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viernes, 18 de julio de 2014

Música de viernes: So geh'n die Gauchos




Atrás ha quedado un nuevo mundial de fútbol, y tengo que decir que estuvo entre los más entretenidos que recuerde. Muchas sorpresas, gran despliegue de habilidad en el campo, muchos momentos de tensión notable y definiciones de último minuto, y algunos resultados absolutamente shockeantes, con grandes potencias eliminadas de inmediato y equipos menores con sed de victoria; todos fueron elementos de una copa memorable que siguió cumpliendo y ofreciendo emoción hasta el partido final.

Otra cosa es cómo se vivió desde este rincón del mundo, y ahí aparecen las figuritas de siempre, que no por ser repetidas son más felices. El entusiasta básico local (i.e., no el fanático) tuvo que tolerar el show biz acostumbrado, hoy con la venia de haberse convertido en prioridad de Estado. Fue un mes ininterrumpido de parafernalia chauvinista, práctica sistemática de argumenta ad populum y pensamiento mágico y celebración desembozada de valores tribales, todo desfilando sin parar, 24/7 y con el dial clavado en "11" por cuanto medio de comunicación ha sido creado por la criatura humana, que hoy son muchos.

Ahí estaban Gillette y Claro en cada pausa de Youtube, apuntalando con voz cálida y cortina musical de crescendo épico las escenas en cámara lenta de fans en pleno rapto de euforia y/o llanto desconsolado, o de chiquitos agitando banderas -siempre una imagen conmovedora-, y explicándonos cómo el fútbol, entre otras sorprendentes cualidades terapéuticas, nos hace "mejores argentinos". Una afirmación un tanto extraña, pero cuando uno está inmerso en plena coprofagia acrítica inducida por marcas y corporaciones millonarias, ¿quién va a detenerse en mezquindades semánticas?

Además pasa en todo el mundo. Hasta aquí, eso.

Pero tal vez el residuo más tangible de este bombardeo incansable haya sido una cancioncita insidiosa dirigida a nuestros vecinos brasileros, que nació aparentemente como uno de esos salmos de cancha con melodía pop prestada y que terminó saltando a una fama fulminante. Empezó a salir hasta en la sopa Knorr. La cantaban chicos y gente grande, por poner un adjetivo. Y se hizo tan y tan popular que se convirtió en desafortunado himno de la copa 2014. Tanto fue así que hasta los granaderos se le animaron, por si los creativos de las agencias y los otros "creativos" detrás del pibe que nunca ganó un Mundial y su abuelo pornográfico no hubieran reforzado lo suficiente esa idea de patria=fútbol como lubricante, siempre increíblemente efectivo, para vender productos caros o ideas baratas.

Pero la suerte del cántico lo selló, por sobre todas las cosas, el ingrediente infaltable de tantas de nuestras producciones populares: la viveza criolla y la gastada. Una inocentada no habría pasado a mayores. Fue ese rasgo que nos hace tan adorables y, sobre todo, tan confiables cuando se trata de golpearse el pecho por el motivo que fuere, mucho más representativo que los paños coloreados. Ese rasgo que se brinda con tanta generosidad en un sentido unidireccional, pero que se rechaza con desprecio e ira cuando algún insolente pretende una devolución. ¿Qué quieren, loco? Hay que ser buenos en algo.

Los muchachos respondieron al llamado del mantra con presteza inusual, y en esa sí que le doy la razón a las hagiografías futboleras que destacan los beneficios para la unión del clan: ancianos y niñitos, vírgenes futbolísticos o barrabravas, oficialistas y opositores, se prendieron absolutamente todos.

Convendrá tal vez marcar posición. Para mí, aún entendiendo y aceptando de buena gana esta dramatización moderna, aún alentando a los 11 gladiadores que hoy pelean con pelota frente a nuestro coliseo virtual y agradeciendo -en el fuero íntimo- que estas cosas no se resuelvan ya sanguinariamente en la arena, el mayor gozo es descubrir que todo sigue siendo un juego. Por eso el deleite de las anécdotas que nos traen a tierra como, por ejemplo, enterarme de que Klose y Biglia, lejos del drama y la batalla, juegan tenis juntos todas las semanas. Por contrapunto, las líneas que dividen la realidad de la ficción y que inevitablemente se difuminarán frente al cóctel de pasiones e intereses económicos me generan una serie de cosas que van desde el desagrado al pavor, según se van revelando las distintas implicancias.

¿Qué pasa con la música, entonces? Pues que el popularísimo cantito de marras, como puntualmente reportaron los medios, se apropió de la melodía de ese temazo de Creedence, Bad Moon Rising. Y aunque el recuerdo de su versión futbolera me persiga ya de por vida, me parece que lo divertido, sobre todo en retrospectiva y viendo cómo terminó el Mundial, habría sido que alguno de sus cultores locales se hubiera detenido a examinar la letra del tema original, que terminó pisoteada bajo la xenofobia soft y de cabotaje; porque tal vez ese fan atento habría podido advertir una cualidad premonitoria detrás del tono apocalíptico. Che paren, ¿alguien entiende de qué habla? ¿No leyeron la quinta estrofa?

Hubiera estado bueno. Porque inevitablemente llegó el tiempo de la schadenfraude.

Unos días después de la derrota final, se armó un escandalete cuando un grupo de teutones demostró una insolencia doble: nos gastaron después de habernos ganado. Inaceptable. Eso no lo pueden hacer. Acá la gastada arranca desde mucho antes de ganar o siquiera competir; y se intensifica cuanto más sufre el rival a manos de otros. No sólo eso; participan políticos, jugadores, granaderos, medios grandes y pequeños, multitudes autoconvocadas. La gastada con nosotros es distinta, porque nos define. Es una expresión más de esa pasión de la que hablan las publicidades que tanta plata invierten para justamente definirnos.


(Paréntesis para una brillante escena de Community que en apenas 18 segundos recorre algunos de los clichés que los publicistas argentinos abrazan sin ironías a la vista).

Por eso el privilegio es unidireccional y nuestro. A nadie acá se le ocurriría aguar la fiesta con alguna mención de escrúpulos, prudencia, modales o tonterías por el estilo a lá Der Spiegel. ¿Cómo se va a poner la prensa en contra? Sería como tirarse contra el dulce de leche. Contra la pasión, el alma, la garra, etc. Y definitivamente no sería amar a Argentina o a la bandera. Sería, más bien, como que todo lo contrario.

Así planteado el asunto, es lógico que surjan defensores a la altura. Y no hablo de Garay, o Rojo. Como para dejar en claro la gravedad de la infracción, un famoso relator recientemente galardonado por su labor periodística respondió al agravio tildando a los insolentes, lisa y llanamente, de nazis. Así, se responde al límite cruzado con munición de igual tenor. No hay que ir con chiquitas cuando se jode con el fútbol, o lo que es lo mismo, la patria.

En suma, es muy posible que el fútbol, como dice Gillette, nos haga mejores argentinos. El tema es si nos hace mejores personas. Ahí el jurado todavía no volvió al recinto, pero cualquiera sea el veredicto seguro que el Mundial no tiene la culpa.


Bad Moon Rising
John C. Fogerty

I see the bad moon arising.
I see trouble on the way.
I see earthquakes and lightnin'.
I see those bad times today.

Don't go around tonight,
Well it's bound to take your life,
There's a bad moon on the rise.

I hear hurricanes a blowing.
I know the end is coming soon.
I fear rivers over flowing.
I hear the voice of rage and ruin.

Well don't go around tonight,
Well it's bound to take your life,
There's a bad moon on the rise.

Hope you got your things together.
Hope you are quite prepared to die.
Looks like we're in for nasty weather.
One eye is taken for an eye.

Well don't go around tonight,
Well it's bound to take your life,
There's a bad moon on the rise.

Don't come around tonight,
Well it's bound to take your life,
There's a bad moon on the rise.




miércoles, 7 de mayo de 2014

¿Sueñan los androides con...Selfies?




Mi murciélago muerto del post anterior le recordó al amigo MAD el final de Blade Runner (1982).

Por pura casualidad, hoy me encuentro con esta serie de selfies capturadas por la actriz Sean Young mientras se estaba rodando la película. Las fotos la muestran muy divertida posando junto a algunos compañeros del elenco y el staff (aunque sólo puedo reconocer a Rutger Hauer y a un sorprendido/aterrado Harrison Ford).

En otras fotos aparece caracterizada como su personaje, la enigmática Rachel.





Para tomar estas instantáneas Young usó una cámara Polaroid, ese aparatejo maravilloso que en ese entonces no habrá representado la innovación que hoy encarna, digamos, Google Glass, pero casi. Salvo la low-res entrañable y un leve efecto difuminado de película setento-ochentosa, las fotos parecen haber sido sacadas ayer; testamento tal vez de la calidad de la máquina.


Más de 30 años más tarde, con todo el alboroto que arma todo el mundo con las selfies, me imagino a una Sean Young madura, donde sea que esté hoy, exhalando un suspiro, meneando la cabeza y diciendo "bah!".

El juego completo de 20 fotos puede verse en el sitio Retronaut.com, que es casi casi tan maravilloso como una Polaroid en los ochenta.


Via | Retronaut


martes, 28 de enero de 2014

Carlsen, Asimov y mis problemas con los escaques




Continuando con mi hábito de asociarme a grandes personalidades de la historia por medio de rasgos triviales, como un piojo que salta a la cabeza de un gran señor que acierta a pasar por ahí, esta vez rescato una cualidad que me une a Isaac Asimov: él también era muy malo jugando al ajedrez.

Asimov era, por supuesto, un portento intelectual; pero según él mismo admite en la tercera de sus autobiografías, su ego había crecido a la par de sus éxitos editoriales. Esto complicó un poco el tema cuando descubrió que su desempeño como jugador de ajedrez era... inferior a la media:

"Con el curso de los años, descubrí que todos me ganaban, sin importar raza, color o religión. Yo era, simplemente, el más horrendo jugador de ajedrez de la historia. Eventualmente, dejé de jugar".

Aun si no hubiera contado con una autoestima de dimensiones cósmicas, la suya me parece una reacción plausible para un tipo que escribió más de 500 libros sobre básicamente todas las disciplinas científicas conocidas por la humanidad, sin dejar afuera a las ciencias sociales, Shakespeare o incluso la Biblia, y que recibió en vida todos los honores correspondientes a su labor como docente y difusor de la ciencia, incluidos un asteroide y un cráter lunar que llevan su nombre. Un tipo con una disciplina prodigiosa, capaz de escribir decenas de miles de palabras por día (encantador este artículo del NYT de 1969) sobre partículas subatómicas o los segundos que sucedieron al Big Bang, ¿y el ajedrez se le resiste?

La verdad es que salvando los abismos que me separan de Isaac en cuanto a CI y comprensión de las leyes físicas que gobiernan nuestro universo, a mí también me costó aceptar el hecho de que el ajedrez parece estar fuera de mi alcance. Y no quiero decir algo que depende de mayor esfuerzo, o de encontrarle la vuelta, como si fuera una materia complicada de Exactas. Hay algo en el ajedrez que no llego a aprehender, una sustancia contradictoria. Algo que parece ilógico siendo completamente lógico y que siempre parece estar un paso más allá del horizonte de mi capacidad.

Tal vez por esa frustración me intriga saber sobre las cualidades que hacen a un Gran Maestro. En su momento recuerdo haber leído sobre algunos aspectos excéntricos del legendario ajedrecista norteamericano Bobby Fischer. Me motivaba sobre todo la lectura de un librito de movidas* de ajedrez que tenía en ese entonces (Spassky-Fischer), pero pronto me interesaron más los rasgos de obsesión que caracterizaban al campeón en casi cada área de su vida.

Hasta noviembre del año pasado, Fischer era el único Campéon Mundial que había producido Occidente desde la Segunda Guerra. El título lo tiene ahora el joven noruego Magnus Carlsen (20 años) tras arrebatárselo a Viswanathan Anand. Carlsen lidera también el ránking internacional, que al parecer no es lo mismo que ser el campeón. Según su página de Wikipedia, el "attacking style" que predominaba en las partidas de su adolescencia fue desplazándose a un estilo más "universal".

Para alguien que cuando juega siente que está en una defensiva constante, apremiado por la necesidad de tapar huecos y sin perpectivas de dar vuelta el asunto, la diferencia entre un oponente agresivo y uno "universal" puede ser tan inasible como las distinciones que traza un enólogo de TV entre vinos "audaces" y "prudentes"; simplemente ni la mente ni el paladar cuentan con la granularidad necesaria como para discriminar a unos de los otros.



Tal vez por todo esto me gustó este match de Carlsen vs. Gates que salió hace unos días en un programa de televisión noruego. Sin duda que Gates es un tipo muy inteligente y es posible que tenga rasgos geniales. Pero a pesar de haber creado un imperio a los 20 años y de sentar las bases de la informática moderna, sin contar sus actividades filantrópicas ni su fama de visionario tecnológico, parece que como ajedrecista le falta un poco.

Y sí, ya sé que se está enfrentando a un pibe que fue Gran Maestro a los 13 años y que no tengo idea de lo que pasa en el tablero, a la velocidad que va. Pero en los 79 segundos (y nueve movidas*) que dura la partida puedo ver por qué se lo considera a Carlsen un jugador agresivo: en una parte hace un movimiento brusco que voltea una pieza. Yo, puedo asegurarlo, juego con mucho cuidado y no me permito esas tácticas baratas para desconcentrar al oponente.

¡Qué se le va a hacer! Carlsen es un genio desprolijo y Gates es un genio que juega tan mal al ajedrez como yo. Pequeñas conclusiones absurdas de un ego herido (aunque no tan grande como el de Asimov).


Update:
*: Un amigo "del palo" me palmea el hombro y me susurra que la palabra que busco es "jugadas", no "movidas". Le agradezco e inserto esta fe de erratas. Mi ego, a esta altura, ha decidido esconderse debajo de la pileta de la cocina.


Via | Open Culture

miércoles, 8 de enero de 2014

Olav & the Lute y la aventura colectiva




Para quienes tuvimos la suerte de vivir la edad de oro de la aventura gráfica allá a fines de los '80 / principios de los '90, el blog The Adventure Gamer es un placer especial. The Trickster es un australiano que ha decidido emular la gesta de Chet Bolingbroke en el pionero y muy aptamente denominado blog The CRPG Addict, que es ni más ni menos la de jugar todos los juegos de rol producidos para cualquier plataforma electrónica, del primero al último, y en orden cronológico. Chet ya lleva varios años invertidos en esta tarea ciclópea, una historia que combina en partes iguales obsesión casi enfermiza, genialidad y una administración del tiempo prácticamente sobrehumana, donde ya pasaron bajo el puente los Ultima más relevantes, muchos de la serie Gold Box de SSI, y por supuesto las entradas más antiguas del género que sólo podían jugarse en mainframe o terminales.

Desde hace un par de años Trickster lleva registro de un tour histórico similar pero dedicado a los juegos de aventuras publicados para PC. Trickster narra sus partidas con ingenio y mucho humor, alentando a los lectores a que jueguen junto a él, y de tanto en tanto -una serie de reglas autoimpuestas le impiden consultar soluciones online- solicita ayuda al público para resolver algún que otro puzzle. Yo sigo el blog desde el principio, y hasta me di el gusto de jugar a la par algunos viejos títulos que por uno u otro motivo habían quedado en mi tintero por más de dos décadas (notablemente, los Police Quest de Sierra).

Las bondades obvias de este enfoque metódico incluyen insights de primera mano sobre la evolución del género, pero hay un plus a mi juicio más estimulante; el blog de Trickster ofrece la posibilidad de encarar una experiencia colectiva que se acerca, un poco nomás, a aquella inigualable (y hasta ahora, inigualada) que ofrecía la aventura grupal de otrora, cuando varias cabezas se agrupaban frente a un monitor de 14 pulgadas para resolver algún acertijo tenaz entre bocados de pizza, o cuando los más astutos o perceptivos pasaban datos y anotaciones valiosas en el colegio sobre alguna solución que habían descubierto por su cuenta (o una fotocopia borrosa con las benditas claves que a veces se disfrazaban de puzzles); todo esto, por supuesto, antes de que la llegada de Internet, Google y los walkthroughs arruinaran toda la diversión.

Hace unos meses TAG convocó a un concurso / promoción que tuvo como objeto el juego Olav & the Lute, una aventura de distribución gratuita que fue creada por dos jóvenes alemanes sin experiencia en diseño. Se trata de un juego muy simple (completarlo lleva aproximadamente media hora) pero con gráficos y sonidos muy atmosféricos y agradables. Los fans del Loom de LucasArts lo reconocerán automáticamente como inspiración directa no sólo en la interfaz minimalista y el gameplay basado en indicios sonoros, sino también en la atmósfera, que es onírica y surreal. Es un muy buen punto de inicio para los novatos en el género y niños en general. El juego tiene página propia y puede descargarse allí.

Yo por mi parte tengo otro motivo menos desinteresado para destacar este título específico: resulté ser el ganador del concurso, cosa que me sorprendió mucho ya que no seguí el formato "correcto" de las entradas de TAG, pero también porque rara vez en mi vida he ganado algo. Sea como sea, me alegro de haber ayudado a difundir un poco este tipo de entretenimiento virtual, y mi entrada está aquí para quien desee leerla (eso sí, en inglés):
http://teseractia.blogspot.com.ar/p/blog-page.html




viernes, 20 de diciembre de 2013

Dónde está LEGO en CERN-land


A esta altura muchos si no todos habrán oído hablar de Google Street View, la tecnología de Google que nos permite casi casi jugar a Myst pero en entornos reales y que hace un par de meses incluyó a Buenos Aires.

Esta vez le tocó al CERN (siglas de la Organización Europea para la Investigación Nuclear), el inmenso laboratorio que en 2012 fue noticia por haber detectado un bosón de características similares a las del elusivo Higgs.

Ya el Google Street View parece un juego, pero los científicos del CERN decidieron llevar la idea más allá. Antes de que llegaran los muchachos de Google con sus cámaras, escondieron 20 figuras de LEGO en los dos pisos del centro de cómputos y anunciaron una "búsqueda del tesoro" pública por medio de Google Street View.

Los participantes tienen tiempo hasta el 31 de enero para encontrar al menos 3 figuras LEGO y enviar sus capturas de pantalla (detalles aquí, ¡incluidos mapas para la búsqueda!). Después se hará un sorteo y el afortunado ganador podrá elegir un regalo de la tienda del instituto.

El laboratorio es grande y hay que tomarle la mano a la navegación con GSV, pero la cosa tiene ese encanto clásico que conocen los fans de los libros de Wally y de todos esos juegos casuales donde hay que buscar objetos. Con el agregado del inmenso factor geek, por supuesto. Los LEGOs aparecen como duendes pescados in fraganti mientras juegan entre los cables y los gabinetes. Abajo está mi único descubrimiento hasta el momento:


¡Ajá? Algo sospechoso arriba de ese armario... a ver el zoom...

¡Piedra libre para... eh, Pocahontas?


Pueden empezar a jugar aquí.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Nerd vs. Geek: ayuda visual




Para aquellos que no lo tengan visto (ya tiene unos años), este práctico diagrama de Venn es una excelente guía para desentrañar la confusa taxonomía de etiquetas que los sajones utilizan para describir a los habitantes de ese gran continuum del social awkwardness. Es sin duda una herramienta de gran utilidad en vista de que dichas etiquetas vienen siendo adoptadas por otras lenguas y culturas sin mayor criterio.

El diagrama no parece tener autor definido pero desde hace unos años anda pululando por Internet, lo que por supuesto garantiza su absoluto rigor científico.


jueves, 12 de septiembre de 2013

El hombre que cambió un clip de oficina por una casa


¿Cuánto por un clip?
¿Se acuerdan de cuando hace unos años nos quedamos pasmados con el caso de Alex Tew? Alex Tew, ese chico inglés de de 21 años que para pagarse sus estudios elaboró un plan muy simple: vender pixeles de su sitio web a agencias de publicidad, a USD 1 el pixel. Terminó reuniendo más de un millón de dólares.

El éxito increíble del emprendimiento (el resultado final puede verse aquí) le abrió los ojos a muchos con respecto al poder de Internet y, sobre todo, para mí, al de la ingenuity (*)

Me gustan particularmente las historias en las que una idea sencilla y de bajo costo -básicamente al alcance de todos- termina con éxito. Es el caso de Kyle MacDonald, un bloguero canadiense que un día decidió empezar un juego con una inversión muy baja - un simple clip de oficina - y ver si podía iniciar una serie de canjes que terminaran convirtiéndolo en dueño de una casa. O una isla. O una isla con una casa, como explica en su sitio www.oneredpaperclip.com:

El 12 de julio de 2005 publiqué una foto de un clip rojo en mi blog y en la sección de canjes de Craigslist, preguntando si alguien quería cambiármelo por algo más grande o mejor. Unos días más tarde intercambié el clip por una lapicera con forma de pez. Después cambié la lapicera por la perilla de una puerta. Y así seguí, canjeando cada objeto por algo más grande o mejor. Tras 14 canjes, había obtenido una casa ubicada en 503 Main Street, en Kipling Saskatchewan.

Uno de los bonus que Kyle ofrecía a quienes aceptaran las condiciones del canje era que él personalmente acudiría a efectivizarlo, allí donde vivieran los interesados. Y eso hizo, a veces en su van acompañado por su familia entera, como describe en su blog: http://oneredpaperclip.blogspot.com.ar/. Recomiendo leerlo y navegar la historia de cada canje: esta fantástica aventura está narrada con mucho humor (por supuesto!) y documentado con fotos. Nada más con ver las fotos alcanza para darse una idea, pero la narrativa y los datos de cómo el juego fue creciendo y ganándole fans son impagables.

Los canjes incluyeron generadores eléctricos, barriles de cerveza, camionetas, viajes en avión y ¡una tarde con Alice Cooper! Siendo Internet lo que es, la noticia del experimento de Kyle corrió como pólvora y le trajo cada vez más exposición y fama. Con el éxito final, recibió las llaves de la ciudad, visitó programas de TV en Japón, escribió un libro. Y por supuesto, está la casa. Hoy trabaja como motivational speaker (claro!).

No me extraña que algunos de los comentaristas del blog pregunten por el destino final del clip rojo. ¿Tal vez querrían usarlo como fetiche de buena suerte, una pata de conejo de la era digital? Más interesante me parece la idea de mantener el clip andando por el mundo, sin que nadie lo posea nunca; que circule y empiece nuevas cadenas de canjes allí donde caiga.

Una idea trivial, casi un juego de niños, que lleva a resultados increíbles y concretos, más allá de la obvia ayuda de los medios que difundieron el proyecto. Maravilloso en sí mismo, aunque claro, no habría bastado con el clip, ni siquiera con la idea. Toda la cadena de canjes tuvo que estar lubricada con una buena onda a toda prueba de parte de todos los involucrados. De hecho, muchos de los canjes de Kyle parecieron ir en su detrimento, y beneficiar a su contraparte. Por eso la historia deja un sabor tan dulce. No sería la primera vez que un juego de niños saca lo mejor de los adultos.

CIMG6298.JPG
Kyle MacDonald (derecha) aceptando un globo de vidrio de KISS a cambio de una tarde con Alice Cooper
(una movida que mortificó a muchos fans que temieron por su sanidad mental)

(*) La palabra inglesa ingenuity (ingenio, inventiva, asociada con creatividad y espontaneidad) es un falso cognado; es decir, una palabra que se asemeja a otra de nuestro idioma, pero con la cual no guarda relación. En este caso, la palabra sería ingenuidad. Me tomo la licencia de incorporar ambos sentidos al término pues me parece a mí que la idea de MacDonald tiene mucho de ingenio y de ingenuidad sana.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Cosas veredes, Sancho: cerrajería de competición


Un surfeo tortuoso por Internet terminó hoy por agregar un conocimiento trivial más a mi de por sí ya muy amplias alforjas.

El dato es que existe una actividad conocida como "ganzuado deportivo", que consiste en derrotar cerraduras de distintos niveles de sofisticación y complejidad por medio del intelecto, la habilidad y por supuesto un buen surtido de ganzúas de variados tipos y tamaños. La imagen de cerrajeros/deportistas compitiendo contrarreloj nos divierte, pero no puede ser más absurda que nuestras muy porteñas carreras de mozos, ¿verdad?

Hay que decir que los "ganzuadores" (así es el término en español) no son cerrajeros comunes. Son en realidad aficionados que abordan el problema de  vencer cerraduras complejas quizás con la intensidad y la fruición que puede experimentar un hacker en la arena digital, pero con el compromiso táctil de un técnico en explosivos.

Wikipedia me dice que el así llamado "locksport" es una disciplina reciente de origen europeo, aunque aficionados al arte del lock picking han existido en todas las épocas. Los miembros de asociaciones de locksport realizan competencias y concursos y tienen sus comunidades online donde comparten información sobre distintos tipos de herramientas y cerraduras.

Logo de la asociación alemana de ganzuado deportivo
La comparación con los hackers parece sostenerse en otros aspectos concretos. Uno de ellos son los certámenes anuales que comparten miembros de ambas comunidades. Los ganzuadores también son conscientes de una percepción popular que se enfoca en las aplicaciones prácticas menos benignas del hobby, y por eso no faltan credos y códigos de ética, o incluso invocaciones a los innegables beneficios ad-hoc que trae inevitablemente el estudio sesudo y sistemático de los sistemas mecánicos de seguridad al mejoramiento de los diseños en general.

Lo que me trajo a esta disciplina fue una sesión de navegación. Tras tocar distintos puertos, recalé en uno perteneciente a esa maravilla/revolución/sueño húmedo del entrepreneur casero que es Kickstarter. Allí, un joven ganzuador de Boston, desalentado por la rigidez de las ganzúas comerciales, decidió pedir un capital de u$s 6.000 para diseñar y vender su propia línea de herramientas personalizadas.

Schuyler, que así se llama el ganzuador de marras - y que es uno de los mejores del país, en sus propias palabras - creó un video muy claro y didáctico para acompañar su Kickstarter. Para los niveles más altos del plan, incluyó varios adicionales que van desde cientos de diseños de cerraduras hasta la posibilidad de clases personalizadas que cubran todo lo que el ganzuador (o por qué no, cerrajero) moderno debe saber.

Terminó recaudando u$s 85.000.

Llegué a ese Kickstarter y al mundo de los ganzuadores por una investigación sobre ficción interactiva (Interactive Fiction o IF) de la que el joven Schuyler resultó ser aficionado. Pero eso queda para otro post.

Recursos de Locksport:
Ganzuando.es, la comunidad de los ganzuadores en español
toool.nl, la organización abierta de lockpickers