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martes, 7 de abril de 2015

El cerebro plástico y las discapacidades de aprendizaje


El texto que sigue es la traducción de un artículo publicado por Gary Weber en su blog "Happiness Beyond Thought" (http://happinessbeyondthought.blogspot.com).

Gary tiene un background militar, científico e industrial. Tras sufrir una experiencia cercana a la muerte se abocó al estudio (y experimentación) de la conciencia, pasando por Zen, Ramana Maharshi y miles de horas de meditación. Su enfoque es no-dual (neo-advaita), y aunque admite un costado devocional usualmente aborda el tema desde la óptica de las neurociencias. Su canal de Youtube incluye varias de sus conferencias y charlas. Su libro Happiness Beyond Thought está en Amazon pero también se distribuye en forma gratuita.

Es una satisfacción personal poder contar con su permiso para difundir libremente estos contenidos y hacerlos accesibles para una audiencia hispanohablante.

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Históricamente, los trastornos de aprendizaje han sido considerados un problema ante el cual no hay mucho que se pueda hacer. La creencia generalizada hasta hace un tiempo sostenía que el cerebro era inmutable y que las funciones perdidas no podían recuperarse. Según esta visión, eras o bien "lento" o "retrasado mental", lo que significaba que tu única salida eran las clases de educación especial.

Los tratamientos estándares se orientaban a desarrollar "compensaciones" o "métodos alternativos". Si no podías leer bien, tenías los audiolibros. Si eras "lento", era cuestión de tomarte más tiempo para terminar los exámenes.




Barbara Arrowsmith Young
Barbara Arrowsmith (que tiene un gran video de TEDx) era una de esas personas. Si bien su memoria visual y auditiva estaba en el percentil 99 y sus lóbulos frontales estaban bien desarrollados, su cerebro y su cuerpo eran asimétricos. Esto quiere decir que sus habilidades excepcionales coexistían con áreas de discapacidad.

Arrowsmith tenía afectada su región del habla, el área de Broca, de modo que le costaba pronunciar las palabras. No tenía proyección ni razonamiento espacial, por lo que no sabía si se estaba moviendo o dónde se encontraban sus brazos, sus piernas u otros objetos. Esto hacía que a menudo se chocara con cosas o tropezara. Se perdía con frecuencia. Su rango de visión era tan angosto que cuando leía sólo podía ver unas pocas letras a la vez.



¿Qué hora es?

Como no podía entender las relaciones entre distintos símbolos, no comprendía nada de gramática, matemáticas, lógica ni "causa y efecto", así que le era imposible conectar comportamiento con consecuencias, o leer las agujas de un reloj (sí, hay relojes que tienen agujas). Era disléxica e invertía las letras.  

Su buena memoria le permitía avanzar en el colegio, pero no tenía comprensión de lo que aprendía. Y el no entender lo que sucedía a su alrededor la llenaba de dudas e incertidumbre. Hubo un intento fallido de suicidio. 




Llegada a la universidad, Bárbara se enfocó en el desarrollo infantil y tuvo mucho éxito interpretando signos no verbales en los estudios de observación de niños. Se le pidió que dictara el curso. En su tesis de 1982, demostró que el modelo de "compensación/método alternativo" no estaba funcionando; los niños con trastornos de aprendizaje no mejoraban.


Alexander Luria
Después descubrió el trabajo de Alexander Luria, un psicoanalista freudiano de Rusia. Cuando Stalin llegó al poderLuria debió retractar sus "errores ideológicos" relacionados con el psicoanálisis y asistir a la escuela médica. Los casos examinados por Luria culminaron en un libro: "El hombre del mundo destrozado", donde describía en detalle la situación de un soldado ruso llamado Lyova Zazetsky, a quien una herida de bala lo había dejado con un profundo trauma cerebral.



La unión TPO
Un poco más atrás del círculo

Al leer el libro de Luria, Bárbara pensó: "Está describiendo mi vida". Luria descubrió que la bala había dañado el área del hemisferio izquierdo (TPO) donde se unen tres lóbulos de percepción principales: el temporal (sonido/lenguaje), el parietal (relaciones espaciales/integración sensorial) y el occipital (imágenes visuales).  Bárbara ahora sabía dónde estaba su problema, pero no qué hacer al respecto.

Fue entonces cuando apareció un paper escrito por Mark Rosenzweig @ UC Berkeley sobre el comportamiento de las ratas en entornos con distintos niveles de estímulo. Los entornos más ricos producían más neurotransmisores y un mejor suministro sanguíneo. Esta era una de las primeras demostraciones de neuroplasticidad; i.e. el mecanismo por el cual las actividades pueden cambiar el cerebro.
Cambios en el cerebro de las ratas

Bárbara supo entonces qué hacer... trabajar directamente sobre sus funciones más débiles. Como no podía leer un reloj, diseñó cientos de tarjetas con distintas horas y posiciones de las agujas. Sorprendida por los primeros resultados, comenzó a agregar más agujas para los segundos y las fracciones. Pronto podía leer la hora en un reloj como cualquier otra persona. 


El descubrimiento más inesperado fue que el ejercicio con los relojes le permitía mejorar rápidamente sus dificultades con otras relaciones simbólicas. Ahora podía entender gramática, matemática, lógica y la dinámica de una conversación (un gran momento del video de TEDx es cuando relata cómo pudo finalmente entender lo que decía un libro). Pronto pudo desarrollar sus capacidades de proyección y reconocimiento espacial al punto en que dejó de chocarse y tropezarse con las cosas. Junto a otra estudiante con "discapacidad de aprendizaje", Bárbara abrió una escuela en Toronto llamada Arrowsmith, donde se aplicaban estas sencillas técnicas.  Como la neuroplasticidad aún no estaba aceptada y no se habían desarrollado todavía los escaneos cerebrales de alta tecnología, el emprendimiento fue recibido con mucho escepticismo.  

¿Qué es lo que se hace en Arrowsmith? Primero se realizan evaluaciones de amplio espectro para identificar con precisión las funciones que son débiles y tratables. Después se desarrollan ejercicios específicos. Algunos niños reciben ejercicios por computadora en los que deben leer relojes complejos para mejorar su comprensión simbólica, gramática, lógica y matemática, tal como hizo Bárbara.

Los estudiantes que olvidan las instrucciones escuchan CD y memorizan poemas para mejorar sus memorias auditivas. En promedio, una persona puede recordar siete elementos no relacionados... ellos sólo pueden recordar dos o tres. Esto representa una gran desventaja cognitiva.

Para las personas que aparentemente tienen afectadas las funciones del lóbulo frontal, lo que las hace aparecer desorganizadas e incapaces de aprender de los errores, existen programas destinados a reforzar su capacidad de planeamiento, fijación de objetivos y persistencia.

Sánscrito, inglés y urdu
en
 Nueva Delhi (Mike Lynch)

Otros niños estudian letras de alfabetos poco familiares, como urdu o farsi (en mi experiencia, el sánscrito también funciona), con el fin de reforzar sus memorias visuales y la capacidad del cerebro de reconocer y recordar formas complejas con rapidez. 

Otros usan parches para cubrirse sus ojos izquierdos y trazan líneas intrincadas y letras del alfabeto chino, forzando la entrada de información visual en el ojo derecho y reforzando el área problemática. La lectura mejora, la escritura se hace más rápida y el discurso se vuelve más parejo y fluido; todo como consecuencia de los cambios cerebrales.

A medida que escribimos menos y menos, la misma maleabilidad del cerebro –que se rige por la norma "úsalo o piérdelo"– tiende a quitar énfasis a ciertas funciones en privilegio de otras. Cuando tipeamos y usamos los pulgares para escribir (Type, Thumb and Print o TTP, por su sigla en inglés), abordamos cada letra por separado. Al escribir normalmente, el cerebro debe procesar y coordinar movimientos más complejos. Con TTP, la lectura se alerda y las oraciones habladas se vuelven más cortas y simples: consecuencia del desplazamiento de valiosa capacidad cerebral a otras funciones.


Adaptación evolutiva al texteo
El hecho de que estas habilidades memóricas y de lecto-escritura hayan sido eliminadas de las curriculas básicas de los colegios, con la excusa de que eran "aburridas", "demasiado difíciles" e "irrelevantes" –ya que han sido reemplazadas por TTP–, también ha afectado sustancialmente el campo de las presentaciones.




Las presentaciones que solían ser abiertas, espontáneas y atractivas, realizadas sin la ayuda de notas, han sido reemplazadas por Powerpoints recitados tediosamente palabra a palabra, directamente de la pantalla... "la compensación definitiva para una corteza motora débil", como señala Norman Doidge en "The Brain That Changes Itself", un tratado sobre neuroplasticidad que recomiendo sin reservas.

Merece destacarse el hecho de que las nuevas recomendaciones de TED(x) para la presentación de diapositivas sugieren enfáticamente abandonar las "diapositivas con mucho texto" o las que "detallan más de un tema" por esta misma razón.    


Norman Doidge

Los resultados de los sencillos ejercicios de Arrowsmith "transforman la vida". Consideremos el caso de un niño de 13 años que ingresó al instituto con niveles de matemática y lectura correspondientes a un tercer grado. Ya había pasado por diez institutos especializados en "discapacidades de aprendizaje" sin éxito, y se le había dicho que nunca mejoraría. Tras su paso por Arrowsmith, se graduó de la universidad y ahora trabaja en el sector de capital de riesgo (evitemos las bromas, por favor).  

Otro chico de 16 años pasó de un nivel de lectura de primer grado a uno de séptimo en 14 meses.

Como todos tenemos algunas funciones cerebrales más débiles que pueden tener un efecto profundo en nuestras vidas, tanto profesionales como personales, estas técnicas sencillas pueden ser útiles para todos. Bárbara también ha brindado ayuda a adultos, entre ellos artistas, letrados y estudiantes universitarios.  

En mi experiencia, es esencial enfocar los esfuerzos de desarrollo en las áreas más débiles, y no seguir haciendo lo que ya haces bien, ya que allí no hay tantas oportunidades para mejoras adicionales. 



Traducido con autorización de Gary Weber


Fuente | Happiness Beyond Thought 

jueves, 27 de noviembre de 2014

Netflixeando: Yo Soy (2011)

Cierta vez me encontraba en la sala de espera de un consultorio aguardando un turno que ya llevaba bastante retraso. Como esto era antes de los celulares y no tenía un libro encima, tuve que recurrir a la oferta disponible en el revistero, que consistía en una mezcla de revistas "del corazón" y de esas que se obsesionan con las vidas de las celebridades.

Asomándome así al mundo de los ricos y famosos, leí una nota donde se afirmaba que Julio Iglesias era dueño de varias propiedades repartidas por el mundo, todas ellas valuadas en pequeñas fortunas. Según el artículo, algunas de estas moradas internacionales apenas habían sido visitadas, mientras que en otras el cantante nunca había puesto un pie.

Recuerdo que la idea me produjo una cierta tristeza. Me imaginé aquellas mansiones inmóviles, esas decenas de habitaciones vacías empolvándose en silencio, alumbradas tal vez con la presencia del cuidador ocasional, pero sin oportunidad de cobijar alguna memoria pasional o siquiera algún fantasma modesto.

La noticia me produjo eso y, por supuesto, la misma perplejidad que aún hoy siento ante noticias similares, que tiene que ver con el eterno tema de la motivación. ¿Por qué? ¿Para qué?

Tom Shadyac es el nombre del director de varias comedias protagonizadas por Jim Carrey: Ace Ventura: Detective de Mascotas (Ace Ventura: Pet Detective, 1994), Mentiroso Mentiroso (Liar Liar, 1997), Todopoderoso (Bruce Almighty, 2003), entre otras. Y como él mismo cuenta en su documental semibiográfico Yo Soy (I Am, 2011), tras conocer el éxito en Hollywood comenzó a llevar un estilo de vida similar al de Iglesias.

Sus películas recaudaban millones. Iba de fiesta en fiesta y se codeaba con el jet-set de la industria del entretenimiento. Solía ir de "shopping", pero no en busca de ropa o juguetes caros, sino de casas lujosas. No se mencionan detalles más escabrosos, si los hubo, pero su existencia seguía en general el molde de las del resto de las estrellas terrenales, quienes suelen cumplir puntillosamente aquel mandato implícito que indica que, cuanto más grande es la mochila, más hay que llenarla.

Pocos años después, sin embargo, llegaría para Shadyac un momento bisagra. Se hallaba solo en el vestíbulo del nuevo palacete que acababa de comprar, todavía entre los bultos que había dejado el camión de la mudanza, cuando se percató de algo muy simple, pero también muy inquietante.

Descubrió que no se sentía feliz.

En rigor, el momento bisagra había ocurrido antes, en 2007, cuando un accidente de ciclismo lo había enviado al hospital con una conmoción cerebral, hipersensibilizado, postrado y con pronóstico incierto. Tras meses de infierno, eventualmente Shadyac se enfrentó a la realidad y la inmediatez de la muerte. Y de pronto, un día, los síntomas comenzaron a ceder. Pero así como cuando se repliega la marea la arena que queda ya no es la misma, el exitoso y despreocupado director de Hollywood ya había cambiado.

La experiencia pareció apartar un velo intuido pero ignorado, y también disparó un par de preguntas que hasta entonces habían quedado sumergidas en las piscinas de las bacanales californianas y ahora apremiaban por algún motivo. En particular:

¿Cuánto es demasiado?

O también, ¿cómo se relaciona la pulsión de poseer con la de aventajar y diferenciarnos del resto? Es decir: ¿cómo se relaciona la pulsión del consumo con la construcción de una identidad individual?

Shadyac analiza brevemente estas preguntas, conectándolas con la ubicuidad de la competencia y la constante búsqueda del éxito o el reconocimiento en todos los planos, pero enseguida las deja en el aire y arremete con la cuestión central que lo desvela:

¿Cómo se arregla el mundo?

La parte más extensa del documental se dedica a encontrar una respuesta convincente a esta pregunta. Para ello, el director recurre a varias personalidades de la ciencia, la literatura y la intelectualidad, quienes en un marco descontracturado e intimista (no puede faltar el humor, especialmente la parte en que tipos como Noam Chomsky deben responder si han visto Ace Ventura), van delineando la tesis: la respuesta a la supervivencia de nuestra especie está en nuestra capacidad innata para la colaboración y la empatía.

Los argumentos presentados van desde la poesía a la psicología y la biología. En una ecléctica sucesión de imágenes y conceptos, veloces pero prolijamente editados, desfilan Rumi, Einstein y el Dalai Lama. Todos ellos señalan la necesidad de rescatar la esencial función social humana de ese grillete individualista que confina a la especie, sobre todo desde la visión de las ciencias duras, a una competencia feroz por la supremacía gobernada por nuestros mismos genes y, por lo tanto, inevitable.

Tom Shadyac entrevistando a Desmond Tutu, figura del anti-apartheid.
"¿Ha visto 'Ace Ventura'?"
No todo me impresiona como convincente en este compost heterogéneo de ideas y buenas voluntades que, tal vez por su ecumenismo, a veces parecen ir en distintas direcciones sin mucha estructura. El foco está puesto mayoritariamente en las ciencias mainstream, las blandas y las duras, aunque hay algunas (pocas) referencias a la cuántica, y un reconocimiento a la vertiente más "fringe" que encarnan el Instituto de Ciencias Noéticas y el Instituto HeartMath. Pero aunque el tratamiento puede ser light, el documental no se ocupa de misticismo ni de conciencia universal, y Dios no aparece por ningún lado.

De hecho, en el tercer acto la película parece apoyarse en el rescate de nuestros "better angels", al decir de Steven Pinker, subrayando el valor del activismo pacífico mediante figuras más convencionales y concretas como Martin Luther King, Gandhi y el hombre de Tiananmen. Pero si la respuesta a los males del mundo decepciona un poco por lo simplista o trillada, la película preserva una veta mucho más rica que merece destacarse. Porque no olvida la pregunta inicial de Shadyac, la que lo empujó en definitiva a ampliar sus miras y a considerar a la humanidad en su conjunto.

¿Cuánto es demasiado?

¿Por qué volvemos a esto, por qué vuelve Shadyac? Parecería más importante lo otro, ver cómo se arregla el mundo, buscar una teoría unificada que explique todos los males de la humanidad como derivados de un rasgo o factor. ¿No sería maravilloso? Si pudiéramos identificar ese maldito interruptor, sólo restaría aprender cómo activarlo.

Y todos podemos ensayar respuestas, que aunque puedan ser coincidentes, contrapuestas o mixtas, casi con seguridad involucrarán cambios que deberán realizar esa vaga mezcla de estereotipos, atajos y prejuicios a medio cocinar que llamamos "los demás" y que, por tanto, están fuera de nuestro control.

Hay una razón, pienso, para que Shadyac haga hincapié ese momento crucial en que pudo verse "desde afuera" como actor en una comedia con un guión preestablecido de la que, paradójicamente, él no era el director.

El descubrimiento de que uno no está en control suele ser devastador. Puede dar por tierra con una vida entera. Quizá por eso muchos reaccionan aferrándose aún más a su solución o modelo, y terminan convenciéndose de que los cambios deben imponerse en forma mecánica, es decir por la fuerza. Más allá de esta frontera nos espera el laberinto de las locuras revolucionarias, el fundamentalismo religioso, los regímenes totalitarios y las masacres étnicas. Afortunadamente Shadyac no sugiere avanzar por ahí.

De hecho, lo notable es cuán cerca de casa elige quedarse. Sobre el final del documental, nos cuenta un poco más de su vida actual y del progreso de su nuevo camino, y es allí donde se puede ver hasta qué profundidad caló ese desplazamiento de percepción. Vendió su mansión de Los Angeles y el grueso de sus posesiones, abrió un hogar para homeless y se mudó a un barrio de casas rodantes. Desde allí planeó esta película y un libro sobre sus experiencias en la nueva senda.

Imagino que el hombre aún así tiene para vivir cómodamente el resto de sus días, pero este nunca fue, para mí, el punto, ni los ricos son el problema real. La claridad que le permitió a Shadyac una crisis inesperada también le permitió hacer lo que muy pocos en su posición harían, o siquiera considerarían: cambiar su propio estilo de vida. En mi opinión, el hecho de tener una cuenta bancaria abultada lo hace incluso más raro y admirable.

En última instancia, el trabajo de Shadyac elude los devaneos teóricos y los sermones, toma la punta del ovillo, y ofrece una respuesta pragmática. Puede que éste sea su mayor valor. Es un documental ligero y a la vez extraordinario, que entiende que las preguntas "¿cuánto es demasiado?" y "¿cómo se arregla el mundo?" están sutil pero inextricablemente ligadas.



miércoles, 30 de julio de 2014

Harry Dean Stanton y la nada



Harry Dean Stanton es uno de esos actores que no convocan exactamente multitudes ni abultan taquillas por sí mismos. Pero también es de esos que suelen aportar categoría automática a una película con su sola presencia. No importa si se trata de bodrios clase B, ni cuán importante sea el rol que les toca jugar. Stanton tiende a marcar una impresión tan indeleble como sus aparentemente eternas arrugas.

Siempre me lo confundo con su contraparte británica en varios sentidos, John Hurt. Quizá sea que ambos comparten esa mezcla poco usual de talento perdurable y look cotidiano, transitado, o "weather beaten", como dicen por ahí. O porque ambos fueron parte de ese fogonazo irrepetible que fue Alien (1979), donde pudieron brillar en su papel de trabajadores mundanos transportados a una pesadilla futurista. Un guante de seda para el aire de Hombre Común que destilan ambos en la pantalla con una facilidad que engaña.

Volviendo a Harry Dean Stanton, que ya tiene 88 años. La famosa revista estadounidense Esquire lo entrevistó en 2008 y produjo un artículo inusual que se limita a enumerar una serie de reflexiones del actor. Astutamente se nos oculta el hilo conductor que las motivó, aunque no debe ser muy difícil de reconstruir. Tal vez el periodista sintió que toda pregunta era superflua; tal vez supuso que las frases lo decían todo.

Lo cierto es que Stanton demuestra estar a la altura de su estatus de culto y de su propio rostro curtido. Sus comentarios reflejan varios viajes internos.

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(Extracto)

Iglesias. Católicos. Judíos. Cristianos. Protestantes. Mormones. Musulmanes. Cienciólogos. Todos ellos son macrocosmos del ego. Cuando el hombre empezó a pensar que era una persona separada, con un alma separada, creó una situación violenta.

Todos quieren una respuesta. Creo que fue Gertrude Stein quien escribió: "No hay una respuesta, nunca hubo una respuesta, nunca habrá una respuesta. Esa es la respuesta". Es difícil de tragar, pero es la verdad última.

Estábamos haciendo la película A través del huracán (Ride in the Whirlwind, 1966) y Jack vino y me dijo "Harry, tengo este personaje para ti. Su nombre es Blind Dick Reilly y es el líder de la pandilla. Tiene un parche en el ojo y usa un bombín". Y después me dijo: "Pero no quiero que hagas nada. Deja que sea el vestuario del personaje el que actúe". Quiso decir: sólo actúa como tú mismo. Hago las cosas así desde entonces.

La percepción directa es su propia acción.

No sabes lo que vas a decir o pensar dentro de diez segundos. ¿Quién está al mando, entonces?

Yo también me gano la vida haciendo preguntas. Al actuar, haces preguntas.

No hay una respuesta a la pregunta de qué era lo que convertía a Paul Newman en un gran actor.

No, no tengo curiosidad sobre nada. Simplemente dejo que todo suceda.

No hay una respuesta para la existencia del estado de Kentucky. Nuevamente, estás buscando una respuesta y no hay ninguna.

Sólo me alimento para poder fumar y mantenerme vivo.

Los Diez Mandamientos. ¿Qué es eso? Eso es lo que hacen en el Ejército, darte órdenes. ¿"No matarás"? E inmediatamente nos dedicamos a matarnos; en masa.

La mayoría de la gente no habla de ello, a medida que envejece. Pero el impulso sexual cede. Ya no te motiva.

Me encantaría conocer a Gandhi. Y a Cristo. Estoy seguro de que sería un tipo interesante. Y muy distinto de lo que piensa mucha gente.

El vacío, la nada, son conceptos aterradores para la mayoría de las personas en este planeta. Yo mismo a veces sufro ataques de ansiedad. Conozco el miedo a ese vacío. Debes aprender a morir antes de morir. Te rindes, te abandonas al vacío, a la nada.

Ah sí, con Marlon hablábamos todo el tiempo de estas cosas. Una vez, por teléfono, me preguntó: "¿Qué piensas de mí?" Y yo le dije: "Creo que no eres nada". Y él "¡JAJAJA!"

¿Si hay una manera interesante de morir? ¿A quién mierda le importa? Ya estás muerto de todas formas.

Lo único que me da miedo es no saber cuánto tiempo va a continuar la consciencia después de que el cuerpo muera. Sólo espero no encontrar nada. Como era todo antes de que naciera.

¿Has entrevistado a alguien más que hable de estas cosas?

Espera, tengo que atender esta llamada. "Hey, hermano. Sí, fantástico. Sí, me está entrevistando un tipo de Esquire. Estamos hablando sobre nada. A esta altura ya lo tengo bastante empapado en nada. Ha dejado de hacerme preguntas".

Entrevista de Cal Fussman



Via | Esquire


miércoles, 5 de marzo de 2014

Apostilla a "Gravedad"



No vi la entrega de los Oscar y no sé bien quién ganó qué. Hace muchos años que la ceremonia dejó de interesarme, así como sus criterios. No es por pasar por anti-establishment, porque admito con naturalidad que desde chico y durante década y media más fui un fan declarado y sentí la "magia" de Hollywood en carne propia. Lo adjudico más a haber nacido en la generación de Spielberg — y, sobre todo, de John Williams — más que a cualquier cholulismo, ya que siempre vi a los actores como actores. La decepción que siguió a ese idilio fue gradual y lenta, pero definitiva. No me quejo; yo crecí con E.T. e Indiana Jones; los preteens de hoy tienen a Crepúsculo y Tarantino.

Volviendo a la entrega, sí sé, por lo menos, que Gravedad anduvo por ahí y se llevó algunas estatuillas. Perfecto, aplaudo la coincidencia. No tengo que aclarar que aunque no hubiera ganado ninguna, seguiría siendo una de las mejores películas que he visto en el pasado reciente, incluso después de pasar con honores la prueba de la segunda vez a la que acceden las muy contadas películas que hoy logran generarme un mínimo entusiasmo, o que directamente merecen que las termine de ver.

Pero este post existe porque en mi recorrido periódico para desempolvar las novedades fílmicas de los últimos meses descubrí la reseña de noviembre de MaryAnn Johanson, la neoyorquina que escribe FlickFilosopher.com (uno de los sitios de cine online más antiguos de Internet), y me pareció excelente.

En particular, Johanson hace una observación de esas que me hubiera gustado pescar yo mismo:

Quizás lo más hermoso de Gravedad — y este concepto se lo debemos originalmente a la ciencia ficción — es la sensación de que la Tierra que rota bajo Stone [Bullock] y Kowalski [Clooney] no es una colección de lugares discretos y distintos, sino que es un solo lugar. Un solo Hogar. En Gravedad, no se trata de escapar de la órbita terrestre para llegar a Houston o el Lago Zurich, en Illinois (Stone le cuenta a Kowalski que ella vive allí), o a un lugar específico. Se trata de volver Abajo. A cualquier parte. Incluso en las tomas panorámicas del planeta, Cuarón no nos da ningún punto de referencia reconocible: no tenemos la bota de Italia, los Grandes Lagos, nada a qué aferrarnos. Sólo se ve verde, azul, y nubes. Es todo hogar. Es un concepto sobre el que deberíamos tratar de reflexionar más, porque muchos de los problemas actuales que nos parecen intratables — como el cambio climático — serían mucho menos intratables si viéramos al planeta como un lugar unificado en lugar de dividido.

Me parece un bello pensamiento, y extremadamente pertinente. Podría utilizarlo para decir que el mundo se reparte entre quienes lo ven (y lo viven) como un entrecruzamiento sin fin de divisiones, fronteras, conspiraciones, identidades, luchas de clase/religión/raza, conflicto permanente, etc. y quienes, sin ignorar lo anterior, se ubican en una capa más externa, una órbita si se quiere, desde donde entienden que a la distancia todos esos límites se difuminan y pierden sentido. Algunos logran subir a este punto escénico en vida, la mayoría parece hacerlo en su lecho de muerte.

Y aún si definiera estos dos grandes grupos, estaría cayendo en la misma trampa; porque todas esas posturas, esperanzas y dislates nos pertenecen a todos, y el mundo exterior es sólo una proyección de esto.


Posts relacionados: Gravedad: Earth below us, drifting, falling

Via | FlickFilosopher

jueves, 12 de diciembre de 2013

Razón #375 para hacer ese curso anti-stress



Había una vez un tiempo de inocencia individualista en el que nos figurábamos más o menos separados del resto del mundo. Un tiempo en que nos repetíamos, como consuelo, que nuestros muchos mambos acumulados a lo largo de los años no molestaban en definitiva a nadie más que a nosotros mismos o, a lo sumo, a quien nos tuviera que soportar de cerca.

¿Escuchan eso? Es el sonido de otra ilusión agrietándose. Como si uno no tuviera las manos llenas lidiando con los problemas de la propia existencia, un nuevo e inquietante estudio publicado en la sección Neuroscience de Nature.com nos sugiere que nuestros traumas, triggers y miedos no sólo pueden afectar nuestro entorno más o menos cercano (algo de fácil verificación con cualquier modelo casero de contagio psicológico) sino que pueden transferirse directamente a nuestra descendencia valiéndose de, cuándo no, esos molestos genes.

Los experimentos mostraron que un evento traumático podía afectar el ADN del esperma y alterar los cerebros y el comportamiento de generaciones subsiguientes. (...) El profesor Marcus Pembrey, del University College London, afirma que los descubrimientos fueron "muy relevantes para los casos de fobias, ansiedad y trastornos por estrés postraumático" y que brindaron "indicios convincentes" de que existe una forma de memoria que se transmite entre generaciones.

"Es hora de que los investigadores abocados a temas de la salud pública se tomen en serio las respuestas trasngeneracionales humanas", agrega.

"Sospecho que hasta que adoptemos un enfoque multigeneracional no terminaremos de entender las razones del aumento de los trastornos neuropsiquiátricos, ni de la obesidad, la diabetes o cualquier tipo de disfunción metabólica."

Todo esto tiene que ver con el estudio de la epigenética, es decir, de las variaciones de expresión de los genes (fenotípicas) que no surgen de un cambio en la secuencia de los genes mismos, sino que se inducen por cambios en el entorno. Y que se heredan.

Estas líneas de investigación trabajan en la frontera de la ciencia de nuestros días, con resultados que no se comprenden aún en su totalidad. Lo que está claro es la inadecuación de ciertos axiomas de la genética clásica. Me gusta compararlos con la papilla que hizo la astronomía moderna (desde la misma invención del telescopio) con el concepto de la inmutabilidad de los cielos que antiguamente se presumía axiomático.

Tal vez estemos a las puertas de una revolución similar. De prosperar este estudio (que involucró ratones, olores y cambios en comportamientos), y sin mencionar los efectos potenciales sobre el tratamiento de las sintomatologías o enfermedades mencionadas, agregaría toda una dimensión nueva (biológica) a la noción de responsabilidad personal, y la importancia del breve lapso en que podemos ejercerla durante nuestro paso por esta tierra.

En otras palabras, puede ser que podamos dejar atrás algo más que actos, pensamientos, escritos o ejemplos. Nuestra misma reacción al mundo que nos rodea hoy puede tener más influencia de lo que imaginamos en la confección del mundo de nuestros hijos.

El estudio se centra en la transmisión de aspectos que podríamos llamar negativos e irracionales. Es probable que esto se deba a que son mucho más fáciles de observar. Pero la puerta queda abierta para indagar, por qué no, sobre la transmisión de estructuras más complejas. Si los males pueden pasar, ¿qué hay de las virtudes? Tal vez la respuesta a esa pregunta sea la base de la próxima revolución.


Via | BBC News

viernes, 13 de septiembre de 2013

Otro paso hacia el Holodeck



Tómense un momento para ver el siguiente video. Es una demo tecnológica; el resultado de un desarrollo que está llevando a cabo un equipo de una universidad de California.

La persona que realiza la presentación está utilizando tres tecnologías distintas: por un lado el Oculus Rift (el dispositivo de realidad virtual que se viene), el Razer Hydra ("joystick" para dirección y posicionamiento virtual) y modelos fotorealistas obtenidos mediante el escaneado 3D de gente real.



Desde hace un tiempo me doy cuenta de lo difícil que es estar preparado para algunos cambios. Si lo pienso bien no debería sorprenderme tanto: cuántos grandes escritores de la ciencia ficción, que concibieron colonias interestelares, no llegaron a imaginar a Internet. En el mundo de la tecnología, decimos "en 10 años va a pasar esto", pero las cosas parecieran terminar ocurriendo mucho antes.

Las impresoras 3D son un buen ejemplo de uno de esos adelantos que nos agarran por sorpresa. Se crearon a mediados de los '80, pero para la mayoría de la gente son recién llegadas; es más, podría decirse que acaban de salir del reino de la fantasía, y en un parpadeo ya están prácticamente al alcance del consumidor. Se dice, incluso, que hoy mismo la capacidad e imprimir objetos útiles en el hogar (utensilios? tarugos para la pared? molduras?) puede amortizar el costo de la impresora en un año, o en meses. Y que el material apto para imprimir objetos va a poder ser eventualmente cualquier sustancia maleable, desde chocolate a tierra húmeda.

Pienso que shockea esta impertinencia de las computadoras por querer atravesar las fronteras de su mundo y pasar a crear y modelar en el nuestro así, con tanto desparpajo. El pacto de cotidianeidad con la compu incluía al Word, al jueguito ocasional, cada tanto alguna impresión bidimensional, pero aquí se están tomando el codo, ¿no? Curiosamente, con el Holodeck nosotros parecemos querer hacer el camino inverso y meternos en el mundo digital. Nos desesperamos por ser el próximo Tron. Tal vez percibimos este enroque, sin darnos cuenta, como un signo de tiempos por venir que nos inquietan. O tal vez sea simplemente que vimos demasiadas películas.

Pero teniendo en cuenta entonces nuestra apreciación imperfecta de los tiempos tecnológicos, ¿cuánto va a pasar hasta que los modelos del video sean capaces de interactuar más significativamente con los usuarios? Lógicamente entre los que ya están listos para subirse (y los que están espoleando el desarrollo) está la industria del entretenimiento, y por lo que se ve en el video, la industria del contenido adulto no puede estar muy atrás. ¿Veremos un The Sims 5, o el 6, ya en entornos virtuales?

Cada vez menos cosas son prerrogativa exclusiva de los humanos.
(Fuente: The Singularity is Near, Kurzweil, 2005)
Más aún, ¿cuánto va a pasar hasta que la interacción de los modelos humanos con el usuario deje de ser un juego y sea *realmente* significativa, es decir, que incorpore los últimos avances en inteligencia artificial?Empezar siquiera a imaginar las posibilidades de esta tecnología en los campos de la ciencia, la medicina, el arte, etc es suficiente para entusiasmarse pero, basándome en el uso que se les da a muchas tecnologías disponibles hoy mismo, primero viene el pinchazo de la preocupación. Vuelven a surgir las inquietudes de siempre cuando se considera la posibilidad de un segmento humano que prefiera habitar reinos virtuales y de otro segmento al que le interese venderlos. Es que en el más inmediato de los mundos -el del entretenimiento- la palabra "responsabilidad" es básicamente un tabú.

Era fácil reírse de la realidad virtual cuando lo mejor que teníamos era el Virtual Boy y los mundos digitales tenían que caber en unos cuantos megas. Pero estábamos pensando en términos de limitaciones tecnológicas. Es el mismo error de las disqueras, editoriales o estudios de cine cuando tal vez subestimaban el impacto de la piratería porque eran pocos los que tenían acceso a una computadora de gran capacidad, o porque bajarse una película llevaba mucho tiempo. Un panorama de hace muy, muy pocos años.

Cuando miramos al futuro, entonces, tenemos que anular los efectos limitantes del bandwidth. Las preguntas siempre llevan en definitiva a temas que no tienen que ver con capacidades o disponibilidad de recursos. Son preguntas más antiguas que las colinas, como decía Gandhi, porque nos dejan sin excusas: si tenemos la oportunidad de robar sin consecuencias, ¿lo hacemos? Si podemos imprimir un arma, ¿la imprimimos? Si podemos vivir por el resto de nuestros días en mundos inventados por otros, ¿aceptamos el precio probable de la disfuncionalidad en el mundo que llamamos "real"?

Muchas de estas cuestiones, si no todas, se pueden tratar de responder hoy. Honestamente, sin autoengaños, y sin esperar al Holodeck o a la conexión de 30 Megas. La búsqueda diaria de la respuesta a esas preguntas y las justificaciones pertinentes todavía son prerrogativas humanas que no dependen de la brusquedad de cualquier cambio externo.


jueves, 8 de noviembre de 2012

El presidente Mujica y el desarrollo sustentable


José "Pepe" Mujica en su chacrita de las afueras de Montevideo. Cultiva flores.
Dicen que destina el 90% de sus ingresos a fundaciones sociales.

No tengo intención de hablar de política en este blog, principalmente porque lo que mucha gente designa como política yo lo llamo otra cosa. He escuchado a quienes dicen que la política es todo: opino lo contrario. Sí pienso que suele ser un pretexto para apropiarse de cuestiones de otras disciplinas y aplicarlas como slogan a un objetivo determinado. Es por eso que en el mundo de la política es tan raro hallar expresiones de coherencia, sentido común o lisa y llana humanidad.

Cuando leo entonces el discurso que pronunció en julio de este año el presidente de Uruguay, Pepe Mujica, (el marco fue una cumbre para el desarrollo sustentable en Rio) me cuesta considerarlo un discurso político, por más que lo esté pronunciando una innegable figura política. Y por más que él mismo insista, y yo difiera, en que lo que está diciendo es una cuestión política. Es un discurso humano y que debería apelar a la reflexión de todo el mundo, pero pienso que no hay imposición o presión externa que pueda motivar ese tipo de reflexión fuera de los trances difíciles de la vida. Las inspiraciones, que no son impuestas, pueden ser un gran factor de transformación. Ambos casos se unen a la capacidad de observación e introspección que podamos desarrollar en nuestro fuero interno. Pienso que la política tiene poco que hacer a este nivel, y a lo sumo tendrá que aparecer más adelante cuando los cimientos no sean arena pura.

¿El discurso? Creo que es único. No es la primera vez que me sorprende este hombre. Pueden ver la transcripción haciendo clic en Ver Más.


viernes, 26 de octubre de 2012

La alegría de la tranquilidad



A fines del año pasado, el New York Times publicó una columna titulada "The Joy of Quiet" en la que el escritor y ensayista Pico Iyer reflexionaba sobre un mal de nuestro tiempo: la fobia a los espacios de serenidad y quietud... o simplemente a esa situación rara y a veces angustiante de no tener nada para hacer. Iyer incluía también algunas de sus tácticas personales para evitar caer en esa corriente de ansiedad que parece arrastrarnos a todos y hacernos más infelices en el proceso.

Sentí una gran identificación con el artículo y por eso decidí traducirlo. El resultado, a continuación: la única libertad que me tomé fue la inclusión de hipervínculos en caso de que alguien decida profundizar sobre algunos de los conceptos o personalidades mencionadas.


martes, 23 de octubre de 2012

La primera responsabilidad



Reflexiones sobre Una sociedad que no cuida a sus hijos, artículo de Fernanda Sández publicado hoy en La Nación.

Me gustó esta columna por lo dura, por la cantidad de verdades incómodas que pone sobre la mesa sin rodeos aunque sean obvias, por el lenguaje llano y directo. El tema es la desprotección infantil, pero no se queda sólo en denuncias externas. Va también al rol fundamental que juegan los padres, incluidos los trucos / autoengaños a los que recurren para no jugarlo. Y eso yo lo entiendo como punto de partida y consecuencia a la vez de una disfunción social: un orden ficticio e impracticable que exige tanto como limita; un "loop" de conductas y neurosis hereditarias.

Pero es que nuestra sociedad/cultura de hoy no ha evolucionado teniendo en cuenta a niños ni ancianos. "No Country for Old or Very Young Men". El sector adolescente está más atendido, pero sólo en apariencia: importa en tanto y en cuanto consuma productos o ideologías, que por supuesto son una misma cosa. No en vano veo una presión clara hacia una adolescencia arquetípica que se ejerce, a través de gustos y lenguaje seleccionado, tanto sobre adultos como sobre niños; el uno gana SMS gratis en su celular si llama a futuros clientes en el Día del Amigo, el otro debe tironearle de la manga al padre para tener su teléfono de la promoción Mi Primer Claro.

Para cuando el niño se ha transformado en un pequeño demonio de Tasmania que sólo piensa en su próximo "high" consumista -el próximo juego, Serenito, paquete de Club Penguin o video de Youtube-  ya hay un daño hecho. Pero primero tuvo que pasar por los padres, por lo menos aquellos que han aceptado a pies juntillas nociones externas (o peor, diseñadas) de normalidad sin mirar al niño y su desarrollo. La ausencia de una dirección paterna tiende a derivar en todo tipo de calamidades que se dan la mano, yendo de lo anecdótico a lo trágico con una velocidad escalofriante: no puedo olvidar a los bebés "guardados" en los baños de República de Cromañón.

Pero hay más. La crianza de un ser humano es la actividad más importante que uno puede encarar, pero demanda energías acordes. Pienso que no tener esto en claro de antemano es una receta para el sufrimiento de las partes involucradas. Tendría que funcionar como recordatorio no sólo de las prioridades que deben reorganizarse, sino de la tolerancia hacia las propias flaquezas. Estamos inmersos, al fin y al cabo, en una cultura/sociedad que reacciona cada vez con más violencia hacia cualquier noción de sacrificio, aunque sea mínimo. Me es difícil disociar esto de la tendencia a la búsqueda de soluciones instantáneas ante cualquier incomodidad, sea física o psicológica. Los tiempos naturales no son estos. Tal vez estas tendencias sean efectos secundarios negativos de la civilización, del delivery y del control remoto, que terminan transformándose en expectativas condicionadas. Pero si tenemos una sola oportunidad para observarnos, para practicar el estoicismo y la justipreciación de lo que es realmente importante, apliquémosla a observar y guiar a nuestros niños, y acomodemos nuestras conductas, hábitos y actividades en consecuencia; no al revés. Ellos son los primeros inocentes, los depositarios de nuestra historia, y al fin y al cabo no nos pidieron venir al mundo. 


viernes, 21 de septiembre de 2012

La ciencia de la gratitud




"¿Se siente agradecido? Escríbalo. Piénselo. Háblelo. Es hora de agradecer, y no sólo podrá entonces esparcir esas vibraciones positivas entre los que lo rodean, sino que encima su salud mejorará."

Un artículo publicado en ABC News resalta la importancia de la gratitud en la vida de todos los días. No sólo por el beneficio sobre nuestras actitudes, ansiedades y relaciones, sino como disparadora de patrones neuronales positivos que pueden tener un impacto directo en nuestro bienestar físico.

En este link de Google Drive (ex Google Docs) encontrarán una traducción personal del artículo, de dos páginas, listo para leer en español.

Incluye un pequeño ejercicio diario para realizar antes de dormir. 



Vía:  abcNews.com