"The time has come," the Walrus said, "To talk of many things: Of shoes—and ships—and sealing-wax— Of cabbages—and kings— And why the sea is boiling hot— And whether pigs have wings."
lunes, 16 de febrero de 2015
Cuestión de escala
Muchos encuentran incómoda la idea de que la política es una adicción culpable. Pero lo es. Los políticos son adictos, y son culpables, y mienten y engañan y roban; como todos los yonquis. Y cuando sufren una crisis, son capaces de sacrificar lo que sea y a cualquiera para alimentar su hábito estúpido y cruel, que no tiene cura. Así es el pensamiento adictivo. Así es la política, especialmente durante campañas presidenciales. Es entonces cuando los adictos buscan capturar puntos estratégicos. No les importa nada más. Son salmones, y deben desovar. Son adictos".
-- Hunter S. Thompson (1937-2005)
Hunter Thompson fue, entre otras cosas, el creador del periodismo "gonzo", o lo que dio en llamarse el New Journalism. Despreciaba la objetividad periodística y la calificaba como una "contradicción pomposa"; sin embargo pienso que su versión de lo que es un político y lo que es la motivación política se nutre, paradójicamente, de una mirada tan objetiva como descarnada sobre un mecanismo ordinario. Y también de su propia experiencia: él mismo se definía como un yonqui político.
Ciertamente no hay razón para pensar que la política se mantiene al margen a las fuerzas que condicionan toda actividad humana. Al menos mientras la sigan ejerciendo hombres y mujeres. Pero dar el siguiente paso, enfocarla abiertamente desde el lado de la compulsión, puede explicar muchas actitudes, expresiones, situaciones y hasta tuits de la así llamada política local(*), que para muchos de nosotros son absolutamente inexplicables al entendimiento, por no hablar del feedback alarmado —luces, banderas rojas y todo— que recibimos de aquello que llamamos sensibilidad.
Cerca del final de Duro de Matar, un Bruce Willis perplejo descubre que aquellos terroristas que habían tomado el edificio a sangre y fuego, envueltos en demandas políticas, terminaban siendo criminales comunes en busca de la caja fuerte.
Tomemos la afición de muchos políticos por envolverse en causas y retórica, que en un sistema funcional serían a todas luces innecesarias. En vista de la experiencia local, me parece razonable atribuirles una intención de malignidad directamente proporcional a la virtud de las consignas declamadas, sobre todo si la arenga involucra alguna mención a la "historia", o peor aún, cómo entrar en ella.
Pero por supuesto que "malignidad" es en sí una palabra cargada que sólo tiene sentido si se mide contra un conjunto consensuado de parámetros que se sostienen sobre la noción del libre albedrío. Y aunque a los culpables les asignemos una agencia, aunque cada gesto sobrador aturda, aunque la perversidad indigne, conviene recordar la lectura de Thompson.
Si el poder corrompe, no está claro. Tal vez simplemente subraya vicios preexistentes y permite que se desarrollen con libertad y mejores herramientas. Pienso que conviene alejarnos del producto acabado, que puede ser irreversible, y acercar las miras a las raíces.
Pues aunque no todos nos dediquemos al crimen desde la política, y no soñemos con quedarnos con un centavo ajeno, todos podremos reconocer en nuestra psique una parte no examinada y poco agradable, que nada corriente arriba para desovar, en forma mecánica, buscando su próximo fix. Tal vez en comparación con los hechos que nos sacuden a diario sea una insignificancia. Pero el hábito es el que pavimenta cada viaje de ida, y le agrega cada vez más carriles.
(*) Uso la palabra "política" en un sentido muy flexible cuando me refiero a la local. La política exige una dinámica de relaciones fluidas sobre una mínima base de entendimiento. No puede existir cuando se interpone un quiste impenetrable; sea ideológico, religioso o militar. Órdenes verticales, militancias fanáticas, "lealtades" y aprobaciones a libro cerrado, todas desarrolladas abiertamente y a plena luz del día: en este contexto la política sólo puede ser una pantalla; una coreografía, una puesta en escena más.
jueves, 22 de enero de 2015
Zeitgeist, según Yeats
La Segunda Venida
Girando y girando en espirales crecientes
El halcón ya no escucha al halconero;
Las cosas se derrumban; el centro no resiste;
Pura anarquía se desata sobre el mundo,
Rebosa la marea, turbia de sangre, y por doquier
Ahoga la ceremonia de la inocencia;
Los mejores carecen de toda convicción, y los peores
Están llenos de intensidad apasionada.
Alguna revelación debe de estar cerca,
La Segunda Venida debe de estar cerca.
¡La Segunda Venida! Apenas pronunciadas las palabras
Una vasta imagen del Spiritus Mundi
Empaña mi visión: un páramo de arena desierta;
Una silueta con cuerpo de león y la cabeza de un hombre,
De mirada vacía e inmisericorde, como la del sol,
Mueve sus lentos muslos, y a su paso aletean
Las indignadas sombras de las aves del desierto.
Cae la oscuridad una vez más, pero ahora sé
Que la cuna al mecerse irritó veinte siglos
De sueño pétreo, que despertó pesadilla,
Y ¿qué extraña bestia, llegada su hora al fin,
Se arrastra lenta hacia Belén, para nacer?
===============================================
THE SECOND COMING
Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.
Surely some revelation is at hand;
Surely the Second Coming is at hand.
The Second Coming! Hardly are those words out
When a vast image out of Spiritus Mundi
Troubles my sight: a waste of desert sand;
A shape with lion body and the head of a man,
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it
Wind shadows of the indignant desert birds.
The darkness drops again but now I know
That twenty centuries of stony sleep
Were vexed to nightmare by a rocking cradle,
And what rough beast, its hour come round at last,
Slouches towards Bethlehem to be born?
Girando y girando en espirales crecientes
El halcón ya no escucha al halconero;
Las cosas se derrumban; el centro no resiste;
Pura anarquía se desata sobre el mundo,
Rebosa la marea, turbia de sangre, y por doquier
Ahoga la ceremonia de la inocencia;
Los mejores carecen de toda convicción, y los peores
Están llenos de intensidad apasionada.
Alguna revelación debe de estar cerca,
La Segunda Venida debe de estar cerca.
¡La Segunda Venida! Apenas pronunciadas las palabras
Una vasta imagen del Spiritus Mundi
Empaña mi visión: un páramo de arena desierta;
Una silueta con cuerpo de león y la cabeza de un hombre,
De mirada vacía e inmisericorde, como la del sol,
Mueve sus lentos muslos, y a su paso aletean
Las indignadas sombras de las aves del desierto.
Cae la oscuridad una vez más, pero ahora sé
Que la cuna al mecerse irritó veinte siglos
De sueño pétreo, que despertó pesadilla,
Y ¿qué extraña bestia, llegada su hora al fin,
Se arrastra lenta hacia Belén, para nacer?
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THE SECOND COMING
Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.
Surely some revelation is at hand;
Surely the Second Coming is at hand.
The Second Coming! Hardly are those words out
When a vast image out of Spiritus Mundi
Troubles my sight: a waste of desert sand;
A shape with lion body and the head of a man,
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it
Wind shadows of the indignant desert birds.
The darkness drops again but now I know
That twenty centuries of stony sleep
Were vexed to nightmare by a rocking cradle,
And what rough beast, its hour come round at last,
Slouches towards Bethlehem to be born?
William Butler Yeats (1865-1939)
jueves, 27 de noviembre de 2014
Netflixeando: Yo Soy (2011)
Asomándome así al mundo de los ricos y famosos, leí una nota donde se afirmaba que Julio Iglesias era dueño de varias propiedades repartidas por el mundo, todas ellas valuadas en pequeñas fortunas. Según el artículo, algunas de estas moradas internacionales apenas habían sido visitadas, mientras que en otras el cantante nunca había puesto un pie.
Recuerdo que la idea me produjo una cierta tristeza. Me imaginé aquellas mansiones inmóviles, esas decenas de habitaciones vacías empolvándose en silencio, alumbradas tal vez con la presencia del cuidador ocasional, pero sin oportunidad de cobijar alguna memoria pasional o siquiera algún fantasma modesto.
La noticia me produjo eso y, por supuesto, la misma perplejidad que aún hoy siento ante noticias similares, que tiene que ver con el eterno tema de la motivación. ¿Por qué? ¿Para qué?
Tom Shadyac es el nombre del director de varias comedias protagonizadas por Jim Carrey: Ace Ventura: Detective de Mascotas (Ace Ventura: Pet Detective, 1994), Mentiroso Mentiroso (Liar Liar, 1997), Todopoderoso (Bruce Almighty, 2003), entre otras. Y como él mismo cuenta en su documental semibiográfico Yo Soy (I Am, 2011), tras conocer el éxito en Hollywood comenzó a llevar un estilo de vida similar al de Iglesias.
Sus películas recaudaban millones. Iba de fiesta en fiesta y se codeaba con el jet-set de la industria del entretenimiento. Solía ir de "shopping", pero no en busca de ropa o juguetes caros, sino de casas lujosas. No se mencionan detalles más escabrosos, si los hubo, pero su existencia seguía en general el molde de las del resto de las estrellas terrenales, quienes suelen cumplir puntillosamente aquel mandato implícito que indica que, cuanto más grande es la mochila, más hay que llenarla.
Pocos años después, sin embargo, llegaría para Shadyac un momento bisagra. Se hallaba solo en el vestíbulo del nuevo palacete que acababa de comprar, todavía entre los bultos que había dejado el camión de la mudanza, cuando se percató de algo muy simple, pero también muy inquietante.
Descubrió que no se sentía feliz.
En rigor, el momento bisagra había ocurrido antes, en 2007, cuando un accidente de ciclismo lo había enviado al hospital con una conmoción cerebral, hipersensibilizado, postrado y con pronóstico incierto. Tras meses de infierno, eventualmente Shadyac se enfrentó a la realidad y la inmediatez de la muerte. Y de pronto, un día, los síntomas comenzaron a ceder. Pero así como cuando se repliega la marea la arena que queda ya no es la misma, el exitoso y despreocupado director de Hollywood ya había cambiado.
La experiencia pareció apartar un velo intuido pero ignorado, y también disparó un par de preguntas que hasta entonces habían quedado sumergidas en las piscinas de las bacanales californianas y ahora apremiaban por algún motivo. En particular:
¿Cuánto es demasiado?
O también, ¿cómo se relaciona la pulsión de poseer con la de aventajar y diferenciarnos del resto? Es decir: ¿cómo se relaciona la pulsión del consumo con la construcción de una identidad individual?
Shadyac analiza brevemente estas preguntas, conectándolas con la ubicuidad de la competencia y la constante búsqueda del éxito o el reconocimiento en todos los planos, pero enseguida las deja en el aire y arremete con la cuestión central que lo desvela:
¿Cómo se arregla el mundo?
La parte más extensa del documental se dedica a encontrar una respuesta convincente a esta pregunta. Para ello, el director recurre a varias personalidades de la ciencia, la literatura y la intelectualidad, quienes en un marco descontracturado e intimista (no puede faltar el humor, especialmente la parte en que tipos como Noam Chomsky deben responder si han visto Ace Ventura), van delineando la tesis: la respuesta a la supervivencia de nuestra especie está en nuestra capacidad innata para la colaboración y la empatía.
Los argumentos presentados van desde la poesía a la psicología y la biología. En una ecléctica sucesión de imágenes y conceptos, veloces pero prolijamente editados, desfilan Rumi, Einstein y el Dalai Lama. Todos ellos señalan la necesidad de rescatar la esencial función social humana de ese grillete individualista que confina a la especie, sobre todo desde la visión de las ciencias duras, a una competencia feroz por la supremacía gobernada por nuestros mismos genes y, por lo tanto, inevitable.
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| Tom Shadyac entrevistando a Desmond Tutu, figura del anti-apartheid. "¿Ha visto 'Ace Ventura'?" |
De hecho, en el tercer acto la película parece apoyarse en el rescate de nuestros "better angels", al decir de Steven Pinker, subrayando el valor del activismo pacífico mediante figuras más convencionales y concretas como Martin Luther King, Gandhi y el hombre de Tiananmen. Pero si la respuesta a los males del mundo decepciona un poco por lo simplista o trillada, la película preserva una veta mucho más rica que merece destacarse. Porque no olvida la pregunta inicial de Shadyac, la que lo empujó en definitiva a ampliar sus miras y a considerar a la humanidad en su conjunto.
¿Cuánto es demasiado?
¿Por qué volvemos a esto, por qué vuelve Shadyac? Parecería más importante lo otro, ver cómo se arregla el mundo, buscar una teoría unificada que explique todos los males de la humanidad como derivados de un rasgo o factor. ¿No sería maravilloso? Si pudiéramos identificar ese maldito interruptor, sólo restaría aprender cómo activarlo.
Y todos podemos ensayar respuestas, que aunque puedan ser coincidentes, contrapuestas o mixtas, casi con seguridad involucrarán cambios que deberán realizar esa vaga mezcla de estereotipos, atajos y prejuicios a medio cocinar que llamamos "los demás" y que, por tanto, están fuera de nuestro control.
Hay una razón, pienso, para que Shadyac haga hincapié ese momento crucial en que pudo verse "desde afuera" como actor en una comedia con un guión preestablecido de la que, paradójicamente, él no era el director.
El descubrimiento de que uno no está en control suele ser devastador. Puede dar por tierra con una vida entera. Quizá por eso muchos reaccionan aferrándose aún más a su solución o modelo, y terminan convenciéndose de que los cambios deben imponerse en forma mecánica, es decir por la fuerza. Más allá de esta frontera nos espera el laberinto de las locuras revolucionarias, el fundamentalismo religioso, los regímenes totalitarios y las masacres étnicas. Afortunadamente Shadyac no sugiere avanzar por ahí.
De hecho, lo notable es cuán cerca de casa elige quedarse. Sobre el final del documental, nos cuenta un poco más de su vida actual y del progreso de su nuevo camino, y es allí donde se puede ver hasta qué profundidad caló ese desplazamiento de percepción. Vendió su mansión de Los Angeles y el grueso de sus posesiones, abrió un hogar para homeless y se mudó a un barrio de casas rodantes. Desde allí planeó esta película y un libro sobre sus experiencias en la nueva senda.
Imagino que el hombre aún así tiene para vivir cómodamente el resto de sus días, pero este nunca fue, para mí, el punto, ni los ricos son el problema real. La claridad que le permitió a Shadyac una crisis inesperada también le permitió hacer lo que muy pocos en su posición harían, o siquiera considerarían: cambiar su propio estilo de vida. En mi opinión, el hecho de tener una cuenta bancaria abultada lo hace incluso más raro y admirable.
En última instancia, el trabajo de Shadyac elude los devaneos teóricos y los sermones, toma la punta del ovillo, y ofrece una respuesta pragmática. Puede que éste sea su mayor valor. Es un documental ligero y a la vez extraordinario, que entiende que las preguntas "¿cuánto es demasiado?" y "¿cómo se arregla el mundo?" están sutil pero inextricablemente ligadas.
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martes, 30 de septiembre de 2014
Biró recargado
La pelirroja de arriba es una modelo rusa.
Bonita, ¿verdad?
Pero tal vez algunos hayan notado algo particular en la imagen. Se trata, de hecho, de una ilustración. La que sigue es la fotografía original:
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| Foto: Kristina Tararina |
A buscar las diferencias. Tengo cierta debilidad por el realismo (en aquel libro de pinturas de Tolkien que extravié y añoro, mis favoritas eran las de Ted Nasmith), pero en este caso hay una vuelta de tuerca sorprendente, que tiene que ver con la técnica utilizada por el autor.
Biromes.
Sí, biromes, bolígrafos, biromes lisas, llanas, cotidianas, biromes BIC, por más señas. Concretamente, biromes en ocho colores (amarillo, naranja, magenta, verde claro, celeste, azul, rosa y púrpura) + negro.
El artista se llama Samuel Silva, un portugués de 30 años. La misma cantidad de horas invirtió en el retrato de la modelo, creado trazo a trazo. Para resolver los colores intermedios, utilizó una técnica de sombreado conocida como crosshatching, que logra engañar el ojo mediante la combinación aditiva de líneas –en forma similar a los semitonos de los periódicos– y resulta en la exhuberancia cromática que se puede apreciar a simple vista. Todo con 8 BICs.
Las creaciones de Silva llamaron la atención cuando aparecieron en el popular sitio DeviantArt, y rápidamente recorrieron el mundo. Silva vive en el Reino Unido, es abogado, y realiza sus increíbles ilustraciones como hobby.
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| Tigre realizado en birome, tamaño aprox. A4. Fuente: http://vianaarts.deviantart.com/art/Tiger-Bic-Ballpoint-Pen-287179252 |
El saber popular señala a la birome como un invento argentino. Esto es verdad sólo si consideramos dónde se comenzaron a fabricar los primeros bolígrafos. El inventor de la birome no era argentino sino un húngaro llamado László Bíró, quien se radicó en la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial y se quedó aquí hasta su muerte en 1985.
"Birome" era el nombre comercial del producto lanzado en 1943 (un apócope entre el apellido de su creador y el de su socio, Juan Jorge Meyne), aunque en aquel entonces, antes de convertirse en una de las más famosas marcas vulgarizadas de nuestro país, se la conocía como esferográfica.
En el mismo año Biró vendió una licencia a la compañía estadounidense Eversharp. Más pedidos y problemas de patentes con los norteamericanos resultaron en la creación de una heredera famosa, la Paper Mate. La BIC, por otro lado, le debe su nombre a Marcel Bich, un francés que adquirió la licencia de Biró en 1950 y se puso a producir sus propias biromes con tecnología suiza. Aquellos modernos bolígrafos BIC son los mismos que hoy se pueden adquirir en cualquier papelería.
Biró, entretanto, tuvo problemas financieros y terminó trabajando como socio en una firma que producía una nueva versión de su propio invento. La marca era Sylvapen, nombre que me imagino traerá recuerdos instantáneos entre los lectores de cierta edad.
Más increíbles dibujos de Samuel Silva en su página de DeviantArt.
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Ver para creer
jueves, 21 de agosto de 2014
Elizabeth Gilbert y la (mala) costumbre de no pedir
(Traducción del artículo The First Step to Long-Lasting Happiness publicado originalmente en http://www.oprah.com/spirit/
Una mañana de 1993, entré en las oficinas de una famosa revista neoyorquina para solicitar trabajo como escritora. No había concertado una cita, no contaba con experiencia previa, y no tenía ni un solo artículo publicado a mi nombre. Pero había experimentado una revelación: que nadie iba a llamar nunca a mi puerta diciendo "Nos informaron que aquí vive una escritora talentosa y queremos ayudarla con su profesión". No. Yo era la que tendría que salir a llamar a puertas ajenas.
Así que eso hice. Simplemente entré directamente de la calle y pedí que me contrataran como periodista. ¿Y adivinen qué? ¡No funcionó! (Por supuesto que no funcionó... no eran tontos, y yo no tenía ninguna cualificación; ¿cómo creen que funciona el mundo, gente?). A pesar de eso, todavía recuerdo ese momento como uno de los más importantes de mi vida, porque ciertamente fue el más audaz. Cuando volví a casa ese día, seguía sin un peso y sin reconocimiento alguno, pero al menos sabía que era valiente. No tendría que sufrir la angustia de saber que no lo había intentado.
Hace casi 800 años, el poeta-místico persa Rumi escribió: "Debes pedir aquello que realmente quieres obtener". Él veía el acto de pedir como un deber sagrado, y creo que tenía razón. No porque tus deseos te serán concedidos en forma automática (eso no ocurrirá), sino porque el mero hecho de decir en voz alta "Esto es quien soy y por lo que he venido" parece despertar una poderosa fuerza interna. Al articular tu deseo, estás anunciando que tus intenciones de concretar el próximo gran evento en tu vida son absolutamente serias.
El obstáculo, por supuesto, es que pedir aquello que realmente quieres –sea un trabajo como escritor/a o un descuento en los neumáticos de tu auto– puede ser difícil. Especialmente para las mujeres. En primer lugar, debes saber exactamente lo que quieres, lo cual puede ser un problema si fuiste educada para complacer a otros. En segundo lugar, debes estar convencida de que eso que quieres vale la pena; de nuevo, una tarea complicada para aquellas mujeres que han recibido una capacitación extensa en las oscuras artes del menosprecio personal. En tercer lugar, debes enfrentar la posibilidad del rechazo. Esa es la peor parte. A las mujeres no nos gusta que nos rechacen (ya tenemos bastante de eso en nuestras vidas personales), así que, como abogados en un juicio, solemos hacer sólo aquellas preguntas para las cuales ya conocemos las respuestas. Es decir: cero riesgo. Lo que a su vez quiere decir: cero recompensa.
Lo divertido del caso es que el rechazo no es realmente tan malo. Esto es algo que pienso que los hombres siempre han comprendido: que un fracaso glorioso puede ser a veces más gratificante en la vida que un éxito prudente. Esta es la razón por la que los hombres están siempre pidiendo cosas que pueden no merecer, o que no están totalmente preparados para manejar. Tampoco digo esto como un insulto a los hombres, de hecho me gustaría que más mujeres hicieran lo mismo. Porque a veces obtienes un sí, e incluso si no estabas preparada para ese sí, te pones a la altura. No estás lista, y de pronto lo estás. Es irracional, pero es mágico.
No puedo decirte exactamente cómo pedir las cosas. No es mi área de conocimiento, y hay demasiadas variables a tener en cuenta. A veces debes ser gentil y encantadora; otras veces tienes que ser descarada e intrépida. Pero en términos generales, es una fórmula sorprendentemente simple: no des más vueltas y pídelo. Porque el hecho esencial es que pedir es la mejor forma –la única forma, en realidad– de obtener lo que quieres.
Via | Oprah.com
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miércoles, 30 de julio de 2014
Harry Dean Stanton y la nada
Harry Dean Stanton es uno de esos actores que no convocan exactamente multitudes ni abultan taquillas por sí mismos. Pero también es de esos que suelen aportar categoría automática a una película con su sola presencia. No importa si se trata de bodrios clase B, ni cuán importante sea el rol que les toca jugar. Stanton tiende a marcar una impresión tan indeleble como sus aparentemente eternas arrugas.
Siempre me lo confundo con su contraparte británica en varios sentidos, John Hurt. Quizá sea que ambos comparten esa mezcla poco usual de talento perdurable y look cotidiano, transitado, o "weather beaten", como dicen por ahí. O porque ambos fueron parte de ese fogonazo irrepetible que fue Alien (1979), donde pudieron brillar en su papel de trabajadores mundanos transportados a una pesadilla futurista. Un guante de seda para el aire de Hombre Común que destilan ambos en la pantalla con una facilidad que engaña.
Volviendo a Harry Dean Stanton, que ya tiene 88 años. La famosa revista estadounidense Esquire lo entrevistó en 2008 y produjo un artículo inusual que se limita a enumerar una serie de reflexiones del actor. Astutamente se nos oculta el hilo conductor que las motivó, aunque no debe ser muy difícil de reconstruir. Tal vez el periodista sintió que toda pregunta era superflua; tal vez supuso que las frases lo decían todo.
Lo cierto es que Stanton demuestra estar a la altura de su estatus de culto y de su propio rostro curtido. Sus comentarios reflejan varios viajes internos.
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(Extracto)
Iglesias. Católicos. Judíos. Cristianos. Protestantes. Mormones. Musulmanes. Cienciólogos. Todos ellos son macrocosmos del ego. Cuando el hombre empezó a pensar que era una persona separada, con un alma separada, creó una situación violenta.
Todos quieren una respuesta. Creo que fue Gertrude Stein quien escribió: "No hay una respuesta, nunca hubo una respuesta, nunca habrá una respuesta. Esa es la respuesta". Es difícil de tragar, pero es la verdad última.
Estábamos haciendo la película A través del huracán (Ride in the Whirlwind, 1966) y Jack vino y me dijo "Harry, tengo este personaje para ti. Su nombre es Blind Dick Reilly y es el líder de la pandilla. Tiene un parche en el ojo y usa un bombín". Y después me dijo: "Pero no quiero que hagas nada. Deja que sea el vestuario del personaje el que actúe". Quiso decir: sólo actúa como tú mismo. Hago las cosas así desde entonces.
La percepción directa es su propia acción.
No sabes lo que vas a decir o pensar dentro de diez segundos. ¿Quién está al mando, entonces?
Yo también me gano la vida haciendo preguntas. Al actuar, haces preguntas.
No hay una respuesta a la pregunta de qué era lo que convertía a Paul Newman en un gran actor.
No, no tengo curiosidad sobre nada. Simplemente dejo que todo suceda.
No hay una respuesta para la existencia del estado de Kentucky. Nuevamente, estás buscando una respuesta y no hay ninguna.
Sólo me alimento para poder fumar y mantenerme vivo.
Los Diez Mandamientos. ¿Qué es eso? Eso es lo que hacen en el Ejército, darte órdenes. ¿"No matarás"? E inmediatamente nos dedicamos a matarnos; en masa.
La mayoría de la gente no habla de ello, a medida que envejece. Pero el impulso sexual cede. Ya no te motiva.
Me encantaría conocer a Gandhi. Y a Cristo. Estoy seguro de que sería un tipo interesante. Y muy distinto de lo que piensa mucha gente.
El vacío, la nada, son conceptos aterradores para la mayoría de las personas en este planeta. Yo mismo a veces sufro ataques de ansiedad. Conozco el miedo a ese vacío. Debes aprender a morir antes de morir. Te rindes, te abandonas al vacío, a la nada.
Ah sí, con Marlon hablábamos todo el tiempo de estas cosas. Una vez, por teléfono, me preguntó: "¿Qué piensas de mí?" Y yo le dije: "Creo que no eres nada". Y él "¡JAJAJA!"
¿Si hay una manera interesante de morir? ¿A quién mierda le importa? Ya estás muerto de todas formas.
Lo único que me da miedo es no saber cuánto tiempo va a continuar la consciencia después de que el cuerpo muera. Sólo espero no encontrar nada. Como era todo antes de que naciera.
¿Has entrevistado a alguien más que hable de estas cosas?
Espera, tengo que atender esta llamada. "Hey, hermano. Sí, fantástico. Sí, me está entrevistando un tipo de Esquire. Estamos hablando sobre nada. A esta altura ya lo tengo bastante empapado en nada. Ha dejado de hacerme preguntas".
Entrevista de Cal Fussman
Via | Esquire
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viernes, 18 de julio de 2014
Música de viernes: So geh'n die Gauchos
Atrás ha quedado un nuevo mundial de fútbol, y tengo que decir que estuvo entre los más entretenidos que recuerde. Muchas sorpresas, gran despliegue de habilidad en el campo, muchos momentos de tensión notable y definiciones de último minuto, y algunos resultados absolutamente shockeantes, con grandes potencias eliminadas de inmediato y equipos menores con sed de victoria; todos fueron elementos de una copa memorable que siguió cumpliendo y ofreciendo emoción hasta el partido final.
Otra cosa es cómo se vivió desde este rincón del mundo, y ahí aparecen las figuritas de siempre, que no por ser repetidas son más felices. El entusiasta básico local (i.e., no el fanático) tuvo que tolerar el show biz acostumbrado, hoy con la venia de haberse convertido en prioridad de Estado. Fue un mes ininterrumpido de parafernalia chauvinista, práctica sistemática de argumenta ad populum y pensamiento mágico y celebración desembozada de valores tribales, todo desfilando sin parar, 24/7 y con el dial clavado en "11" por cuanto medio de comunicación ha sido creado por la criatura humana, que hoy son muchos.
Ahí estaban Gillette y Claro en cada pausa de Youtube, apuntalando con voz cálida y cortina musical de crescendo épico las escenas en cámara lenta de fans en pleno rapto de euforia y/o llanto desconsolado, o de chiquitos agitando banderas -siempre una imagen conmovedora-, y explicándonos cómo el fútbol, entre otras sorprendentes cualidades terapéuticas, nos hace "mejores argentinos". Una afirmación un tanto extraña, pero cuando uno está inmerso en plena coprofagia acrítica inducida por marcas y corporaciones millonarias, ¿quién va a detenerse en mezquindades semánticas?
Además pasa en todo el mundo. Hasta aquí, eso.
Pero tal vez el residuo más tangible de este bombardeo incansable haya sido una cancioncita insidiosa dirigida a nuestros vecinos brasileros, que nació aparentemente como uno de esos salmos de cancha con melodía pop prestada y que terminó saltando a una fama fulminante. Empezó a salir hasta en la sopa Knorr. La cantaban chicos y gente grande, por poner un adjetivo. Y se hizo tan y tan popular que se convirtió en desafortunado himno de la copa 2014. Tanto fue así que hasta los granaderos se le animaron, por si los creativos de las agencias y los otros "creativos" detrás del pibe que nunca ganó un Mundial y su abuelo pornográfico no hubieran reforzado lo suficiente esa idea de patria=fútbol como lubricante, siempre increíblemente efectivo, para vender productos caros o ideas baratas.
Pero la suerte del cántico lo selló, por sobre todas las cosas, el ingrediente infaltable de tantas de nuestras producciones populares: la viveza criolla y la gastada. Una inocentada no habría pasado a mayores. Fue ese rasgo que nos hace tan adorables y, sobre todo, tan confiables cuando se trata de golpearse el pecho por el motivo que fuere, mucho más representativo que los paños coloreados. Ese rasgo que se brinda con tanta generosidad en un sentido unidireccional, pero que se rechaza con desprecio e ira cuando algún insolente pretende una devolución. ¿Qué quieren, loco? Hay que ser buenos en algo.
Los muchachos respondieron al llamado del mantra con presteza inusual, y en esa sí que le doy la razón a las hagiografías futboleras que destacan los beneficios para la unión del clan: ancianos y niñitos, vírgenes futbolísticos o barrabravas, oficialistas y opositores, se prendieron absolutamente todos.
Convendrá tal vez marcar posición. Para mí, aún entendiendo y aceptando de buena gana esta dramatización moderna, aún alentando a los 11 gladiadores que hoy pelean con pelota frente a nuestro coliseo virtual y agradeciendo -en el fuero íntimo- que estas cosas no se resuelvan ya sanguinariamente en la arena, el mayor gozo es descubrir que todo sigue siendo un juego. Por eso el deleite de las anécdotas que nos traen a tierra como, por ejemplo, enterarme de que Klose y Biglia, lejos del drama y la batalla, juegan tenis juntos todas las semanas. Por contrapunto, las líneas que dividen la realidad de la ficción y que inevitablemente se difuminarán frente al cóctel de pasiones e intereses económicos me generan una serie de cosas que van desde el desagrado al pavor, según se van revelando las distintas implicancias.
¿Qué pasa con la música, entonces? Pues que el popularísimo cantito de marras, como puntualmente reportaron los medios, se apropió de la melodía de ese temazo de Creedence, Bad Moon Rising. Y aunque el recuerdo de su versión futbolera me persiga ya de por vida, me parece que lo divertido, sobre todo en retrospectiva y viendo cómo terminó el Mundial, habría sido que alguno de sus cultores locales se hubiera detenido a examinar la letra del tema original, que terminó pisoteada bajo la xenofobia soft y de cabotaje; porque tal vez ese fan atento habría podido advertir una cualidad premonitoria detrás del tono apocalíptico. Che paren, ¿alguien entiende de qué habla? ¿No leyeron la quinta estrofa?
Hubiera estado bueno. Porque inevitablemente llegó el tiempo de la schadenfraude.
Unos días después de la derrota final, se armó un escandalete cuando un grupo de teutones demostró una insolencia doble: nos gastaron después de habernos ganado. Inaceptable. Eso no lo pueden hacer. Acá la gastada arranca desde mucho antes de ganar o siquiera competir; y se intensifica cuanto más sufre el rival a manos de otros. No sólo eso; participan políticos, jugadores, granaderos, medios grandes y pequeños, multitudes autoconvocadas. La gastada con nosotros es distinta, porque nos define. Es una expresión más de esa pasión de la que hablan las publicidades que tanta plata invierten para justamente definirnos.
(Paréntesis para una brillante escena de Community que en apenas 18 segundos recorre algunos de los clichés que los publicistas argentinos abrazan sin ironías a la vista).
Por eso el privilegio es unidireccional y nuestro. A nadie acá se le ocurriría aguar la fiesta con alguna mención de escrúpulos, prudencia, modales o tonterías por el estilo a lá Der Spiegel. ¿Cómo se va a poner la prensa en contra? Sería como tirarse contra el dulce de leche. Contra la pasión, el alma, la garra, etc. Y definitivamente no sería amar a Argentina o a la bandera. Sería, más bien, como que todo lo contrario.
Así planteado el asunto, es lógico que surjan defensores a la altura. Y no hablo de Garay, o Rojo. Como para dejar en claro la gravedad de la infracción, un famoso relator recientemente galardonado por su labor periodística respondió al agravio tildando a los insolentes, lisa y llanamente, de nazis. Así, se responde al límite cruzado con munición de igual tenor. No hay que ir con chiquitas cuando se jode con el fútbol, o lo que es lo mismo, la patria.
En suma, es muy posible que el fútbol, como dice Gillette, nos haga mejores argentinos. El tema es si nos hace mejores personas. Ahí el jurado todavía no volvió al recinto, pero cualquiera sea el veredicto seguro que el Mundial no tiene la culpa.
Bad Moon Rising
John C. Fogerty
I see the bad moon arising.
I see trouble on the way.
I see earthquakes and lightnin'.
I see those bad times today.
Don't go around tonight,
Well it's bound to take your life,
There's a bad moon on the rise.
I hear hurricanes a blowing.
I know the end is coming soon.
I fear rivers over flowing.
I hear the voice of rage and ruin.
Well don't go around tonight,
Well it's bound to take your life,
There's a bad moon on the rise.
Hope you got your things together.
Hope you are quite prepared to die.
Looks like we're in for nasty weather.
One eye is taken for an eye.
Well don't go around tonight,
Well it's bound to take your life,
There's a bad moon on the rise.
Don't come around tonight,
Well it's bound to take your life,
There's a bad moon on the rise.
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