo triviales o innecesarias. Están por ello, creo yo, más cerca de la base del problema. Consideremos el ejemplo del camión de gaseosas que volcó en la ruta hace unos días. Las imágenes de TV mostraban cómo los autos paraban expresamente su marcha no para ayudar a la recolección, sino para hacerse rápidamente con un botín carbonatado.

Podemos imaginar una justificación probable, porque internamente mantenemos y curamos una base de racionalizaciones a mano, como una base de aperturas de ajedrez: las únicas perjudicadas son al fin y al cabo las empresas de gaseosas, y como son grandes y privadas son malas; ergo, afanarme una botella es justo, casi te diría heroico. Pongámosle un moño al razonamiento. Y si eso falla, es una botellita, che.

Tal vez nos gusta engañarnos con la idea de que el tamaño o el impacto de lo sustraido está en relación directa con la gravedad del hecho. Tal vez haya casos en que se justifique más tolerancia; la realidad sin embargo parece indicar que esta racionalización se usa libremente. En el seno de este pensamiento ejercitado una y otra vez está el mismo germen que dispara los hechos más graves cuando todo se reduce a una cuestión de escalas.

El nativo de estas tierras manifiesta tal amor por la transgresión indiscriminada (la que ya se hace por placer) que es prácticamente un estigma cultural, invisible de tan asimilado, que no distingue entre estratos, estilos de vida ni profesiones, y que se expresa desde el vandalismo endémico del espacio público hasta las declaraciones juradas de los que administran los destinos -e irónicamente, la situación fiscal- de millones. El condimento que habitualmente sella la decisión de encarnar una vez más el dicho "la ocasión hace al ladrón" es el de la pulsión consumista, que tanto se inocula para vender celulares como para terminar identificando a una persona con lo que posee o idolatra. Eventualmente, esas posesiones/idolatrías se convierten en fines últimos. Trofeos por los cuales vale torcer cualquier regla, o incluso matar o morir.

¿Es justo enfocarnos en los saqueos de Córdoba como un hecho aislado?

NADA MÁS IMPORTA. Oliver Stone, de Salvador a sponsorear mensajes tóxicos para DirectTV.
Más allá de que estos eventos lastimosos se "resuelvan" y pasen al olvido la semana que viene, se superpusieron esta vez con la noticia de la publicación del último test PISA (PDF, en inglés), un estudio fantástico que en lo personal vengo siguiendo desde hace unos años con el consiguiente desaliento que acompaña cada nueva edición, que la verdad duele y es justo que duela. Es difícil que la desafortunada conjunción de ambas noticias no sugiera un correlato, aunque el vínculo no sea del todo admisible o justo.

El test PISA puede tener sus problemas. Puede no ser óptimo para retratar correctamente procesos emergentes, como afirman sus detractores, y eso se corroborará o no en los años venideros. En otras áreas del informe, no relacionadas directamente con la evaluación de conocimientos, tropiezan también otros países desarrollados. Pero el impacto de la fotografía instantánea, de la afirmación "los chicos de 15 no entienden frases simples", es innegable y resquebraja esa ilusión perenne del argentino medio ilustrado, sobre todo si pensamos que todavía tenemos a nuestro alrededor los ¿últimos? coletazos de las generaciones que fueron educadas con otros estándares, y no tenemos mucha noción de lo que se nos viene encima.

La ficción y el oscurantismo que rodea a la educación en Argentina es similar a la que veo envolver a la ciencia y la tecnología. Pienso que tal vez convenga revisar más profundamente de qué hablamos cuando decimos "ciencia". A mi entender, no hay presupuesto ni show faraónico que disfrace la real vocación científica de un país que practica la distorsión -por mencionar una de las más populares- de índices esenciales como práctica sistemática: es nula. No podemos ni empezar, lo que parece ser la meta.

El interés por la ciencia es un subconjunto del interés por la observación objetiva de la realidad, y cuando en una sociedad este interés tiende a cero o es directamente negativo (se ocultan datos, se ataca la misma noción de objetividad, se alientan pasiones y frivolidades, se aplica lógica de facción, etc.) no hay mucho más que decir. Esta actitud está en la raíz de que "nada funcione", como reza la correcta percepción popular. Engañarse en este punto es no entender el principio que anima tanto a la ciencia como a cualquier búsqueda de la verdad. Es, en el mejor de los casos, estar hablando de otra cosa. En el peor, abrir una caja de Pandora.

Y hablando de intereses reales vs. ficticios, Guillermo Jaim Etcheverry una vez más da en el clavo con una frase sencilla: "Acá hay un desinterés por el saber", una versión más suave del desprecio por el conocimiento al que aludía en su famosa obra La tragedia educativa. No es necesario buscarle el pelo al huevo, la disfunción es de fondo. No hay interés por números reales, no hay interés por la realidad, no hay interés por el saber, y la conclusión incómoda es que no hay interés por cambiar la situación de nada ni nadie; sólo mantener la ilusión de remar en el vacío.

Conviene ser honestos con uno mismo y hacerse las preguntas difíciles. ¿Cuánto creemos en el valor del "saber" que menciona Etcheverry? Por un lado, para una enorme cantidad de personas el "saber" es una entelequia inútil, una distracción de beneficios difusos que no garantiza ni el nuevo celular, ni la cena afuera, las pilchas o el depto. Mucho menos el éxito -- prendamos el televisor para comprobarlo con más contundencia que mil libros de sociología.

Pero incluso entre los que intuyen algo más parece haber una enorme desorientación, rutinas -mandar a los chicos al cole entre ellas- que se siguen muchas veces por inercia pura. Como si el educar fuera una acción estrecha y mecánica que se terceriza a una institución, desconectada de toda planificación o entendimiento de la importancia estratégica que tienen ciertos conocimientos vitales para el desarrollo de un chico en una edad-esponja. Y no hablo de los de matemáticas o comprensión de textos, contenidos inocentes que no resuelven - no podrían- el problema real, sino de los que vienen adosados a aquellos en forma de esfuerzo, valores y virtudes cuya difusión y desarrollo nutren los aspectos más admirables de nuestra especie.

¿Valdrá la pena todo eso?

La película de Mike Judge Idiocracy; mucho humor negro para retratar una sociedad futura
en la que el saber decididamente ya no ocupa lugar

Sigue Etcheverry: "Es sugestivo que la cantidad de alumnos con altos niveles de comprensión lectora sea sólo de 0.6 % en el país (2,5 % en la CABA, 13 % en Canadá, 25 % en Shangai), lo que demuestra que ni siquiera contamos con una elite a la que le interesa la educación." ¿Quién iba a decir que íbamos a lamentar no tener más elites? Aunque supongo que la idea era que desaparecieran porque todos nos habíamos puesto a su alcance, y no por el motivo contrario. De todas formas el concepto de élite es convenientemente vago y flexible. Hablemos, en cambio, de percentiles sobre bases de rendimiento uniformes, y tal vez descubramos que las elites de hoy eran los alumnos medios de hace unos años, y que no es que ellos avanzaron sino que el mundo entero dio un paso atrás. ¿Dejaremos entonces la semántica de lado? Las elites nunca fueron el problema real.

La rana se hierve. Los apologistas designados a tal fin llamarán a los fracasos manifestaciones de procesos estructurales en marcha, o algún eufemismo por el estilo. Existe una mínima chance de que tengan razón. Pero yo pienso que las fotografías escrachan cómo supuran los poros de una sociedad golpeada y con hemorragias internas. Que se corresponde con los machucones que deja la pulverización de las leyes y las formas en lo externo.

Olvidemos a la dirigencia, que justamente por su posición, responsabilidad y actitud general se erige como el principal actor de destrucción. Toda la cháchara sobre educación se estrella con la siguiente frase bestial, amenaza, discurso de barricada o delito directo. La educación requiere esfuerzo, amplitud, autoevaluación, amor por la objetividad, perspectiva y espíritu de duda, todos valores en fuga; no alimenta militancias ciegas ni sirve para crear una base electoral confiable (por lo dependiente) sino que más bien conspira contra todas estas cosas. Es básicamente imposible que la educación sea una prioridad política. La sociedad está librada a su suerte, y el tema es que no le encuentra la vuelta que debe empezar a buscar a nivel individual.

El riesgo anunciado es que pasemos el punto de no retorno. Que esta disfunción se arraigue en un sedimento más tenaz y nocivo que cualquier crisis económica. Que la insania y la violencia, definitivamente instaladas en el centro del pulpo, se filtren por las grietas a todos los estratos como un modus vivendi definitivo, y que ética, respeto o responsabilidad personal pasen a ser conceptos "de elite", esa misma que ya no existe. Un plan casi perfecto.