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viernes, 14 de agosto de 2015

¿Cuál será tu estado en el muro cuántico?


El oportuno título del artículo de Karen Eng en el blog de TED.com –The Jaw-Dropping Promise (and Brain-Twisting Challenge) of Quantum Computing– prepara al lector para lo que es un nuevo viaje a la tierra de lo anti-intuitivo, como suele ser todo lo que se relacione con la cuántica.

En general uno puede aceptar que en el terreno conceptual existan las locuras que uno quiera. Al fin y al cabo, para nuestras menudencias diarias, un fotón tiene tanta tangibilidad y relevancia como un hada, ni hablar de su comportamiento contradictorio.

Pero ¿una computadora? Es algo tan cotidiano que parece increíble. Un salto brusco de un mundo a otro, un vistazo a un continuum oculto del Teseracto. Una pesadilla de Schrödinger.

Absolutamente todo lo que vemos en el espacio informático se basa en el concepto de bit; el ladrillo mínimo e indivisible de la creación digital, que puede tener dos valores discretos.
Lo que se busca ahora es que las partículas respondan a "phenomena" cuánticas tales como la superposición, lo que permitiría convertirse en "bits" capaz de representar ambos estados... a la vez:

La computación cuántica promete mucha más potencia en paquetes mucho más reducidos. Esto funciona así: en una computadora corriente, el soporte físico es un chip, y la información se codifica en bits por medio del sistema binario; un bit es o bien un 1 o un 0. En una computadora cuántica, el soporte físico es un átomo, llamado un qubit, y la mecánica cuántica permite a un átomo ser un 1 y un 0 al mismo tiempo.

Este "simple" truco permitiría superar en poder a cualquier computadora conocida y por conocer en el futuro cercano, si seguimos la curva de la tecnología convencional. El problema no afecta sólo a la capacidad de proceso, sino –curiosamente– al espacio disponible. Como afirma Jonathan Home, del Instituto de Electrónica Cuántica:

"Si un problema supera en apenas un dígito la capacidad de tu supercomputadora actual, vas a necesitar una del doble de tamaño. Eso pronto se vuelve incontrolable".

Eso sí: el nuevo chiche sería muy rápido.

"Gracias a su diseño, una computadora cuántica puede resolver en una semana, o tal vez un día, un problema que a una supercomputadora le llevaría la edad del universo entero".

La nueva ENIAC?
(Lo interesante es que al menos una empresa YA ha anunciado el lanzamiento comercial de su primera computadora cuántica. En 2011, la compañía privada D-Wave Systems firmó un multimillonario contrato con Lockheed Martin por la compra de una D-Wave One. El contrato incluye la colaboración a varios años en el desarrollo de futuros modelos. Los primeros informes señalan que en principio la máquina se orienta a la resolución de problemas específicos mediante operaciones limitadas; algo así como un sistema RISC de tarjetas perforadas que abriera una nueva era de la informática. Hoy por hoy, aparte de quedar claro de que la D-Wave no corre Windows, la controversia está instalada en los reparos lógicos de observadores independientes, como NASA, Google o la comunidad científica en general, frente a las afirmaciones de la compañía: si los chips de la D-Wave son realmente cuánticos –como afirmaba un artículo publicado en Nature en 2011– hasta qué punto confía en tecnología convencional, cuáles son los beneficios reales en velocidad, etc. La cosa está envuelta en un escepticismo similar al que –con razón– recibió a los primeros informes de clonación humana hace unos años).

Volviendo a los qubits. ¿Cómo diantres se manipulan átomos para que se ordenen y formen un circuito previsible? Bueno, congelándolos y arreándolos con un buen láser, por supuesto, porque a esta historia le faltaban más condimentos de ciencia ficción pulp. El problema parece ser que las pruebas de concepto que vienen entusiasmando a los científicos hasta ahora se han limitado a manejar una decena de átomos, y con eso no alcanza:

Una máquina cuántica completamente funcional requiere alrededor de un millón de átomos, y es muy difícil predecir cuándo podremos trabajar con semejantes cantidades.

Pero una de las ventajas de estar en pañales y gateando es que nos permite soñar con un mundo nuevo cuando nos pongamos de pie:

Otra posibilidad es que descubramos una física nueva a medida que vayamos construyendo sistemas más grandes, pero aún no tenemos idea de qué podemos encontrarnos.

Niels Bohr dijo una vez: "Si alguien no queda estupefacto frente a la teoría cuántica, es que no la entendió"

Yendo al tema de las aplicaciones potenciales de semejante tecnología, el artículo menciona la posibilidad de –finalmente– predecir el clima con precisión, calcular estructuras moleculares... o terminar con cualquier barrera de protección de datos. Esto, claro, es la mala noticia: una herramienta tan poderosa necesariamente va a generar preocupación por sus posibles usos negativos. Pero Home introduce una reflexión muy sabia:

"Es muy probable que destinemos las computadoras cuánticas a usos que aún no hemos siquiera imaginado", afirma Home. Después de todo, las computadoras clásicas fueron creadas para calcular trayectorias de proyectiles y descifrar códigos, no para hacer procesamiento de texto o escribir en un muro de Facebook. "A veces es peligroso limitarse a uno mismo diciendo "yo sé el uso que se le dará a esto".

Hay algo que encuentro fascinante en esto de comenzar a utilizar herramientas cuando apenas entendemos cómo funcionan ellas mismas. Pero una mirada a la historia global de la humanidad revelará que al fin y al cabo es lo que hacemos todos los días cuando abrimos los ojos, extendemos los dedos o creamos vida. Al nivel en que nos comunicamos y actuamos, somos pasajeros involuntarios de un proceso que ya estaba en marcha mucho antes de que siguiera fuéramos un plan, y que empezamos a querer descifrar hace apenas un parpadeo cósmico.

Fuente | ideas.ted.com

jueves, 22 de enero de 2015

Zeitgeist, según Yeats

La Segunda Venida

Girando y girando en espirales crecientes
El halcón ya no escucha al halconero;
Las cosas se derrumban; el centro no resiste;
Pura anarquía se desata sobre el mundo,
Rebosa la marea, turbia de sangre, y por doquier
Ahoga la ceremonia de la inocencia;
Los mejores carecen de toda convicción, y los peores
Están llenos de intensidad apasionada.

Alguna revelación debe de estar cerca,
La Segunda Venida debe de estar cerca.
¡La Segunda Venida! Apenas pronunciadas las palabras
Una vasta imagen del Spiritus Mundi
Empaña mi visión: un páramo de arena desierta;
Una silueta con cuerpo de león y la cabeza de un hombre,
De mirada vacía e inmisericorde, como la del sol,
Mueve sus lentos muslos, y a su paso aletean
Las indignadas sombras de las aves del desierto.

Cae la oscuridad una vez más, pero ahora sé
Que la cuna al mecerse irritó veinte siglos
De sueño pétreo, que despertó pesadilla,
Y ¿qué extraña bestia, llegada su hora al fin,
Se arrastra lenta hacia Belén, para nacer?



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THE SECOND COMING

Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.

Surely some revelation is at hand;
Surely the Second Coming is at hand.
The Second Coming! Hardly are those words out
When a vast image out of Spiritus Mundi
Troubles my sight: a waste of desert sand;
A shape with lion body and the head of a man,
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it
Wind shadows of the indignant desert birds.

The darkness drops again but now I know
That twenty centuries of stony sleep
Were vexed to nightmare by a rocking cradle,
And what rough beast, its hour come round at last,
Slouches towards Bethlehem to be born?

William Butler Yeats (1865-1939)


martes, 30 de septiembre de 2014

Biró recargado


La pelirroja de arriba es una modelo rusa.

Bonita, ¿verdad?

Pero tal vez algunos hayan notado algo particular en la imagen. Se trata, de hecho, de una ilustración. La que sigue es la fotografía original:

Foto: Kristina Tararina

A buscar las diferencias. Tengo cierta debilidad por el realismo (en aquel libro de pinturas de Tolkien que extravié y añoro, mis favoritas eran las de Ted Nasmith), pero en este caso hay una vuelta de tuerca sorprendente, que tiene que ver con la técnica utilizada por el autor.

Biromes.

Sí, biromes, bolígrafos, biromes lisas, llanas, cotidianas, biromes BIC, por más señas. Concretamente, biromes en ocho colores (amarillo, naranja, magenta, verde claro, celeste, azul, rosa y púrpura) + negro.

El artista se llama Samuel Silva, un portugués de 30 años. La misma cantidad de horas invirtió en el retrato de la modelo, creado trazo a trazo. Para resolver los colores intermedios, utilizó una técnica de sombreado conocida como crosshatching, que logra engañar el ojo mediante la combinación aditiva de líneas –en forma similar a los semitonos de los periódicos– y resulta en la exhuberancia cromática que se puede apreciar a simple vista. Todo con 8 BICs.

Las creaciones de Silva llamaron la atención cuando aparecieron en el popular sitio DeviantArt, y rápidamente recorrieron el mundo. Silva vive en el Reino Unido, es abogado, y realiza sus increíbles ilustraciones como hobby.

Tigre realizado en birome, tamaño aprox. A4.
Fuente: http://vianaarts.deviantart.com/art/Tiger-Bic-Ballpoint-Pen-287179252

El saber popular señala a la birome como un invento argentino. Esto es verdad sólo si consideramos dónde se comenzaron a fabricar los primeros bolígrafos. El inventor de la birome no era argentino sino un húngaro llamado László Bíró, quien se radicó en la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial y se quedó aquí hasta su muerte en 1985.

"Birome" era el nombre comercial del producto lanzado en 1943 (un apócope entre el apellido de su creador y el de su socio, Juan Jorge Meyne), aunque en aquel entonces, antes de convertirse en una de las más famosas marcas vulgarizadas de nuestro país, se la conocía como esferográfica.

En el mismo año Biró vendió una licencia a la compañía estadounidense Eversharp. Más pedidos y problemas de patentes con los norteamericanos resultaron en la creación de una heredera famosa, la Paper Mate. La BIC, por otro lado, le debe su nombre a Marcel Bich, un francés que adquirió la licencia de Biró en 1950 y se puso a producir sus propias biromes con tecnología suiza. Aquellos modernos bolígrafos BIC son los mismos que hoy se pueden adquirir en cualquier papelería.

Biró, entretanto, tuvo problemas financieros y terminó trabajando como socio en una firma que producía una nueva versión de su propio invento. La marca era Sylvapen, nombre que me imagino traerá recuerdos instantáneos entre los lectores de cierta edad.


Más increíbles dibujos de Samuel Silva en su página de DeviantArt.




viernes, 18 de julio de 2014

Música de viernes: So geh'n die Gauchos




Atrás ha quedado un nuevo mundial de fútbol, y tengo que decir que estuvo entre los más entretenidos que recuerde. Muchas sorpresas, gran despliegue de habilidad en el campo, muchos momentos de tensión notable y definiciones de último minuto, y algunos resultados absolutamente shockeantes, con grandes potencias eliminadas de inmediato y equipos menores con sed de victoria; todos fueron elementos de una copa memorable que siguió cumpliendo y ofreciendo emoción hasta el partido final.

Otra cosa es cómo se vivió desde este rincón del mundo, y ahí aparecen las figuritas de siempre, que no por ser repetidas son más felices. El entusiasta básico local (i.e., no el fanático) tuvo que tolerar el show biz acostumbrado, hoy con la venia de haberse convertido en prioridad de Estado. Fue un mes ininterrumpido de parafernalia chauvinista, práctica sistemática de argumenta ad populum y pensamiento mágico y celebración desembozada de valores tribales, todo desfilando sin parar, 24/7 y con el dial clavado en "11" por cuanto medio de comunicación ha sido creado por la criatura humana, que hoy son muchos.

Ahí estaban Gillette y Claro en cada pausa de Youtube, apuntalando con voz cálida y cortina musical de crescendo épico las escenas en cámara lenta de fans en pleno rapto de euforia y/o llanto desconsolado, o de chiquitos agitando banderas -siempre una imagen conmovedora-, y explicándonos cómo el fútbol, entre otras sorprendentes cualidades terapéuticas, nos hace "mejores argentinos". Una afirmación un tanto extraña, pero cuando uno está inmerso en plena coprofagia acrítica inducida por marcas y corporaciones millonarias, ¿quién va a detenerse en mezquindades semánticas?

Además pasa en todo el mundo. Hasta aquí, eso.

Pero tal vez el residuo más tangible de este bombardeo incansable haya sido una cancioncita insidiosa dirigida a nuestros vecinos brasileros, que nació aparentemente como uno de esos salmos de cancha con melodía pop prestada y que terminó saltando a una fama fulminante. Empezó a salir hasta en la sopa Knorr. La cantaban chicos y gente grande, por poner un adjetivo. Y se hizo tan y tan popular que se convirtió en desafortunado himno de la copa 2014. Tanto fue así que hasta los granaderos se le animaron, por si los creativos de las agencias y los otros "creativos" detrás del pibe que nunca ganó un Mundial y su abuelo pornográfico no hubieran reforzado lo suficiente esa idea de patria=fútbol como lubricante, siempre increíblemente efectivo, para vender productos caros o ideas baratas.

Pero la suerte del cántico lo selló, por sobre todas las cosas, el ingrediente infaltable de tantas de nuestras producciones populares: la viveza criolla y la gastada. Una inocentada no habría pasado a mayores. Fue ese rasgo que nos hace tan adorables y, sobre todo, tan confiables cuando se trata de golpearse el pecho por el motivo que fuere, mucho más representativo que los paños coloreados. Ese rasgo que se brinda con tanta generosidad en un sentido unidireccional, pero que se rechaza con desprecio e ira cuando algún insolente pretende una devolución. ¿Qué quieren, loco? Hay que ser buenos en algo.

Los muchachos respondieron al llamado del mantra con presteza inusual, y en esa sí que le doy la razón a las hagiografías futboleras que destacan los beneficios para la unión del clan: ancianos y niñitos, vírgenes futbolísticos o barrabravas, oficialistas y opositores, se prendieron absolutamente todos.

Convendrá tal vez marcar posición. Para mí, aún entendiendo y aceptando de buena gana esta dramatización moderna, aún alentando a los 11 gladiadores que hoy pelean con pelota frente a nuestro coliseo virtual y agradeciendo -en el fuero íntimo- que estas cosas no se resuelvan ya sanguinariamente en la arena, el mayor gozo es descubrir que todo sigue siendo un juego. Por eso el deleite de las anécdotas que nos traen a tierra como, por ejemplo, enterarme de que Klose y Biglia, lejos del drama y la batalla, juegan tenis juntos todas las semanas. Por contrapunto, las líneas que dividen la realidad de la ficción y que inevitablemente se difuminarán frente al cóctel de pasiones e intereses económicos me generan una serie de cosas que van desde el desagrado al pavor, según se van revelando las distintas implicancias.

¿Qué pasa con la música, entonces? Pues que el popularísimo cantito de marras, como puntualmente reportaron los medios, se apropió de la melodía de ese temazo de Creedence, Bad Moon Rising. Y aunque el recuerdo de su versión futbolera me persiga ya de por vida, me parece que lo divertido, sobre todo en retrospectiva y viendo cómo terminó el Mundial, habría sido que alguno de sus cultores locales se hubiera detenido a examinar la letra del tema original, que terminó pisoteada bajo la xenofobia soft y de cabotaje; porque tal vez ese fan atento habría podido advertir una cualidad premonitoria detrás del tono apocalíptico. Che paren, ¿alguien entiende de qué habla? ¿No leyeron la quinta estrofa?

Hubiera estado bueno. Porque inevitablemente llegó el tiempo de la schadenfraude.

Unos días después de la derrota final, se armó un escandalete cuando un grupo de teutones demostró una insolencia doble: nos gastaron después de habernos ganado. Inaceptable. Eso no lo pueden hacer. Acá la gastada arranca desde mucho antes de ganar o siquiera competir; y se intensifica cuanto más sufre el rival a manos de otros. No sólo eso; participan políticos, jugadores, granaderos, medios grandes y pequeños, multitudes autoconvocadas. La gastada con nosotros es distinta, porque nos define. Es una expresión más de esa pasión de la que hablan las publicidades que tanta plata invierten para justamente definirnos.


(Paréntesis para una brillante escena de Community que en apenas 18 segundos recorre algunos de los clichés que los publicistas argentinos abrazan sin ironías a la vista).

Por eso el privilegio es unidireccional y nuestro. A nadie acá se le ocurriría aguar la fiesta con alguna mención de escrúpulos, prudencia, modales o tonterías por el estilo a lá Der Spiegel. ¿Cómo se va a poner la prensa en contra? Sería como tirarse contra el dulce de leche. Contra la pasión, el alma, la garra, etc. Y definitivamente no sería amar a Argentina o a la bandera. Sería, más bien, como que todo lo contrario.

Así planteado el asunto, es lógico que surjan defensores a la altura. Y no hablo de Garay, o Rojo. Como para dejar en claro la gravedad de la infracción, un famoso relator recientemente galardonado por su labor periodística respondió al agravio tildando a los insolentes, lisa y llanamente, de nazis. Así, se responde al límite cruzado con munición de igual tenor. No hay que ir con chiquitas cuando se jode con el fútbol, o lo que es lo mismo, la patria.

En suma, es muy posible que el fútbol, como dice Gillette, nos haga mejores argentinos. El tema es si nos hace mejores personas. Ahí el jurado todavía no volvió al recinto, pero cualquiera sea el veredicto seguro que el Mundial no tiene la culpa.


Bad Moon Rising
John C. Fogerty

I see the bad moon arising.
I see trouble on the way.
I see earthquakes and lightnin'.
I see those bad times today.

Don't go around tonight,
Well it's bound to take your life,
There's a bad moon on the rise.

I hear hurricanes a blowing.
I know the end is coming soon.
I fear rivers over flowing.
I hear the voice of rage and ruin.

Well don't go around tonight,
Well it's bound to take your life,
There's a bad moon on the rise.

Hope you got your things together.
Hope you are quite prepared to die.
Looks like we're in for nasty weather.
One eye is taken for an eye.

Well don't go around tonight,
Well it's bound to take your life,
There's a bad moon on the rise.

Don't come around tonight,
Well it's bound to take your life,
There's a bad moon on the rise.




lunes, 7 de abril de 2014

Mientras tanto, en Japón (II)



En cualquier lado, mudarse de casa o departamento siempre es un proceso estresante. En Japón, parece serlo un poco menos.

¿No sería fantástico poder dejarle las llaves a la empresa de mudanzas para que se encargue del "teletransporte" del mobiliario, sin que al día siguiente falte una sola tacita?

Las tantas noticias y tecnologías maravillosas y bizarras que nos llegan de Japón pueden relegar al segundo plano a esa pirámide de eficiencia naturalizada que es, al fin y al cabo, sobre la que se asienta toda aquella magia.

Y sin embargo, es probable que las mayores sorpresas -y, para los foráneos, las mayores distancias relativas- se hallen en esas bases cotidianas, ordinarias, y no tanto en los robots empáticos o en la realidad aumentada.

La RAE define "Tecnología" como:

1. Conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico.
2. Tratado de los términos técnicos.
3. Lenguaje propio de una ciencia o de un arte.
4. Conjunto de los instrumentos y procedimientos industriales de un determinado sector o producto.

Estoy seguro de que si le preguntamos al transeúnte medio, su respuesta se ajustará principalmente a la cuarta acepción, con énfasis en la parte de los instrumentos.

Pero la primera en particular revela que nuestra concepción de "tecnología" es algo estrecha. Que no tiene que ver exclusivamente con metales superconductores, lubricantes o chips, sino que involucra un sentido más amplio de aplicación que incluye a los procesos, estándares y, por qué no, a cualquier secuencia de hábitos que nos sirva para bajar de peso o aquietar la mente. En una palabra, el foco de la palabra "tecnología" se divide entre el instrumento y el aporte humano.

Y he ahí, una vez más, la madre del borrego.


miércoles, 15 de enero de 2014

La abeja que restauraba esculturas




El amigo MAD me envía el dato sobre Aganetha Dick, una artista canadiense que se dedica, entre otras cosas, a la APIESCULTURA. No es un typo, aunque sí un neologismo: Aganetha aclara expresamente que no sabe nada de apicultura, y sólo está interesada en las abejas en cuanto a sus patrones de comunicación, su comportamiento, su importancia relativa dentro de un marco de investigación sobre lo que ella llama "el poder de lo pequeño", y especialmente, sus habilidades artísticas.


Es que Agnetha está embarcada en un proyecto de arte colaborativo con las abejas. Con la ayuda de un apicultor real, cada tanto va y deja objetos dentro de una colmena. Al retirarlos después de un tiempo, los objetos aparecen transformados, recauchutados, "intervenidos", diríamos, con panales de pura hechura apícola que les dan un aspecto que va de lo lírico a lo inquietante.

 

Agnetha comenta que selecciona objetos deteriorados o gastados, ya que a las abejas -meticulosas e incansables como son- les encanta reparar y enmendar. Como estímulo para el trabajo, manda un cachito de propóleo o miel. Del resto se ocupa el OCD abejil.


Los resultados son sorprendentes. En algunos objetos, el tejido hexagonal completa un tul o un brocado; en otros sugiere el ectoplasma de un vínculo metafísico, como el que une a dos amantes en un beso; en otros adopta la disciplina espacial de una herrumbre progresiva; los más ominosos evocan imágenes cinematográficas de terror clase B, donde aparecen cuerpos invadidos por criaturas informes, o tal vez semihundidos en el capullo de algún xenomorfo de inspiración Gigeriana.



Aganetha también trabaja con biólogos y esta veta artística es una expresión de su interés por la comunicación inter-especies. También se pregunta cómo sería un mundo sin abejas, algo que confieso nunca se me ocurrió cuestionarme, tal vez porque mi reacción primaria cuando veo una abeja es la de poner entre nosotros la mayor distancia posible en el menor tiempo posible. Patético, estoy al tanto.


Via | The Jealous Curator

sábado, 28 de diciembre de 2013

Velas



Cierta vez escuché referir que el pequeño Domingo Faustino Sarmiento, ya un lector voraz desde su niñez, solía esperar durante meses la llegada de libros de Europa en latín, francés e inglés (idiomas que había aprendido por su cuenta); los cuales, una vez en sus manos, consumía página tras página a la luz de la vela.

Desde hace unos días me permito la risible osadía de sentirme hermanado con aquel joven Sarmiento aunque más no sea en un aspecto: casi dos siglos después, redescubro el placer de leer bajo la lumbre de una llamita danzarina.

Tal vez porque llevo años imaginando escenarios de caos similares al actual -¿y hubo alguna crisis más anunciada que esta?- pero de mucha mayor intensidad, o por el esfuerzo que invierto en entrenarme para una vida menos dependiente de las distracciones modernas, la pérdida de internet o la compu no me afecta demasiado (el calor, lamentablemente, es otra historia). Simplemente muevo un switch mental y entro en modo offline, un poco lo que hago cuando paso unos días en la costa. Afortunadamente la transición es fluida. Es, tal vez, una de las tantas tácticas de supervivencia que adopto y que funcionan. La imagen del pequeño Sarmiento me ha ayudado siempre: seguramente a él no le habría afectado tanto perder el cable.

Vivir en un departamento de un piso alto tiene sus pros y sus contras. Por un lado, la perspectiva que brinda el asomarse a la ventana (el balcón, ay, es otro lujo que se añora) y apreciar la extensión del desmadre. Los gritos y puteadas que rebotan en la caja acústica que forman las paredes de edificios, terminados y a medio terminar, y que llegan al oído en estado prístino. El olor a humo que viene de las cubiertas que se queman en la avenida dos cuadras más allá, si uno tiene suerte de percibirlo (porque quiere decir que está soplando una mínima brisa). La interminable sucesión de pitidos y sirenas de bomberos, policías, ambulancias, o del auto que están intentando afanar en algún lugar de la boca de lobo en que se transformó la esquina.

Librado a las herramientas con las que uno nació, en la oscuridad, la reflexión surge más espontáneamente si uno logra distraerse de las gotas de sudor que resbalan por la espalda, el pecho, las sienes y mejillas. Los diarios y noticieros ya han registrado descripciones muy pintorescas y urgentes de la realidad que están viviendo miles (¿decenas de miles?) de personas en estos días de furia y récords térmicos. Y ataduras con alambre, por supuesto. No tiene sentido en seguir regodeándose en detalles o más efectos cuando el mensaje es claro.

Mirando desde el edificio, entonces, viendo a otros vecinos asomarse para boquear un poco de aire, no será la última vez que me pregunto por nuestra voluntad de entramparnos. De meternos en pajareras de cemento que con tanta facilidad se vuelven hornos de barro, que con la suspensión de un solo servicio pueden transformarse en cárceles tropicales de difícil acceso. Pero claro, aceptamos mucho más vejaciones cuando vivimos en una ciudad populosa. Y ese contrato implícito a mí me suena cada vez más ridículo.

Sin servicios, los edificios crujen. No fueron diseñados para eso. Están pensados para un sistema que funcione. Un poco como la república, o la democracia. Crujen ambas. Presuponen buena intención, y ese es el problema. Aquí también nos entrampamos una y otra vez celebrando o defendiendo diversas formas de insania, y después esperamos que las cosas salgan bien. Como todo efecto, la calidad de los servicios son una continuación natural de los estándares de quienes los gerencian o supervisan. Y por lo menos, los servicios tienen solución.

Alguna gente, decía el Comisionado Gordon, sólo quiere ver el mundo arder. Los botones de muestra que apenas esta semana se añadieron a la mercería que venimos acumulando fueron un par de ejemplares, tal vez más débiles, irascibles o simplemente más transparentes que el resto, que decidieron expresar su fino y sensible análisis sobre el tema; uno desde una posición pública, otro desde uno de los megáfonos subsidiados del poder político. Estos indiscretos serán tal vez reprendidos pero volverán a la manada, ya que lo grave no es el culto libre del hate speech que haría las delicias de Biondini, ni la lógica desquiciada de sus dichos; el tema es que lo dijeron en voz alta y en una época un tanto complicada.

Lo bueno de los embates de la adversidad es que vienen siempre acompañados de la oportunidad de perspectiva. Uno llega a apreciar realmente los momentos en que la luz vuelve, como una bendición, y eso que su situación no se compara con las de los miles (¿decenas de miles?) de indefensos que pasan varios días a oscuras y sin agua. Como en el caso de los saqueos, se pone de relieve la fina línea que nos separa de la Edad de Piedra y cuánto dependemos en definitiva únicamente de aquello que no podemos llevarnos.

Los problemas energéticos no son nuevos, y no se espera que cedan en un futuro cercano. Habrá que aguantar. Antes de que la carencia se convierta en crisis hay lugar, pese a todo, para el encanto en esta austeridad forzada. De nuevo esas pequeñas tácticas que se comparten con la descendencia. Llenar la bañera, administrar hasta el inodoro (if it's brown, flush it down; if it's yellow, let it mellow), meter objetos en la heladera de a lotes para no tener que abrir y cerrar. Y tener a los chicos leyendo codo a codo en silencio con uno es una experiencia que ni el cable ni la compu pueden reproducir.

Los problemas más cruciales y que realmente duelen son los otros, los llamados humanos. Otro punto de hermanación paradojal con aquel joven Sarmiento. La vela, de pronto, con sus silencios forzados, parece encarnar un rasgo de civilización. La barbarie grita en Twitter.


jueves, 5 de diciembre de 2013

El agridulce ocaso de las elites




Voy a aprovechar esta oportunidad para comentar dos eventos de esta semana que fueron notables no sólo por sus propios méritos, sino porque se combinaron como un brutal uno-dos a la mandíbula de algunas ilusiones de entre las tantas que construimos a diario para vivir y sobrevivir en Argentina.

Una de estas ilusiones refiere que el país tiene un nivel educativo más o menos bueno. Que zafa. Veo mucho de tradición en esta creencia, y de confianza en viejas glorias. Las justificaciones que oigo normalmente se escudan en ejemplos y comparaciones seleccionadas con cuidado entre aquellos casos que están aún peor. Curiosamente, esto se hace sin indicios de humor. No es raro que se remate con alguna verdad de Perogrullo, del tipo de que todavía "queda mucho por hacer", que parece poco más que una invocación a la misma gradualidad que actúa como narcótico y que viene hirviendo esta rana desde hace demasiado tiempo: la idea de que los problemas se van a ir solucionando, de que es todo una cuestión de recursos, de que en definitiva alcanza con tirar plata e infraestructura encima, o de que dichos problemas están totalmente divorciados de la paradoja de un contexto social diseñado para jugar perpetuamente en contra.

Las imágenes y testimonios que nos llegan de Córdoba pueden dar lugar a mil interpretaciones y/o lecciones. Por ahora, prefiero quedarme con la confirmación de varias sospechas con respecto a la presión que viene levantando el magma bajo las placas, junto con la constatación de que las "sensaciones" eran, por supuesto, proyecciones basadas en la realidad más evidente, dado que la Policía parece ser la última línea de defensa antes del colapso de la civilización, o por lo menos de la aparición de escenarios de Far West / Zombie Apocalypse modernos, completos con vecinos armados, puntos fortificados e intentos de linchamiento. Aunque la pregunta inmediata que me surge es, ¿no será que la civilización ya cayó, y la policía -o las leyes, o lo que queda de los organismos de cumplimiento- están solamente sosteniendo el tinglado?

Lo cierto es que removido momentáneamente el tapón de la fuerza pública brotan como un géiser los episodios de caos y destrucción, y desfilan las ya familiares imágenes de saqueadores cargando a los apurones cervezas, ropa, celulares, electrónicos y por supuesto LCDs (el artículo icónico, tal vez, de la concepción argentina de welfare y cuya sinergia con la recientemente designada necesidad básica nacional, El Fútbol, ilustra como pocos ejemplos el disloque que sostiene la pantomima), y usando como transporte lo que venga, sean autos, motos o carretillas.

La incómoda comprobación de que el tejido social del tan manoseado "pueblo" está tan destartalado que necesita presencia policial 24/7 para mantenerse en pie puede llevar a conclusiones rápidas que esconden escapes sutiles. Será por mi costumbre de mirar patrones y sistemas que desconfío de las compartimentaciones y tiendo a ver los fenómenos como una presión continua donde los hilos se cortan por las partes más finas. En otras palabras, me interesa más analizar un poco el caldo en el que se cuece este guiso particular, y sobre todo -sin nunca deslindar responsabilidades directas- en qué forma lo condimentamos aquellos que nos sentimos del otro lado de la raya que trazamos en el suelo.

Mi opinión, y estoy al tanto de su escasa originalidad, es que estamos viendo una expresión más de la disfunción nacional que tiene que ver con la bancarrota ética que sufrimos y celebramos con igual intensidad desde hace demasiado tiempo.

Si con el golpe a la mandíbula uno queda groggy no es tanto por el impacto puntual sino por la frecuencia con que se suceden imágenes similares a estas, como postales de un lugar extraño. No tenemos que buscar las instancias más impresionantes: las más reveladoras de hecho son las anodinas, las que asombran por lo triviales o innecesarias. Están por ello, creo yo, más cerca de la base del problema. Consideremos el ejemplo del camión de gaseosas que volcó en la ruta hace unos días. Las imágenes de TV mostraban cómo los autos paraban expresamente su marcha no para ayudar a la recolección, sino para hacerse rápidamente con un botín carbonatado.

Podemos imaginar una justificación probable, porque internamente mantenemos y curamos una base de racionalizaciones a mano, como una base de aperturas de ajedrez: las únicas perjudicadas son al fin y al cabo las empresas de gaseosas, y como son grandes y privadas son malas; ergo, afanarme una botella es justo, casi te diría heroico. Pongámosle un moño al razonamiento. Y si eso falla, es una botellita, che.

Tal vez nos gusta engañarnos con la idea de que el tamaño o el impacto de lo sustraido está en relación directa con la gravedad del hecho. Tal vez haya casos en que se justifique más tolerancia; la realidad sin embargo parece indicar que esta racionalización se usa libremente. En el seno de este pensamiento ejercitado una y otra vez está el mismo germen que dispara los hechos más graves cuando todo se reduce a una cuestión de escalas.

El nativo de estas tierras manifiesta tal amor por la transgresión indiscriminada (la que ya se hace por placer) que es prácticamente un estigma cultural, invisible de tan asimilado, que no distingue entre estratos, estilos de vida ni profesiones, y que se expresa desde el vandalismo endémico del espacio público hasta las declaraciones juradas de los que administran los destinos -e irónicamente, la situación fiscal- de millones. El condimento que habitualmente sella la decisión de encarnar una vez más el dicho "la ocasión hace al ladrón" es el de la pulsión consumista, que tanto se inocula para vender celulares como para terminar identificando a una persona con lo que posee o idolatra. Eventualmente, esas posesiones/idolatrías se convierten en fines últimos. Trofeos por los cuales vale torcer cualquier regla, o incluso matar o morir.

¿Es justo enfocarnos en los saqueos de Córdoba como un hecho aislado?

NADA MÁS IMPORTA. Oliver Stone, de Salvador a sponsorear mensajes tóxicos para DirectTV.
Más allá de que estos eventos lastimosos se "resuelvan" y pasen al olvido la semana que viene, se superpusieron esta vez con la noticia de la publicación del último test PISA (PDF, en inglés), un estudio fantástico que en lo personal vengo siguiendo desde hace unos años con el consiguiente desaliento que acompaña cada nueva edición, que la verdad duele y es justo que duela. Es difícil que la desafortunada conjunción de ambas noticias no sugiera un correlato, aunque el vínculo no sea del todo admisible o justo.

El test PISA puede tener sus problemas. Puede no ser óptimo para retratar correctamente procesos emergentes, como afirman sus detractores, y eso se corroborará o no en los años venideros. En otras áreas del informe, no relacionadas directamente con la evaluación de conocimientos, tropiezan también otros países desarrollados. Pero el impacto de la fotografía instantánea, de la afirmación "los chicos de 15 no entienden frases simples", es innegable y resquebraja esa ilusión perenne del argentino medio ilustrado, sobre todo si pensamos que todavía tenemos a nuestro alrededor los ¿últimos? coletazos de las generaciones que fueron educadas con otros estándares, y no tenemos mucha noción de lo que se nos viene encima.

La ficción y el oscurantismo que rodea a la educación en Argentina es similar a la que veo envolver a la ciencia y la tecnología. Pienso que tal vez convenga revisar más profundamente de qué hablamos cuando decimos "ciencia". A mi entender, no hay presupuesto ni show faraónico que disfrace la real vocación científica de un país que practica la distorsión -por mencionar una de las más populares- de índices esenciales como práctica sistemática: es nula. No podemos ni empezar, lo que parece ser la meta.

El interés por la ciencia es un subconjunto del interés por la observación objetiva de la realidad, y cuando en una sociedad este interés tiende a cero o es directamente negativo (se ocultan datos, se ataca la misma noción de objetividad, se alientan pasiones y frivolidades, se aplica lógica de facción, etc.) no hay mucho más que decir. Esta actitud está en la raíz de que "nada funcione", como reza la correcta percepción popular. Engañarse en este punto es no entender el principio que anima tanto a la ciencia como a cualquier búsqueda de la verdad. Es, en el mejor de los casos, estar hablando de otra cosa. En el peor, abrir una caja de Pandora.

Y hablando de intereses reales vs. ficticios, Guillermo Jaim Etcheverry una vez más da en el clavo con una frase sencilla: "Acá hay un desinterés por el saber", una versión más suave del desprecio por el conocimiento al que aludía en su famosa obra La tragedia educativa. No es necesario buscarle el pelo al huevo, la disfunción es de fondo. No hay interés por números reales, no hay interés por la realidad, no hay interés por el saber, y la conclusión incómoda es que no hay interés por cambiar la situación de nada ni nadie; sólo mantener la ilusión de remar en el vacío.

Conviene ser honestos con uno mismo y hacerse las preguntas difíciles. ¿Cuánto creemos en el valor del "saber" que menciona Etcheverry? Por un lado, para una enorme cantidad de personas el "saber" es una entelequia inútil, una distracción de beneficios difusos que no garantiza ni el nuevo celular, ni la cena afuera, las pilchas o el depto. Mucho menos el éxito -- prendamos el televisor para comprobarlo con más contundencia que mil libros de sociología.

Pero incluso entre los que intuyen algo más parece haber una enorme desorientación, rutinas -mandar a los chicos al cole entre ellas- que se siguen muchas veces por inercia pura. Como si el educar fuera una acción estrecha y mecánica que se terceriza a una institución, desconectada de toda planificación o entendimiento de la importancia estratégica que tienen ciertos conocimientos vitales para el desarrollo de un chico en una edad-esponja. Y no hablo de los de matemáticas o comprensión de textos, contenidos inocentes que no resuelven - no podrían- el problema real, sino de los que vienen adosados a aquellos en forma de esfuerzo, valores y virtudes cuya difusión y desarrollo nutren los aspectos más admirables de nuestra especie.

¿Valdrá la pena todo eso?

La película de Mike Judge Idiocracy; mucho humor negro para retratar una sociedad futura
en la que el saber decididamente ya no ocupa lugar

Sigue Etcheverry: "Es sugestivo que la cantidad de alumnos con altos niveles de comprensión lectora sea sólo de 0.6 % en el país (2,5 % en la CABA, 13 % en Canadá, 25 % en Shangai), lo que demuestra que ni siquiera contamos con una elite a la que le interesa la educación." ¿Quién iba a decir que íbamos a lamentar no tener más elites? Aunque supongo que la idea era que desaparecieran porque todos nos habíamos puesto a su alcance, y no por el motivo contrario. De todas formas el concepto de élite es convenientemente vago y flexible. Hablemos, en cambio, de percentiles sobre bases de rendimiento uniformes, y tal vez descubramos que las elites de hoy eran los alumnos medios de hace unos años, y que no es que ellos avanzaron sino que el mundo entero dio un paso atrás. ¿Dejaremos entonces la semántica de lado? Las elites nunca fueron el problema real.

La rana se hierve. Los apologistas designados a tal fin llamarán a los fracasos manifestaciones de procesos estructurales en marcha, o algún eufemismo por el estilo. Existe una mínima chance de que tengan razón. Pero yo pienso que las fotografías escrachan cómo supuran los poros de una sociedad golpeada y con hemorragias internas. Que se corresponde con los machucones que deja la pulverización de las leyes y las formas en lo externo.

Olvidemos a la dirigencia, que justamente por su posición, responsabilidad y actitud general se erige como el principal actor de destrucción. Toda la cháchara sobre educación se estrella con la siguiente frase bestial, amenaza, discurso de barricada o delito directo. La educación requiere esfuerzo, amplitud, autoevaluación, amor por la objetividad, perspectiva y espíritu de duda, todos valores en fuga; no alimenta militancias ciegas ni sirve para crear una base electoral confiable (por lo dependiente) sino que más bien conspira contra todas estas cosas. Es básicamente imposible que la educación sea una prioridad política. La sociedad está librada a su suerte, y el tema es que no le encuentra la vuelta que debe empezar a buscar a nivel individual.

El riesgo anunciado es que pasemos el punto de no retorno. Que esta disfunción se arraigue en un sedimento más tenaz y nocivo que cualquier crisis económica. Que la insania y la violencia, definitivamente instaladas en el centro del pulpo, se filtren por las grietas a todos los estratos como un modus vivendi definitivo, y que ética, respeto o responsabilidad personal pasen a ser conceptos "de elite", esa misma que ya no existe. Un plan casi perfecto.


viernes, 15 de noviembre de 2013

El elefante que quería ser Van Gogh

Pintura de "Thongpoon", un elefante tailandés de 7 años

Agreguemos una razón más para admirar a los elefantes y no sólo por su gran inteligencia, que los pone a la altura de chimpancés y delfines. Por algo tienen un cerebro que es el de mayor tamaño entre las criaturas terrestres y una "memoria" que ya es un lugar común en el folklore mundial; además son grandes resolvedores de problemas y pertenecen al reducido grupo de animales capaces de utilizar y modificar herramientas.

Los elefantes también son únicos porque condimentan este poder cognitivo con comportamientos y rasgos que evocan muchas virtudes humanas. Mantienen lazos familiares fuertes y duraderos, y pueden mostrar alegría, tristeza, protección, compasión, cooperación y altruismo activo. Más aún, son los únicos animales conocidos que actúan con reverencia hacia los restos mortales de miembros de su propia especie, con la actitud que sugiere una versión primitiva de rituales mortuorios: un rasgo hasta ahora privativo de los humanos (homo sapiens sapiens) y nuestros primos de Neandertal (homo sapiens neanderthalensis).

Por si eso fuera poco, los elefantes también forman parte del selecto grupo de criaturas (principalmente primates y delfínidos) que han superado el test del espejo y parecen tener consciencia de sí mismas: es decir, son capaces de identificarse como individuos.

Y después está por supuesto la trompa, su rasgo más distintivo, que le permite manipular su entorno con la versatilidad de una mano e interviene en múltiples usos en su vida, desde los combates nupciales hasta la caricia de afecto más suave.

Pintura de "Noppakhao", también de Tailandia

Con todo este potencial, tal vez no debería extrañar que estos animales tan fascinantes tengan interés en producir colores y formas, como ha pasado con, por ejemplo, algunos gatos. Lo que sorprende es el resultado. Hace unos años vi el primer video de un elefante que, sujetando un pincel con la trompa, pintaba con parsimonia y precisión una figura esquemática en un lienzo blanco. Era algo simplemente increíble.

Aquí no veíamos una serie de sellos de patas, o de manchones y líneas distribuidas más o menos al azar e indistinguible -para mis ojos- de cualquier obra de expresionismo abstracto que coseche millones de dólares en Christie's. Teníamos un diseño simple, pero deliberado, que surgía del lienzo trazo a trazo y arrancaba aplausos de la audiencia con cada nueva figura. Atento al riesgo de antropomorfizar, me atrevo igual a señalar que el pintor parecía disfrutar de todo el proceso. Al final de varios minutos, la obra completa mostraba un autorretrato: un elefante que sostenía una flor con la trompa.


Más tarde descubrí que el del video no era un ejemplar privilegiado, sino que son varios los elefantes que han aprendido a pintar bajo la supervisión de sus entrenadores/cuidadores, que permanecen al lado del artista y de tanto en tanto apuntan una directiva con una palmada o un suave tirón de orejas. Buscando info, descubro el sitio www.elephantart.com que pertenece a la asociación AEACP (Proyecto para la preservación del elefante asiático y su arte), una entidad sin fines de lucro fundada en 1998 y que se dedica a difundir este arte peculiar con el propósito de educar y concientizar sobre la situación del elefante asiático como especie amenazada. La recaudación se destina también al sustento de los elefantes y sus cuidadores. En septiembre del año pasado se realizó una exhibición de arte paquidérmico en Brooklyn, EUA, con el nombre de "Endangered Artists".

Boombim, una artista de 8 años
En el sitio del AEACP se exhiben varias pinturas y se dan unas pocas pistas sobre el entrenamiento que reciben los elefantes. El aprendizaje se basa en el refuerzo positivo, con recompensas y elogios. En todo momento se aclara que, si bien el elefante es el único que toca el pincel, las obras más complejas son el resultado de la colaboración entre el animal y su mahout. No hay nada, afortunadamente, que me haga sospechar algún tipo de maltrato o coacción abusiva. También se incluyen los perfiles de cada artista con bios y comentarios sobre su personalidad y gustos.

Para el caso de las pinturas con formas definidas, imagino que el proceso involucra la memorización de marcas y trazos conectivos asociados a guías gestuales del cuidador aunque, señalan en el sitio, cada elefante tiene su propio estilo. Cuánto de mecanización (¿técnica?) y cuánto de espontaneidad (por no mencionar cuánto de humano) tienen las obras, y cómo influye esto en el valor comercial o perceptual del público, son temas que pertenecen a otro post. Mientras tanto, prefiero que este termine como una simple celebración de la maravilla que son estos animales, y por qué no, del arte que producen.





miércoles, 16 de octubre de 2013

Coincidencias I

Cor Stoop (izquierda) reunido con su dentadura.

Me dio por pensar en las coincidencias.

(No confundir con casualidades). Las hay para todos los gustos.
Están las pequeñas, del estilo "me leíste la mente, te estaba por llamar", o "¡estaba pensando justo en esa canción que estás tarareando!". También las medianas, donde las probabilidades se estiran bastante, del tipo "¡Cómo, vos también viniste a veranear esta semana a este pueblito en la Quebrada de Humahuaca!"

Normalmente, cuando narramos nuestro último episodio vinculado con alguna de estas dos categorías, nunca falta un aguafiestas entre la audiencia dispuesto a ilustrarnos con variadas y molestas - por lo banales, por lo poco románticas - explicaciones plausibles. Afinidad cultural. Implante subconsciente. Sesgo selectivo. Sesgo de confirmación. Una compleja red de factores intercausales que a nuestras toscas entendederas aparecen como poco menos que magia.

En fin, todo sería muy triste si no existiera una tercera categoría, la de las coincidencias más grandes, que no son tan fáciles de descular y que -nos gusta creer- pueden cerrarle la boca al presuntuoso.

Estoy convencido de que todos experimentamos al menos una mediana alguna vez. No me refiero a esos breves flashes de dejá vu que nos dejan aturdidos por unos segundos, convencidos de que ya pasamos por un determinado lugar, que en algún momento pretérito (siempre impreciso) ya hemos visto a esa persona cruzar el pasillo con ese gesto y ese andar exacto, o que ya escuchamos a ese amigo decirnos lo que nos está diciendo palabra por palabra, y con ese mismo café como telón de fondo, aun cuando sabemos que todo eso es imposible.

No, hasta donde sé esos destellos pueden ser simples trucos o glitches del cerebro que reordena los eventos vividos de una manera exótica, vaya uno a saber por qué. Si la mente es la que crea el tiempo, también puede mezclarlo un poco cuando falla algún contacto. Una explicación simple que de momento me sirve, por lo menos hasta que estos fenómenos dejen alguna huella en algún instrumento y alguien se tome la molestia de investigarlos.

Pero retomando, a medida que aumentan las variables involucradas en una coincidencia, merman las explicaciones plausibles. Me interesan las historias de coincidencias sorprendentes. Yo mismo guardo el recuerdo de un par experimentadas de primera mano que podrán ser menores, pero que custodio como si fueran trofeos y trato de mantener lejos de la mirada clínica del infaltable refutador de leyendas.

Como puede esperarse, el folklore internacional está lleno de historias de coincidencias fabulosas. Algunas cruzan la frontera de la popularidad y se convierten en leyendas urbanas. En lo personal tengo que agradecer a ese gran difusor de historias que fue Charles Berlitz (1913-2003), famoso autor de serios tratados sobre ovnis, apocalipsis, triángulos bermudeños y atlantes, entre muchos otros habitantes de la frontera entre la ciencia y la fantasía, y nieto del fundador de las academias Berlitz de idiomas (el mismo Charles Berlitz podía hablar en 30 dialectos distintos) por aquellos muchos momentos de maravilla de mi niñez y preadolescencia, incluso esos que como aprendería más tarde no tenían, ¡ay!, mucho asidero real.

La historia que me ocupa hoy cumple algunas mínimas condiciones de notoriedad, ya que en su momento fue difundida por Associated Press y se hizo bastante conocida en Europa. También apareció en algunos diarios de habla inglesa (por ejemplo el californiano Lodi News-Sentinel) y la encontré referenciada en un par de libros distintos. Queda en el lector, sin embargo, la opción de estimar su verosimilitud.

El suceso ocurrió en 1994. El protagonista era un pescador holandés sesentón bautizado con el fantástico nombre de Cor Stoop. Este veterano lobo de mar se hallaba en medio de un viaje de pesca en pleno Mar del Norte cuando el clima rudo y el vaivén de las olas decidieron confabularse con el almuerzo del mediodía y jugarle una mala pasada. Apremiado por las circunstancias, Cor no dudó en vaciar su estómago por encima de la barandilla del barco; pero la eyección del contenido ofensivo resultó ser tan violenta que se llevó también la dentadura postiza que engalanaba sus encías superiores. Era un Cor desdentado y frustrado el que regresó a su casa esa noche, pensando en el tesoro nacarado que ahora yacía en el fondo del mar.

Dos meses más tarde, ocurrió lo inesperado. El dueño de una tienda de pesca de Amsterdam, pescador también él, se encontraba trozando la faena del día anterior cuando al abrir al medio uno de los bacalaos capturados se llevó una sorpresa mayúscula. Entre las tripas del animal de casi 10 kg había aparecido una dentadura reluciente, y a todas luces humana. Perplejo, el hombre consultó con gente del lugar, y dio con un capitán que recordaba un caso de unos meses atrás; el de un hombre que había perdido una dentadura postiza por encima de la borda. Cor Stoop.

Como por entonces no sabían todavía su nombre, el comerciante decidió ir a una radio de Amsterdam y hacer público el aviso del hallazgo con la esperanza de dar con el dueño de los dientes falsos. Aquí las versiones no se ponen de acuerdo sobre si el que estaba escuchando la radio en ese momento era Cor mismo o su esposa; lo cierto es que el veterano acudió al llamado y se reencontró con sus dientes perdidos, a los que identificó inequívocamente al calzárselos con un ajuste perfecto. El bacalao había devuelto lo que no le pertenecía.

En ese año, el Ministerio de Agricultura y Pesca del Reino Unido estimaba la población de bacalao en el Mar del Norte en aproximadamente 200 millones de ejemplares.

¿Verdad? ¿Cuento de pescadores? ¿Asombrosa conjunción de eventos, astros y peces? Continuará...


jueves, 3 de octubre de 2013

Mientras tanto, en Japón



Nos vamos al lejano Oriente, donde el cultivo de frutas se ha transformado en un arte de gran demanda. La próxima vez que visiten Tokio y les dé antojo por alguna manzana o ciruela, cuidado con meterse por error en la tienda Sun Fruits. Mejor evitar un desagradable chasco a la hora de pelar la billetera.

La cadena se especializa en la producción y venta de frutas regulares que han sido convertidas en inusuales artículos de lujo orgánicos. Todas las frutas que ofrecen son básicamente perfectas en cuanto a forma, tamaño y color, el resultado de un sofisticado proceso de selección y cultivo asistido por tecnología de punta y expertos cuidados manuales.

No se admiten manchas, magullones o asimetrías; por supuesto que tampoco gusanos o bichitos, pero no todo es sólo una presentación impecable. El sabor también viene garantizado. Hínquele el diente a una de estas bellezas y, asegura el gerente de la firma, "nunca lo olvidará".

Pero ¿cuánto le cuesta a un mortal disfrutar de estos manjares destinados a dioses? Depende. Un melón como el que sostiene la sonriente empleada de la foto puede costar unos 16000 yen: alrededor de u$s 165. Pero en julio se vendió un racimo de una variedad particular de uva por 400000 yen, es decir unos u$s 4000. Esto significa que se pagó casi u$s 100 la uva individual.

Y en mayo, un par de melones específicos se subastaron por 1.6 millones de yen: el precio de un auto modesto.

"Está destinado a los ricos", advierte alguien desde la sección de comentarios del sitio. "Hay fruterías normales en Japón", dice otro. Otro más trata de explicar haciendo referencia a la importancia que tienen los regalos en la cultura nipona, y es verdad que los regalos empresariales son uno de los destinos principales de la mercadería de Sun Fruits.

"No es muy distinto de un americano rico que gasta cientos de miles en una cartera", acota otro comentarista. Pero aunque el gesto, al ser intangible, perdure, me sigue pareciendo extraño todo ese dinero gastado en esta perfeccíón efímera que durará hasta que las bacterias hagan lo suyo, ya sea en el tracto intestinal de alguien o en alguna frutera de alta gama.


Via | Yahoo News

viernes, 13 de septiembre de 2013

Otro paso hacia el Holodeck



Tómense un momento para ver el siguiente video. Es una demo tecnológica; el resultado de un desarrollo que está llevando a cabo un equipo de una universidad de California.

La persona que realiza la presentación está utilizando tres tecnologías distintas: por un lado el Oculus Rift (el dispositivo de realidad virtual que se viene), el Razer Hydra ("joystick" para dirección y posicionamiento virtual) y modelos fotorealistas obtenidos mediante el escaneado 3D de gente real.



Desde hace un tiempo me doy cuenta de lo difícil que es estar preparado para algunos cambios. Si lo pienso bien no debería sorprenderme tanto: cuántos grandes escritores de la ciencia ficción, que concibieron colonias interestelares, no llegaron a imaginar a Internet. En el mundo de la tecnología, decimos "en 10 años va a pasar esto", pero las cosas parecieran terminar ocurriendo mucho antes.

Las impresoras 3D son un buen ejemplo de uno de esos adelantos que nos agarran por sorpresa. Se crearon a mediados de los '80, pero para la mayoría de la gente son recién llegadas; es más, podría decirse que acaban de salir del reino de la fantasía, y en un parpadeo ya están prácticamente al alcance del consumidor. Se dice, incluso, que hoy mismo la capacidad e imprimir objetos útiles en el hogar (utensilios? tarugos para la pared? molduras?) puede amortizar el costo de la impresora en un año, o en meses. Y que el material apto para imprimir objetos va a poder ser eventualmente cualquier sustancia maleable, desde chocolate a tierra húmeda.

Pienso que shockea esta impertinencia de las computadoras por querer atravesar las fronteras de su mundo y pasar a crear y modelar en el nuestro así, con tanto desparpajo. El pacto de cotidianeidad con la compu incluía al Word, al jueguito ocasional, cada tanto alguna impresión bidimensional, pero aquí se están tomando el codo, ¿no? Curiosamente, con el Holodeck nosotros parecemos querer hacer el camino inverso y meternos en el mundo digital. Nos desesperamos por ser el próximo Tron. Tal vez percibimos este enroque, sin darnos cuenta, como un signo de tiempos por venir que nos inquietan. O tal vez sea simplemente que vimos demasiadas películas.

Pero teniendo en cuenta entonces nuestra apreciación imperfecta de los tiempos tecnológicos, ¿cuánto va a pasar hasta que los modelos del video sean capaces de interactuar más significativamente con los usuarios? Lógicamente entre los que ya están listos para subirse (y los que están espoleando el desarrollo) está la industria del entretenimiento, y por lo que se ve en el video, la industria del contenido adulto no puede estar muy atrás. ¿Veremos un The Sims 5, o el 6, ya en entornos virtuales?

Cada vez menos cosas son prerrogativa exclusiva de los humanos.
(Fuente: The Singularity is Near, Kurzweil, 2005)
Más aún, ¿cuánto va a pasar hasta que la interacción de los modelos humanos con el usuario deje de ser un juego y sea *realmente* significativa, es decir, que incorpore los últimos avances en inteligencia artificial?Empezar siquiera a imaginar las posibilidades de esta tecnología en los campos de la ciencia, la medicina, el arte, etc es suficiente para entusiasmarse pero, basándome en el uso que se les da a muchas tecnologías disponibles hoy mismo, primero viene el pinchazo de la preocupación. Vuelven a surgir las inquietudes de siempre cuando se considera la posibilidad de un segmento humano que prefiera habitar reinos virtuales y de otro segmento al que le interese venderlos. Es que en el más inmediato de los mundos -el del entretenimiento- la palabra "responsabilidad" es básicamente un tabú.

Era fácil reírse de la realidad virtual cuando lo mejor que teníamos era el Virtual Boy y los mundos digitales tenían que caber en unos cuantos megas. Pero estábamos pensando en términos de limitaciones tecnológicas. Es el mismo error de las disqueras, editoriales o estudios de cine cuando tal vez subestimaban el impacto de la piratería porque eran pocos los que tenían acceso a una computadora de gran capacidad, o porque bajarse una película llevaba mucho tiempo. Un panorama de hace muy, muy pocos años.

Cuando miramos al futuro, entonces, tenemos que anular los efectos limitantes del bandwidth. Las preguntas siempre llevan en definitiva a temas que no tienen que ver con capacidades o disponibilidad de recursos. Son preguntas más antiguas que las colinas, como decía Gandhi, porque nos dejan sin excusas: si tenemos la oportunidad de robar sin consecuencias, ¿lo hacemos? Si podemos imprimir un arma, ¿la imprimimos? Si podemos vivir por el resto de nuestros días en mundos inventados por otros, ¿aceptamos el precio probable de la disfuncionalidad en el mundo que llamamos "real"?

Muchas de estas cuestiones, si no todas, se pueden tratar de responder hoy. Honestamente, sin autoengaños, y sin esperar al Holodeck o a la conexión de 30 Megas. La búsqueda diaria de la respuesta a esas preguntas y las justificaciones pertinentes todavía son prerrogativas humanas que no dependen de la brusquedad de cualquier cambio externo.


jueves, 12 de septiembre de 2013

El hombre que cambió un clip de oficina por una casa


¿Cuánto por un clip?
¿Se acuerdan de cuando hace unos años nos quedamos pasmados con el caso de Alex Tew? Alex Tew, ese chico inglés de de 21 años que para pagarse sus estudios elaboró un plan muy simple: vender pixeles de su sitio web a agencias de publicidad, a USD 1 el pixel. Terminó reuniendo más de un millón de dólares.

El éxito increíble del emprendimiento (el resultado final puede verse aquí) le abrió los ojos a muchos con respecto al poder de Internet y, sobre todo, para mí, al de la ingenuity (*)

Me gustan particularmente las historias en las que una idea sencilla y de bajo costo -básicamente al alcance de todos- termina con éxito. Es el caso de Kyle MacDonald, un bloguero canadiense que un día decidió empezar un juego con una inversión muy baja - un simple clip de oficina - y ver si podía iniciar una serie de canjes que terminaran convirtiéndolo en dueño de una casa. O una isla. O una isla con una casa, como explica en su sitio www.oneredpaperclip.com:

El 12 de julio de 2005 publiqué una foto de un clip rojo en mi blog y en la sección de canjes de Craigslist, preguntando si alguien quería cambiármelo por algo más grande o mejor. Unos días más tarde intercambié el clip por una lapicera con forma de pez. Después cambié la lapicera por la perilla de una puerta. Y así seguí, canjeando cada objeto por algo más grande o mejor. Tras 14 canjes, había obtenido una casa ubicada en 503 Main Street, en Kipling Saskatchewan.

Uno de los bonus que Kyle ofrecía a quienes aceptaran las condiciones del canje era que él personalmente acudiría a efectivizarlo, allí donde vivieran los interesados. Y eso hizo, a veces en su van acompañado por su familia entera, como describe en su blog: http://oneredpaperclip.blogspot.com.ar/. Recomiendo leerlo y navegar la historia de cada canje: esta fantástica aventura está narrada con mucho humor (por supuesto!) y documentado con fotos. Nada más con ver las fotos alcanza para darse una idea, pero la narrativa y los datos de cómo el juego fue creciendo y ganándole fans son impagables.

Los canjes incluyeron generadores eléctricos, barriles de cerveza, camionetas, viajes en avión y ¡una tarde con Alice Cooper! Siendo Internet lo que es, la noticia del experimento de Kyle corrió como pólvora y le trajo cada vez más exposición y fama. Con el éxito final, recibió las llaves de la ciudad, visitó programas de TV en Japón, escribió un libro. Y por supuesto, está la casa. Hoy trabaja como motivational speaker (claro!).

No me extraña que algunos de los comentaristas del blog pregunten por el destino final del clip rojo. ¿Tal vez querrían usarlo como fetiche de buena suerte, una pata de conejo de la era digital? Más interesante me parece la idea de mantener el clip andando por el mundo, sin que nadie lo posea nunca; que circule y empiece nuevas cadenas de canjes allí donde caiga.

Una idea trivial, casi un juego de niños, que lleva a resultados increíbles y concretos, más allá de la obvia ayuda de los medios que difundieron el proyecto. Maravilloso en sí mismo, aunque claro, no habría bastado con el clip, ni siquiera con la idea. Toda la cadena de canjes tuvo que estar lubricada con una buena onda a toda prueba de parte de todos los involucrados. De hecho, muchos de los canjes de Kyle parecieron ir en su detrimento, y beneficiar a su contraparte. Por eso la historia deja un sabor tan dulce. No sería la primera vez que un juego de niños saca lo mejor de los adultos.

CIMG6298.JPG
Kyle MacDonald (derecha) aceptando un globo de vidrio de KISS a cambio de una tarde con Alice Cooper
(una movida que mortificó a muchos fans que temieron por su sanidad mental)

(*) La palabra inglesa ingenuity (ingenio, inventiva, asociada con creatividad y espontaneidad) es un falso cognado; es decir, una palabra que se asemeja a otra de nuestro idioma, pero con la cual no guarda relación. En este caso, la palabra sería ingenuidad. Me tomo la licencia de incorporar ambos sentidos al término pues me parece a mí que la idea de MacDonald tiene mucho de ingenio y de ingenuidad sana.


martes, 10 de septiembre de 2013

Teseractia




He recibido un par de preguntas por el nombre del blog, así que me pareció pertinente aclararlas precisamente por esta vía.

El nombre Teseractia se me ocurrió cuando buscaba una palabra que evocara dos cosas básicas.

La primera era multiplicidad. Mi idea era darle al blog un cariz muy personal y también variado: mi cajón de cachivaches donde pudiera tirar o registrar todo aquello que me llamara la atención o que simplemente me motivara a escribir. Es decir que no apuntaba a ningún tema específico, sino que a todos a la vez. Para ello le pedí prestado a la biología el muy práctico sufijo "-ia", asegurándome entonces el contar con una población-genus de sujetos y objetos que serían definidos por la primera parte del nombre.

¿Cuál es entonces la característica de los miembros de este genus? El segundo aspecto buscado tenía que evocar maravilla, de esa variedad pura que sentimos rara vez, pero que tal vez nos marca para siempre. Para ello me pareció adecuado utilizar la idea de un teseracto, una intersección de trivialidades y experiencias que en conjunto pueden producir algo más formidable que la suma de las partes. Normalmente, mis intereses tienen una cualidad caleidoscópica que me llevan en un viaje multidisciplinario. Ningún factoide, por más pequeño que sea, es inocente a priori, y cualquiera puede disparar una búsqueda que con suma facilidad pase -y suele pasar- al terreno de lo metafísico. Tal vez esto más que cualquier otro factor delate la naturaleza real del combustible que yo defino vagamente como "interés".

Pero me parece bien insertar la digresión aquí. Un teseracto es una forma particular de un hipercubo, que a su vez es la figura geométrica n-dimensional equivalente y análoga al cuadrado o al cubo. El teseracto es un hipercubo de 4 dimensiones.

Ahora, no voy a presumir de imaginar cómo luce un hipercubo, mucho menos dibujarlo. Como mucho podría describir sus propiedades, las mismas que cumplen sus hermanos de menos dimensiones: simetría, ángulos rectos, etc. Así como el cuadrado (2D) está limitado por líneas/lados unidimensionales, y el cubo (3D) está limitado por caras bidimensionales, cada "cara" del teseracto (4D) es un hiperplano tridimensional, también llamado célula cúbica.

Al buscar una imagen que me ayude a representarme un cubo limitado por cubos, un cubo de cubos, recurro con desesperación al cubo de Rubik. Es todo inútil, por supuesto. El cubo de Rubik sigue siendo un objeto tridimensional y aprehensible por nuestra mente. No así el teseracto. Para desalentar más experimentos fútiles, basta con que tratemos de imaginar un vértice en el cual convergen cuatro líneas, todas perpendiculares entre sí. Sencillamente, nos falta una dimensión entera.

Lo mejor que tenemos a mano para ver qué pinta tiene un teseracto son las proyecciones a nuestra realidad manejable. Es lo que hacemos cuando queremos ver un cubo en nuestra pantalla 2D:

Esta proyección nos permite ver un cubo tridimensional girando

Para "ver" un teseracto, tenemos que proyectar en 2D una proyección en 3D de un objeto tetradimensional. Queda algo como esto:

Un teseracto rotando
Y aquí es donde entra en juego esa segunda razón para el título del blog. No podemos entender ni visualizar un teseracto a menos que lo "bajemos" a algo manejable, en este caso, nuestra realidad tridimensional. Pero eso no quiere decir que no exista en algún mundo que no podemos percibir, más allá de su existencia como cosa matemática.

En 1930, un maestro de escuela llamado Edwin Abbott Abbott escribió la novela Flatland. La historia describía un mundo de dos dimensiones donde vivían varias criaturas poligonales. Un día, a un Cuadrado se le aparece de pronto una Esfera, que viene de un mundo superior y tridimensional: Spaceland! Maravillado, el Cuadrado "contactado" intenta difundir la noticia entre su sociedad, con bastante mala suerte: no sólo Spaceland es absolutamente invisible para los ciudadanos de Flatland, sino que la misma Esfera sólo puede verse y percibirse como una proyección bidimensional en el mundo de los polígonos; es decir un círculo. La historia no termina bien para el Cuadrado, quien finalmente es apresado por la herejía de predicar la existencia de una realidad alternativa inverificable por los medios convencionales.

Me preocupo por que mi crítica al cientificismo sea moderada y lo menos acusadora posible, sobre todo cuando vengo de él. Cuando elijo nombrar a mi modesto blog personal (este modestísimo y tan poco actualizado blog personal) Teseractia hago alusión a mi realidad y a una comprensión definida en un momento de vida. Todo aquello que etiquetamos como concreto puede ser sólo una proyección de una realidad más acabada. Algunos, como el Cuadrado de Flatland, dicen que han llegado a percibir un Spaceland distinto. Me encapricha también soñar con que los fenómenos inexplicables de nuestro mundo, desde experiencias paranormales hasta el entanglement cuántico, son proyecciones imperfectas de fenómenos y entidades que guardan perfecta lógica en realidades multidimensionales.

No aspiro a explorar tanto. Por ahora, me conformo con coleccionar anécdotas, curiosidades y experiencias que tal vez algún día lleguen a conformar un todo más coherente. O tal vez simplemente entretengan, o difundan otras realidades también bien tridimensionales, y ya cumplieron su misión. La razón final y fundamental para la elección del título es que me gustaba como sonaba.